Carta a la Hermandad

Querida Hermandad,

He aquí un cofrade de pié a cabesa, un capillita semanasantero y un hermano de la cofradía pa echá dos lágrimas. Tó hay que decirlo. Soy fiel a cada Semana Santa bendita de esta tierra y a cá visita que hago cuando pueo a mi imágene. “¡Guapa! Que ere má guapa, Mare Mía”. Pero el Cristo se lleva la palma. “Ay! Mi Cristo, mi Zeñó”. Pué, sí, mía que cuando pueo voy a echá un minuto con mi Virgen y con mi Cristo. Me santiguo mientras má mejó y ahí me queo mirándolos, empanao.

“Que no nos falte de na, que no que no” (dice una sevillana). Que nunca les falte esa visitilla. Algo es algo, ¿no? Cuando ves a los hermanos de una cofradía sevillana que llevan a sus hijos a ver las imágenes se te enternece el corazón porque si algo tienen los niños es que aprenden rápido y en Sevilla hay que lanzar besos a la Virgen y gritarle ¡Guapa! Pero ese corazón que se enternece con un niño se rompe en pedazos cuando ves a los mayores. No me refiero a niños mayores, sino a los adultos. Algunos que se dicen cofrades realmente lo son porque no entienden de otra cosa que no sea de las imágenes de su hermandad. Y es una pena. Entran en la Iglesia y se dirigen directamente a ver a su Cristo y a su Virgen. No son capaces de percibir nada más, aunque esté ese mismo Cristo de la imagen realmente presente en el Sagrario.

¿Contradictorio, no? Y me pregunto: ¿Qué harán saludando efusivamente a la imagen de un Cristo si Dios, si ese Cristo, si el mismo Jesucristo está en el Sagrario? Quizá no lo saben. Quizá su fe se ha quedado en las imágenes y no va más allá. Pero las imágenes son solo una representación de ese Dios y de su Madre; no son ni Dios ni la Virgen. No obstante, estar delante de una imagen puede ayudar a elevar el alma a Dios e invitarte a rezar, a pedir o a admirar la belleza. Las imágenes son como una fotografía. En la foto aparecen unas personas ahí plasmadas, que existen o existieron. De hecho, sería absurdo mirar una fotografía cuando tienes a ese ser querido a tu lado, a no ser que sea una foto de hace mucho tiempo o de la infancia. Entonces sería comprensible, por eso de recordar viejos tiempos y ver si se ha cambiado mucho o poco. Por tanto, si Dios suele estar al fondo en las Iglesias en una cajita de plata o en una capilla en el lateral, ¿me puedes explicar por qué solo te acercas a saludar a las imágenes?

Y qué voy a comentar de los que hacen la ruta turística por todas las imágenes de la parroquia: la Virgen, el Cristo, la monja, la santa, el santo. Y porque no cabe todo el santoral en el interior de la Iglesia del barrio, que si no, no hay tiempo suficiente para pedir. Una cosa es la devoción a una imagen determinada, a un santo concreto ya venga por tradición familiar o por cualquier otra razón y otra es la beatería. Si en el Sur tenemos fama de exagerados, pues con las imágenes qué os voy a contar que no veáis con vuestros propios ojos. Todas son pocas. Mientras más, mejor. En fin, que cada cual haga lo que le venga en gana, pero hay un refrán que viene como anillo al dedo: “A Dios rogando y con el mazo dando”. Más vale una visitilla que no ni entrar por las puertas de la Iglesia.

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