Endogamia

La endogamia es una actitud social de rechazo a la incorporación de miembros ajenos al propio grupo o institución. Por suerte o por desgracia, dependiendo del prisma por donde se mire, la mayoría de los sevillanos somos así. Lógicamente, habrá de todo pero, por lo general, Sevilla es una ciudad muy “echá pa’ lante”, pero muy suya. Esto tiene tanto su parte positiva como su parte negativa. La positiva es que sacamos las uñas y los dientes para defender lo nuestro, nuestras raíces, nuestras costumbres, por ejemplo, las procesiones, la feria de Abril, la historia de nuestra ciudad; y a ver quién tiene narices de quitarnos algo, de cambiar lo más mínimo o de criticar a esta ciudad porque, directamente, te la estás jugando. Si no, que se lo pregunten a los políticos. Todavía recuerdo la época en que saltó a debate en la opinión pública el tema de los crucifijos en las aulas y el Señor Alcalde -ya que estaba en boca de todos quitar a Dios del medio-, hizo ademán de plantear eliminar las procesiones de esta ciudad. Vamos, casi le crucifican. ¿A quién se le ocurre? ¿Quién es el alcalde para eliminar siglos de historia de esta ciudad? Tiene que ser realmente difícil gobernar Sevilla porque la gente, si algo tiene, es que no se calla. Cada vez que se va a modificar algo en la ciudad, por muy pequeño que sea, los sevillanos siempre tienen algo que decir. Si no les gusta, se echan al cuello de más de uno, y si están en contra, mueven Roma con Santiago y todo lo que haga falta para salirse con la suya. Mucho ánimo, Zoido, porque hay que estar metido de lleno y hasta el fondo en esta ciudad, vibrar con lo que vibramos y sentir con lo que sentimos para no fastidiarla. La parte negativa es que estamos tan encerrados en “lo nuestro” que cuando viene alguien de fuera a vivir a Sevilla, entre otras cosas, las pasa canutas, porque está más perdido que el barco de vapor; y no precisamente por el acento, sino porque siempre salimos por la tangente. No hay quien nos pille. En algunas ocasiones, he escuchado que a los sevillanos no se nos puede hablar de frente porque nos sienta fatal; es más, al minuto uno o te dejamos con la conversación en la boca mandándote a paseo, o te tachamos de borde. ¡Ojo! Y como un sevillano te encasille, prepárate para hacer las maletas y emigrar porque la voz corre como la pólvora (exagerando un poco). Se nos tiene que hablar con mano izquierda y con rodeos. De hecho, resulta llamativo cómo cuando alguien del norte de España conoce a un andaluz, al final siempre acaba concluyendo lo mismo: “Eres muy divertido, simpático, extrovertido y mil adjetivos más, pero en el fondo no te conozco, no sé quién eres, no sé cómo piensas”. En fin, como ya dije antes: no todos somos así. Somos un poco cerrados de mente para lo que no conocemos, por la sencilla razón de que no nos fiamos. Algo comprensible pero, al final, si uno no se abre, pues no está dispuesto a conocer y así nos podemos llevar toda la vida, como una pescadilla que se muerde la cola. Esa actitud de rechazar que alguien forme parte de tu grupo o institución puede reflejarse en dos ejemplos: dentro de tu grupo de amigos y en una empresa. Las pandillas en Sevilla normalmente están cerradas, es decir, siempre nos rodeamos de los mismos, de gente con la que tenemos algo en común: ser de la misma ciudad, estudiar lo mismo, tener unas ideas parecidas o llevar el mismo estilo de vida. No hay nada de malo en eso, todo lo contrario, uno tiene que ser amigo de sus amigos pero, el hecho de abrirnos a gente distinta de nosotros (sea de Sevilla o no) nos da la oportunidad de conocer a gente diferente, de ampliar horizontes, de aprender cosas nuevas, en definitiva, de ir más allá de lo conocido para descubrir nuevos paraísos intelectuales, profesionales, humanos y espirituales. Lo mismo en el caso de una empresa. Me llamó la atención cuando coincidí en una comida con el rector de la Universidad de Loyola, Gabriel Pérez Alcalá, que decía que el gran problema de la Universidad de Sevilla era la endogamia. Comentaba que ellos, actualmente, se encontraban contratando a personal docente para incorporarlos al próximo curso 2013 (año en el que comenzaría su andadura esta Universidad) y que optarían por ver los currículo más interesantes, sin importarles que fueran o no nacidos en Sevilla. Vino a decir que si tienes un currículum de un profesor formado en Harvard y al lado otro de uno formado en Sevilla, pues nos quedamos con el de Harvard, por la sencilla razón de que está más y mejor preparado que el otro, y lo que buscamos en nuestra Universidad es la calidad docente. A un sevillano lo contrataría siempre y cuando esté muy bien preparado, formado y con un currículum que destaque. Por ser sevillano no le vamos a contratar, porque ya estamos cansados de los enchufes. Muchas veces pienso, ahora que estamos en tiempos de crisis, que algunos de los que entregan currículos (no solo los jóvenes) están más preparados que muchos de los que están dentro de las empresas, pero como el currículum se lo entregas a una persona, cuando ésta le eche un ojo (si se da el caso), inmediatamente lo tira a la papelera, vaya a ser que le quites el puesto o entres en la empresa, le hagas la competencia y destaques más. Y esto es así. Aquí se funciona mucho por enchufe y lo de menos es que estés preparado para el puesto en cuestión; o al menos, son pocas las empresas en Sevilla que valoran que estés cualificado.

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