Comida pa tiesos

Comida pa tiesos

Os presento mi nuevo canal de Youtube: Comida pa tiesos (para los que no saben cocinar y para los que no tienen o quieren gastarse mucho dinero).

Se trata de un canal de comida casera, la cocina de siempre: tradicional, barata y fácil de hacer. Tiempo atrás no había tantos medios, la materia prima (ingredientes) era la que era y los platos estaban para chuparse los dedos. Sirvan estos vídeos como un guiño a nuestros maestros, especialmente a esas madres que tanto nos tienen que enseñar a una juventud que poco o nada se para a cocinar, pero bien se acuerda de la comida de su madre cuando se encuentra lejos del hogar. Como en casa, en ningún sitio. Un intento más de volver a la cocina de antaño, de la que tanto tenemos que aprender, al mismo tiempo que hacer perdurar por los siglos de los siglos. Esta riqueza de nuestros antepasados que ha ido de generación en generación no podemos permitir que se pierda.

Desde ya os podéis suscribir al canal. En él podréis encontrar un vídeo de lentejas y otro de arroz con pollo que os animo a visualizar, aunque sea por el hecho de ver otro modo diferente de hacer cocina, descubrir nuevos trucos o simplemente como diversión culinaria. Antes que nada aconsejo leer muy bien la descripción de cada vídeo, donde aparecen los ingredientes y algunos trucos. La idea es subir un vídeo por semana.

P.d. Si tenéis alguna duda durante la elaboración podéis consultarla en los comentarios; por otra parte, si hacéis algún plato no os olvidéis de compartir qué tal os ha salido y si os gusta el vídeo podéis darle a “me gusta” y también compartirlo con otros amigos que se puedan beneficiar de la comida y cocina pa tiesos.

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Videos caseros: Arroz con pollo

Tengo que decirlo: Me he aficionado a la cocina. Me he puesto manos a la obra no tanto en cocinar sino en aprender cómo cocinan otros, en este caso mi querida madre. Antes tomaba notas en un cuaderno -que lo tengo perdido por algún lugar de la casa- sobre los ingredientes de cada plato que elaboraba ella. Ahora he decidido poner fin a esas notas e inmortalizar ese paso a paso a través del video.

Los jóvenes no paramos en casa y salimos del paso siempre con cualquier comida, si es que se le puede llamar comida. Mi caso es todo lo contrario, tengo la suerte de poder parar y trabajar desde casa, y me he tomado en serio esto de aprender y dedicarle tiempo a la cocina, con la idea de sacar lo mejor de mi madre -que es la que me enseña cómo hacer cada plato y los trucos- y de mí -mostrando a todos los que queráis aprender comida fácil, barata y tradicional-.

El video es mi mejor recurso. Para ello utilizo mi iPhone 6 -no me hace falta más- y luego realizo un pequeño montaje no muy extenso, pero sí muy visual. No hay palabras, sólo música de fondo. Para aprender a cocinar hay que verlo y se aprende paso a paso siguiendo el video -que está de apoyo al aprendizaje-. Una vez que cocines el plato cinco veces ya sabrás como hacerlo, para entonces serás un experto. Como a día de hoy me considero principiante y pienso que hay muchos jóvenes como yo, pues qué mejor que lo vean con sus propios ojos.

Como tengo mala memoria, he querido que estos videos -el primero ya está colgado en Youtube y lo podéis ver arriba- me recuerden la cocina de mi madre, aquella que echamos tanto de menos cuando nos marchamos de casa y, al mismo tiempo, quiero que muchos jóvenes -y no tan jóvenes- aprendan a cocinar sano, rico, barato y con los ingredientes de siempre. Hogar, dulce hogar.

Dicen que nunca es tarde si la dicha es buena. Pues eso, quiero que la historia se repita, porque el día de mañana me tocará a mí enseñar a cocinar y qué fácil lo voy a tener con estos videos… Gracias, madre, por compartir tanto talento y por tener una profesión envidiable: ama de casa. Cuánto tengo que aprender todavía…

Dame un nombre

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Hay empresas y empresas. Una de ellas me llamó recientemente la atención porque jamás pensé que pudiera ofrecer un servicio semejante. Cuántas veces nos hemos encontrado con parejas que están esperando un hijo al que no saben cómo llamar. Se encuentran indecisos entre varios nombres, no existe un acuerdo entre los futuros padres de la criatura incluso antes de su nacimiento y algo tan personal e íntimo puede llegar a ser un verdadero quebradero de cabeza, cuando no de disgustos, porque sobre gustos no hay nada escrito.

Esta empresa que describo, Damenáme, ha tenido una idea brillante: ayudar a las parejas a poner nombre a su bebé. Para algunos será una idea excelente en cuanto a la creatividad se refiere, mientras que otros lo catalogarán de estupidez. Lo cierto es que habrá gente que acudirá a esta empresa especializada en naming para que les eche un nombre. Atrás se quedaron aquellos clásicos o los que iban de generación tras generación.

Ya ha nacido en España la primera niña que lleva un nombre propuesto por estos dos hermanos publicistas que fundaron la empresa. No todos tienen la capacidad o el talento de proponer un nombre para un bebé que lleve un poco de su papá y de su mamá, por no decir un poco también de su ciudad. Hablo de Eire, esta niña asturiana que lleva tanto del padre como de la madre la parte “re” de los apellidos de la niña (Álvarez Ares) y un poco de raíces celtas que comparte Asturias con otras regiones como Irlanda, donde el nombre significa gaélico, según los autores de la denominación. La relación entre Asturias e Irlanda que describen ambos creadores no la termino de entender porque gaélico significa un grupo de lenguas celtas insulares habladas en zonas de Irlanda y Escocia, que comprende el escocés, el irlandés y el manés.

De cualquier forma, a esta empresa no le va tan mal cuando en sus seis años de vida ha recibido más de 400 peticiones. De hecho, para realizar esta tarea con éxito les facilita recibir de los futuros papás los siguientes datos: primer apellido de los padres, sexo del futuro bebé, idioma de preferencia, una ecografía o cualquier otro dato que consideren importante. Lo que más intrigada me tiene es qué verán en la ecografía como para inspirarse…

El nombre acompaña a las personas durante toda su vida, a las empresas y a los productos también. Prueba de ellos son Carhay! -un concesionario donde venden vehículos de ocasión sorprendentes- o Cheeswaka Roll -un plato compuesto principalmente de queso y alga wakame-. ¿Alguien da más?

Michelle marca tendencias

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Michelle Obama es el foco de atención de americanos y del resto del mundo, algo que no pasa en otros países. La primera dama estadounidense tiene un papel fundamental en la política, hasta el punto de que no pasa inadvertida en su vestuario, que causa furor entre muchas mujeres que quieren imitarla al precio que sea. El último ha sido un vestido de color amarillo anaranjado de 2.000 dólares que lució anoche mientras su marido pronunciaba su último discurso sobre el Estado de la Unión. Las palabras de Barack Obama las debieron escuchar sus más fieles seguidores, ya que los ojos estaban puestos en su mujer, cuyo atuendo se agotó en las tiendas on-line incluso antes de que terminase de hablar el mismísimo Presidente de los Estados Unidos, que se dice pronto.

Hay que ver cómo influyen los famosos en la vida de las personas. Algunos adolescentes pueden verse reflejados en un futbolista, otras tienen por ídolo a un cantante, a modelos televisivos u otras artistas. Si supieran los famosos qué responsabilidad tienen de cara a la sociedad, donde muchos no descansan hasta que consiguen ser como ellos…

Primero, colocan en el punto de mira un aspecto concreto a imitar de la vida de sus referentes, siendo el aspecto corporal lo que más seguidores arrastra: desde un peinado hasta una forma de vestir. Después, van a por ello con todas sus fuerzas e incluso muchos asumen la personalidad de la persona en cuestión, dejando de ser ellos mismos. Cuántas veces de paseo por la calle hemos visto a un grupo de niños jugar al fútbol y cada vez que marcan un gol entonan el famoso grito (Siiii) que Cristiano Ronaldo pronunció tras ganar el Balón de Oro.

Si estos jóvenes fueran un poco más allá se darían cuenta de que los deportistas son modelos a imitar no por lo físico, que es lo de menos, sino por lo que significa la práctica deportiva: disciplina, constancia, esfuerzo, competitividad, entrenamiento, superación, vida sana, sociabilidad, etc.

Volviendo a Michelle Obama, más allá de convertirse en un icono del estilo, fue una destacada estudiante, tuvo una exitosa carrera como abogada, siempre trata de estar con sus hijas a pesar de sus muchos compromisos y, a través de los años, se ha mostrado cercana a la gente con una faceta muy relajada y divertida. Aspectos de su vida perfectamente imitables, más allá de un sensacional vestuario.

El cribado del cáncer

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Cribar es realizar un examen médico a un conjunto de personas para detectar una determinada enfermedad y descartar otras, según la RAE. Ahondando más en este término he hallado otra definición que dice lo siguiente: Uso periódico de determinadas exploraciones o pruebas en personas que no tienen síntomas de cáncer, pero que tienen alto riesgo de desarrollar determinados tipos de cáncer. Pues bien, el cribado del cáncer ha ofrecido expectativas de una detección más precoz, al menos así nos lo han vendido desde la comunidad científica y, de hecho, con frecuencia conduce a mayores tasas de curación. A simple vista parece que resulta beneficioso. Pues bien, ahora, un artículo que publica la revista ‘British Medical Journal’ recoge que el cribado del cáncer no ha demostrado que salva vidas.

Acto seguido cabe preguntarse: ¿Los profesionales sanitarios realizan más pruebas de las que debieran? ¿Realmente las biopsias de próstata reducen las muertes por cáncer de próstata? ¿Pueden las mamografías reducir las muertes por cáncer de mama? ¿O acaso estamos rayando el límite de sus beneficios para con los pacientes? Hay que estar bastante seguros para que los afectados puedan tomar una decisión informada. Imagino que, como todo, la detección precoz del cáncer también tiene sus limitaciones y hay que conocerlas. El tiempo lo dirá, de momento es preciso mejorar los niveles de evidencia científica. Sin duda, un primer paso es ya haberse cuestionado si se salvan vidas.

En mi opinión, hay pruebas innecesarias, dolorosas e invasivas. La medicina tiene que seguir evolucionando e innovando en pro de los pacientes. Está claro que un médico hace todo lo que está de su mano, pero antes debería preguntarse si esa acción es necesaria para ese paciente en concreto. Las masificaciones no son buenas, y menos en medicina. Habrá que intentar acertar en quiénes, de verdad, necesitan una biopsia o una mamografía. En ello está la medicina personalizada.

Negar una realidad

Con la noticia de la muerte de los dos espeólogos españoles en Marruecos se observa a la perfección quiénes aceptan la muerte de un ser querido y quiénes, por el contrario, reclaman responsabilidades a los gobiernos españoles y marroquíes sobre lo sucedido. Toda persona que practica un deporte de riesgo sabe a lo que se enfrenta. Se juega su vida hasta el punto de que quizá no vuelve para contarlo. Asume un riesgo porque así lo quiere, porque le produce cierta satisfacción ese deporte, le genera adrenalina, etc., de lo contrario se quedaría en su casa. Un placer que se puede volver en su contra por una mala caída, un cambio climático o cualquier otra circunstancia. ¿Para qué se metieron en ese terreno? Cuando se arriesga ocurren estas cosas. Pero se arriesgaron con conocimiento de causa. Sabían dónde se metían, las dificultades que entrañaba y aun así siguieron adelante. Es decisión voluntaria, libre. Lo hicieron porque quisieron, pero ponen en peligro no sólo sus vidas, sino las de sus acompañantes y, cuando ocurre algún problema, las del equipo de rescate. Estos sí que se juegan sus vidas a diario, fruto de la imprudencia e irresponsabilidad de algunos. E incluso después de todo lo descrito algunos compañeros de los espeólogos siguen reclamando responsabilidades. “Tardaron mucho tiempo en acceder a la zona… si los hubieran rescatado antes seguirían con vida… no han hecho absolutamente nada por estos españolitos de a pie… el gobierno español y marroquí han matado a José Antonio”. Palabras duras donde las haya. Seguro que ni los propios espeólogos pensaron antes su expedición que los medios de rescate de las autoridades marroquíes eran obsoletos y precarios, si les pasara algo. Sin embargo, sí que llevaban pensando en este viaje desde hacía un año, para el que habían contratado un guía y pasado los últimos meses preparando una hoja de ruta totalmente detallada. Qué fácil es echar la culpa a los demás, qué difícil asumir la pérdida de un ser querido. Se murieron porque sus muertes estaban escritas y punto, no hay que buscar mayor explicación. Por lo menos se fueron practicando una de sus pasiones.

Reglas básicas de convivencia

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¿Llegas? Saluda. ¿Te vas? Despídete. Estas reglas de convivencia son geniales, no sé quién es el listo que las habrá inventado. Creo que no hay que serlo demasiado para darse cuenta de que son de sentido común y muy simples. Cualquier niño las entiende y las hace suya en un momento, el problema lo tienen los adultos.

Vas por la calle y te encuentras a padres con algún hijo pequeño que te mira y te dice: “hola”. Está contentísimo de saludarte. Se podría decir hasta que es la primera palabra que pronuncian. Y tú también le saludas: “hola”. Y te ríes con los padres del atrevimiento de la criatura. ¿Pero saludar y despedirse es cuestión de atrevimiento? No lo creo. Es cuestión de educación, que brilla por su ausencia.

He vivido varios años en el norte y allí la gente saluda poco. Dicen que el frío les hace tener un temperamento más frío (valga la redundancia). Sea lo que fuere, las excusas que se las cuenten a otros. Yo saludaba. Si me respondían, bien; si no, pues fenomenal también. Por mi parte que no quede. Una vez, en un control de alcoholemia a las 02.00 de la mañana, me obligaron a soplar porque bajé la ventanilla del coche (en pleno invierno) y saludé a los policías. Como no se lleva eso de saludar y menos a esas horas de la mañana un fin de semana, se pensaban que iba bebida y que el alcohol me había soltado la lengua. Nada más lejos de la realidad. Resultado: cero alcohol en vena. Gracias y buenas noches.

Hoy en día se saluda sólo a la gente que te cae bien. ¿Si me caes gordo para qué te voy a saludar? Menuda falsedad, podrían hasta pensar. Como si me caes delgado. Por lo menos, un mínimo de educación. Que mal queda saludar a unos sí y a otros no, hacer acepción de personas en plan niños pequeños: “tú eres mi amigo y tú no”. Qué estupidez más grande. Algunas personas niegan el saludo, se ve que les cuesta mucho extender la mano, dar dos besos y dirigir la mirada al otro. Otras, cuando hay mucha gente reunida, dicen: “señores y señoras, hola a todos”, para no ir uno por uno ni interrumpir cuando se llega tarde. Olé por estos últimos. El mundo necesita personas como esas.

¿Llegas? Saluda. ¿Te vas? Despídete. Está claro: el que llega es el que tiene que saludar y el que se va es el que tiene que despedirse. No al contrario. Si vas a saludar, no te dejes a ninguno atrás. Si vas a hacer un saludo generalizado, que sea generalizado. Lo mismo con las despedidas. Creo que no digo nada nuevo. Recuerdo lo mínimo, las normas básicas de convivencia y… de educación, disculpadme el apunte.

El poder de un libro

No todos los días hablas por teléfono con alguien que te comenta que se ha leído un libro y que gracias a él ha cambiado la forma de ver su propia enfermedad. Esta chica sufre de migrañas y según ella su enfermedad es fruto de sus paranoias mentales, de creerse que le va a doler la cabeza si viaja en avión, si toma chocolate o café, si bebe en exceso o creerse que le va a dejar de doler por la simple acción de bajar la persiana y mantenerse en un lugar a oscuras y sin ruido aparente. Me decía: “Me pongo límites a mí misma, voy con la idea preconcebida de que en esa situación concreta me va a doler y entonces me duele”.

Parece que el cerebro es demasiado listo, entiende más que nosotros mismos y va por delante incluso de lo que vamos a pensar. Debe notar el estrés que desprendemos ante determinadas situaciones a las que nos tenemos que enfrentar, en ocasiones con miedo, como la migraña. El libro vende la idea -me contaba esta chica- de que si te olvidas de tu migraña, ella se olvidará de ti. Como si de un eslogan se tratara, viene a decir que todo es psicológico y con no pensarlo no tiene por qué pasar nada. Así de fácil.

Un paralelismo con la sociedad actual. Lo mejor para que la vida no nos ahogue es no tener conciencia. Una vez me dijeron que si no quieres que algo se sepa ni lo pienses. Pues aquí pasa lo mismo. La migraña es una enfermedad, supone un problema para muchas personas. Solución: la migraña es una invención de la mente. Si no pensamos en ella, si nos olvidamos de que existe, viviremos mejor, en paz, y podremos hacer vida normal. ¿Pero realmente se afronta la enfermedad o se huye ella?

Un conjunto de palabras forman un libro, un conjunto de síntomas dan lugar a una enfermedad. Lo que está claro es que el poder de un libro no cura una enfermedad.

Desayuno sin diamantes

Desayunar en los bares de los alrededores del Hospital Virgen del Rocío no es apto para escrupulosos. Más cutres no pueden ser, pero la gente sigue frecuentándolos. Tener hambre nos hace mucho daño. Primero, perdemos el norte: Da igual dónde estemos y qué hora sea, que cuando nos crujen las tripas hay que salir corriendo a la caza y captura del cafelito y el pan tostado que dice: “Cómeme!”. Segundo, nos ponemos ansiosos: Como seguimos el rastro del dulce aroma del café recién hecho y del pan chamuscado (lo que nos gusta una barbacoa, señores y señoras) nos da igual las pintas por fuera y por dentro que tenga el bar porque entramos en el primero que sea. Tercero, aguantamos lo que haga falta: Obviamente, el primer bar siempre estará lleno -porque todos hemos pensado lo mismo- y hay que esperar a abrirse un hueco en la barra con los codos o presionar con la mirada y arrimándose poquito a poco a los ocupantes de una de las mesas de desayuno.

Y yo que pensaba que los mejores bares son los que están repletos de gente… No, los que están a rebosar son los bares de los conformistas: “Aquí me quedo”. Y ahí me quedé. En cuestión de cinco minutos, cuando ya me había sentado en la mesa, el bar se quedó medio vacío como si de una bomba fétida se tratara. Al fin, el camarero me trajo la tostada. Lo que en un principio iba a ser una tostada de mantequilla y jamón de york, de repente, la mantequilla brillaba por su ausencia y me pregunté: “¿Dónde andará?”. Más cerca de lo que pensaba. El tarro de mantequilla estaba en la esquina de la mesa. Sí, sí, como lo estáis leyendo: el tarro de mantequilla. En esos momentos se vino a mi memoria el recuerdo entrañable de las mantequillas individuales. “¿Estará de broma, no?”, pensé. Pues no. Sólo había que mirar a un lado y al otro para comprobar que en cada mesa había un tarro y que todos se untaban mantequilla del mismo sitio y de la misma forma: abrían el tarro, cogían el cuchillo y vámonos que nos vamos, marchando una de mantequilla y york. Superado el susto, me dispuse a hacer lo mismo. Para mi sorpresa, cuando abrí el tarro, lo que vi no fue nada agradable. A saber cuánta gente antes que yo había pasado por la misma mesa. Preferí no pensar entonces en las personas que tienen por costumbre -o mejor dicho, por vicio- chupar el cuchillo. Cero higiénico esto del tarro.

Resulta que las virutas de los diferentes panes que habían sido untados antes que el mío estaban ahí, por no hablar de las virutas que ya habían echado raíces en el tarro desde hace días. Menudo detalle tuvieron conmigo los que utilizaron la mantequilla antes y dejaron ahí sus migas para el siguiente y el siguiente y… En fin, la educación también brillaba por su ausencia. Más que mantequilla parecía la acumulación de todas las migas de pan que se quedan en el fondo del tostador. Tenía dos opciones: o levantarme e irme, o coger el cuchillo y apartar a un lado todas las virutas, de tal forma que podía utilizar la mantequilla del fondo del tarro que estaba en perfecto estado. Fue lo que hice porque mi barriga seguía rugiendo y no podía esperar más a darle un bocado al pan tostado de mantequilla y jamón de york. Dicen que lo que no mata, engorda. Desde luego, fue el desayuno con menos glamour que he tenido nunca. Tener hambre nos hace mucho daño.

Hay vida más allá de las sociedades científicas

Se acerca el Día Mundial de… De lo que sea, da igual, porque siempre habrá alguna sociedad científica que tenga algo que decir sobre ese día, la prevalencia de la enfermedad, los síntomas, su diagnóstico y tratamiento. Qué bonito es el empaquetado del mensaje que hace que las palabras suenen bien y todo. Esas palabras prácticamente son las mismas de una año para otro, con la única diferencia de que salen de bocas diferentes, pero en el fondo sirven para alabar la labor de la sociedad científica en la lucha contra esa enfermedad y para el autobombo: Pero qué bien hacemos las cosas, cuánto estamos investigando y qué resultados más positivos estamos teniendo (que puede que estén inflados por ellos mismos, para quedar mejor de cara a la sociedad).

La realidad de la vida es que la gente no quiere ver, leer o escuchar siempre lo mismo. Cualquier enfermo que esté “celebrando” el Día Mundial de su enfermedad quiere resultados reales, tratamientos efectivos y comprobar que se está haciendo algo más que vender la moto. Y lo que más llama la atención es que los medios tengan a las sociedades científicas como si de la Biblia se tratara. Lo que digan las sociedades científicas no es Palabra de Dios. Puede que sean expertos en la materia, pero no los únicos. Siempre se les da oportunidad para dar su opinión, sin embargo, hay otros especialistas que quizá sean mejores que los que pertenecen a estas sociedades y no se les echa cuenta.

He llegado a ver, incluso, que dentro de la junta de gobierno de algunas de estas sociedades no hay ningún miembro que esté, por ejemplo, en Top Doctors (referente de los doctores de primer nivel en España). Entonces, ¿qué voz habría que darles? Más bien habría que acallarlas, porque no son referentes de nada. Hay vida más allá de las sociedades científicas. El reto, como medio de comunicación, no es publicar lo que ellos dicen, sino contrastar e incluso realizar una labor de investigación para ver qué otros médicos de España o de mi localidad en cuestión están con tratamientos e investigaciones punteras. Porque no todos los médicos que pertenezcan a una sociedad científica son los únicos que investigan sobre una enfermedad. Por lo tanto, lo que un paciente ansía es encontrar tratamientos efectivos y conocer por dónde están yendo los avances. Y esta información no la facilitan estas sociedades.

Carmen Cáceres Calle