Padres que no saben perder

Esta nueva tendencia de algunos padres a perder los papeles en los campos de fútbol cuando su hijo disputa un partido infantil o juvenil, que no recibe otro nombre que el de no saber competir, es una situación que roza la vergüenza ajena.

Padre, ¿usted se ha visto? ¿Cómo puede ser que monte ese pollo, a ese nivel, hasta el punto de agredir al árbitro o a quién se cruce en su camino? ¿Acaso nadie le ha enseñado que lo importante en el juego no es ganar o perder, sino participar? Anda que su hijo está apañado de tenerle como padre… Por no hablar del ejemplo que le transmite.

¿Qué habría sentido su hijo al verle? Me pongo en su pellejo y lo primero que siento es humillación pura y dura porque “papá, has saltado al terreno de juego como un espontáneo y energúmeno cuando nadie te ha invitado”. Por otra parte, preocupación por el qué dirán sus compañeros de equipo. “Me has puesto en un aprieto, papá, dejando en ridículo a mí, a ti y a nuestra familia. Mis amigos se reirán de mí por tu puesta en escena que ha alcanzado niveles mediáticos”. Además, no dejo de pensar en el ejemplo que le da. “Es penoso que no sepas perder, papá. Aunque el árbitro nos robara el partido en el último minuto, no es razón de peso para que te pongas así”.

Cómo se echan en falta, hoy en día, los valores futbolísticos: Trabajo en equipo, disciplina, constancia, respeto, honestidad, esfuerzo, confianza, orden, asumir responsabilidades, encajar las frustraciones… Los niños absorben todo lo que pasa a su alrededor e interiorizan lo que les enseñan figuras de referencia como padres y entrenadores. Es fundamental que ambos defiendan los mismos principios, ya que sería una lástima y de poco serviría que el entrenador se esfuerce en comunicar valores como el respeto al contrario, si los padres no hicieran lo mismo. Y en muchos casos, el respeto brilla por su ausencia si se insulta al contrario o al árbitro, y si se les agrede.

Cuando veo casos como estos en el telediario, siempre recuerdo el eslogan de una exitosa campaña publicitaria de neumáticos realizada en 1995 por la agencia de publicidad Young & Rubicam para Pirelli: “La potencia sin control no sirve de nada”. De nada sirve que estos padres pierdan el control y el dominio de sí mismos. Y esto ocurre cuando son ellos los primeros que no saben perder ni encajar las frustraciones (por mucha injusticia que se produzca en un partido de fútbol). La vida tiene más injusticias, y algunas de mayor calado que un partido de fútbol de niños.

Esta situación ocurre cuando los padres el único interés que persiguen es que su hijo gane el partido a cualquier precio, quizá para mal-ahorrarle una frustración, ya que pasan por alto que al hijo también hay que enseñarle a navegar en tempestades, no solo cuando el viento sopla a su favor.

De hecho, quién no definiría a estos padres, en una escena tan cotidiana como es la llegada a casa del hijo tras el partido, al que le preguntan si ha ganado, en vez de preguntarle si se lo ha pasado bien y ha disfrutado…

No se puede controlar el ganar o perder, pero sí el esfuerzo por dar lo mejor de uno mismo. Es más, por muchos partidos que se ganen, nadie garantiza que se vaya a vencer en el siguiente, porque el fútbol enseña a perder antes o después. Y, además, obliga a seguir un reglamento y a tener límites. Todo depende de que los padres no se salten las reglas del juego.

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Mujeres fáciles

Cansada ya de las últimas informaciones sobre violaciones en grupo a alguna joven, y sin ánimo de entrar a valorar la casuística, lo que está claro es que los hombres han de andar con mucho cuidado. Y sí, soy consciente de que he dicho hombres y no mujeres. ¿Y qué sentido tiene?

Hay mujeres para todos los gustos. Cuidado por dónde andáis, hombres. A ver si las veis venir… Porque una mujer os puede arruinar la vida, y más si os juzgan por violación. Y aquí no os quito culpa ninguna, siempre y cuando la tengáis.

No podéis pensar solo en pillar cacho fácil una noche, ni vuestra máxima puede ser echar un polvo. Si hay mujeres fáciles en el ambiente, o si alguna cede a pasar la noche con vosotros, ¡cuidado! Vaya a ser que lo que iba a ser la noche de vuestra vida se convierta en un auténtico infierno.

Hombres, no seáis tontos y no os dejéis engatusar por mujeres que, sin conoceros, quieren algo con vosotros. No creo en los amores de una noche. No puede ser que nos vayamos a la cama con alguien de la que no sabemos ni su nombre. ¿Dónde queda el consejo de nuestros padres cuando éramos pequeños de no abrir la puerta a los desconocidos? Yo nunca quise comprobar qué pasaba si la abría alguna vez, porque quizá hoy no lo estuviera contando o sería una más de la innumerable lista de niños desaparecidos en España. Entonces, ¿por qué dejáis entrar a cualquiera en vuestra vida?

Hombres, sed más sabios. Tenéis sobrada inteligencia cuando queréis, pero cuando funcionáis por vuestros genitales los que salís malparados sois vosotros en primera instancia. Tenéis un “juguetito” –no me gusta denominarlo así porque de juguete no tiene nada- bastante peligroso, tanto porque podéis dejar embarazada a cualquier chica sin quererlo, como porque podéis hacer mucho daño cuando buscáis el placer por el placer. Por tanto, ojo con sacarlo a pasear más de la cuenta, si sois de esos…

Hombres, los malentendidos no son solo cosa del Whatsapp. Con una mujer, dada su complejidad, puede haber miles de malentendidos, y lo que empezó siendo un tener sexo con el consentimiento de ambos, puede terminar en una frustración, en un echar en cara, en un arrepentimiento o en una denuncia por parte de la chica porque “has abusado de mí”, si a esto unimos alcohol y/o drogas… Mal rollo. Y tan mal rollo fue al final.

Hombres, grabar con el móvil os perjudica y no os hace más varoniles. Grabar un acto sexual con una chica y después difundirlo a los colegas no os hace más hombres, por no decir que estáis cometiendo un delito, pero lo peor es que puede que ese video se os vuelva en contra. Ahorraros de hacer gilipolleces de las que, más adelante, os podréis arrepentir.

Y un último consejo, en el transcurso del acto sexual pueden ocurrir tantas cosas que uno tiene que pensar si merece la pena mantener sexo con la otra persona. No es de extrañar que a más de uno, vistas las noticias, se les quiten las ganas de llevarse a una mujer a la cama. De vez en cuando no está mal tomar esas decisiones, y más cuando se trata de mujeres fáciles.

Por tanto, cuidaros mucho de ese tipo de mujeres que, por desgracia, el patio está lleno. Hoy en día hay que pensarse muy y mucho con quien se va a tener una relación sexual porque, como te salga mal la jugada, has perdido el partido. Y ojo, que esto no es fútbol, es el partido de tu vida lo que aquí entra en juego.

Cuando el saber nos hace peores personas

Soy de la opinión de que algunos avances médicos mejor que no se hubieran producido. Antaño, cuando la medicina era más precaria y no había tantos conocimientos científicos, una mujer embarazada paría a los nueve meses y si el niño venía con un problema los padres se enteraban in situ, por no decir que la madre hasta podía perder la vida durante el parto. Ahora, se ha avanzado de tal manera que no sólo podemos saber cuán saludable viene el niño, sino que en un futuro más cercano que lejano podremos elegir el niño a la carta, como el color de los ojos o de pelo. Cómo ha cambiado la cosa.

Y seguimos creyendo que el saber lleva implícito una mejora en la persona y de ésta para con los otros, cuando en ocasiones no es así. Podemos aprender también para actuar de manera inadecuada. Cuántas futuras madres deciden hoy en día interrumpir su embarazo porque el niño viene con algún problema de salud y no aceptan tener un hijo en esas condiciones. Los médicos poseen la última tecnología y gozan de estudios más precisos que no siempre dan con la tecla exacta, porque en medicina 2+2 no siempre es 4.

El mundo nos vende tener hijos perfectos y las madres soñamos con crear un hijo ideal de la muerte. Muerte, por otra parte, que sufren algunos pequeños por no cumplir con esos estándares de calidad que reclama esta sociedad.

Por tanto, ¿ha servido de algo que la medicina haya avanzado tanto en el tema del embarazo? Que cada cual saque sus conclusiones, porque la mía es clara: los futuros padres (esos que llenan las consultas de ginecología) no son más felices que aquellos padres de antaño que tenían menos conocimiento de todo –sin conocer siquiera si la criatura esperada era niño o niña-, por no decir que eran cuasi analfabetos. Porque la felicidad no está en el saber; está en el ser, en nosotros mismos.

Actualmente, la información se ha convertido en un sin vivir, por eso defiendo que lo que tenga que ser, será. La única puerta que ha abierto que los futuros padres estén más y mejor informados durante el embarazo es la opción de interrumpir o no el embarazo. Por otra parte, se ha perdido la ilusión de la espera de un hijo –sea como sea y venga cuando venga-, porque lo queremos todo para ayer. Demasiado adelanto de acontecimientos.

¿Hablamos del suicidio?

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Parece un tema tabú, bastante delicado, que pone los pelos de punta hasta el punto de que mejor ni hablar de él. Un error como la copa de un pino. La cifra es escalofriante: Unas 4.000 personas se suicidan cada año en España. ¿Y seguimos sin hablar del suicidio por el miedo a un efecto contagio que no tiene base científica, según expertos en salud mental? ¿Sabéis que es la principal causa de muerte no natural y un problema de salud pública?

La violencia de género, los accidentes de tráfico y los homicidios están lejos de las cifras del suicidio. Y a muchos de ellos se les da más voz que a otros temas quizá más importantes pero que no están en el candelero mediático. ¿Cómo es posible? ¿A quién no le suena la campaña del grupo Atresmedia “Ponle freno” (contra los accidentes de tráfico) o “Tolerancia Cero” (contra la violencia de género)? ¿Y por qué no se ponen en marcha campañas y medidas para evitar los suicidios?

Todo se mueve por intereses económicos. Puede que no interese nombrar el suicidio en un contexto de crisis económica, no hay que buscar otra lógica. Siempre he escuchado que “si quieres que algo no se sepa, ni lo pienses”. Algo por el estilo pasa aquí. Mejor no comerse el talento invirtiendo dinero para paliar esta problemática o buscando iniciativas para ayudar a un colectivo que está tocado y hundido por diferentes asuntos.

Lo cierto es que siempre hay motivos para estar vivo, un algo o un alguien que suponen un punto de apoyo para seguir y salir adelante. Pienso que en este contexto de crisis se tendrían que haber dado esperanzas y testimonios de que “sí se puede”, más allá de un simple eslogan político.

Al mismo tiempo, me pongo en el pellejo de una persona que se encuentra verdaderamente desesperada y puedo experimentar cómo no hay forma de que entre en razón porque no ve más allá de su desesperación e indignidad. Es una víctima de sí mismo, de sus pensamientos negativos hacia su propia vida, que le encierran más si cabe en su penuria más absoluta hasta el punto de llegar hasta donde llegan muchos.

La soledad es un problema, desconozco si mayor o igual que el suicidio o si están íntimamente relacionados (imagino que sí), pero también va en aumento. Hombres y mujeres que se sienten solos, cada vez más la sociedad tiende a la soledad, al individualismo. Cuántos ancianos solos, sin que nadie les escuche y les valore por lo que son, no por lo que hacen o tienen, sin una palabra que les transmita que no son una carga.

Y luego viene la típica frase siempre repetida en los telediarios: “No me lo esperaba, era una persona bastante normal”. Sigo pensando que todos somos normales hasta que un día dejamos de serlo, y el problema no radica en dejar de ser normal (porque todos podemos tener momentos malos, de dificultades y de sufrir en la vida), sino en tener al lado a la persona adecuada que perciba que algo pasa. Para eso hay que tener ojos en la cara con los que mirar a los demás, no a nosotros mismos (en lo que ya somos expertos, en mirarnos el ombligo).

Esa persona que para ti era bastante normal dejó de serlo y tú, que estabas a su lado quizá como un vecino más del bloque, no te diste cuenta. No te diste cuenta de su sufrimiento, de que el trabajo no le iba tan bien, que las amistades cada vez iban a menos, que ya no se detenía tanto en hablar con otros, que cada día tenía un rostro más amargado, que su familia estaba más distante o en que los problemas empezaban a llamar a su puerta, que hacía semanas que no salía de casa o que volvía a horas insospechadas, que las pastillas empezaban a formar parte de su vida…

Hay veces en la vida que se producen cambios que no son normales, cambios que denotan que, en ocasiones, la vida se hace más cuesta arriba de lo normal e incluso se llevan cargas que para una persona sola resulta excesiva. De todas las situaciones se sale, pero siempre es más fácil hacerlo acompañado que solo, ya que el mejor remedio es expresarlo.

Por supuesto que espero que esta cifra de suicidios vaya a menos, pero realmente deseo que miremos a la cara a quienes tenemos alrededor, que pueden no pedir ayuda por la situación en la que se encuentran, pero eso no quita para que se la demos gratuitamente. Gracias a todos por existir.

La precipitada OMS

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Me cuesta creer que un organismo como la Organización Mundial de la Salud cometa errores de tanto calibre con relativa frecuencia. En esta ocasión, me refiero a declarar el fin de la epidemia de ébola en África Occidental y que en menos de 24 horas se registre un caso mortal atribuido a ese virus en Sierra Leona, lo que ha ocasionado la puesta en cuarentena de 109 personas, 28 de ellas catalogadas de alto riesgo tras entrar en contacto con la joven fallecida.

¿Qué les ocurre? ¿Acaso no cuentan con las suficientes fuentes de información sobre el terreno como para cerciorarse de que la noticia que van a lanzar a nivel global es la correcta? ¿O puede que al tratarse de una organización tan grande la comunicación interna brille por su ausencia? ¿Será quizá que se transmiten entre ellos un mismo mensaje que acaba llegando al último de la cadena totalmente tergiversado?

Sea lo que fuere, tienen un problema gordo de comunicación, no sé si interna pero externa se ve que muy y mucho. ¿Recordáis que hace meses también alarmaron a los consumidores con un informe propio según el cual la carne procesada es cancerígena y la carne roja “probablemente también”? Lo que está claro es que esta organización no vela por nuestra salud porque lo extraño es que con estas noticias a más de uno no le haya dado ya un infarto de miocardio.

Si lo puedes hacer mal, hazlo peor. Ése parece ser el lema de la OMS. He llegado a pensar en que su estrategia no es casual, sino que está bien meditada y responde a las ansias de llamar la atención, donde da igual cómo se publican las noticias, en qué momento, con qué titular y a quiénes afecte. Están dispuestos incluso a dar la cara si algunos de sus temas que están en el candelero mundial se les va de las manos, simplemente empleando un lenguaje más moderado, preciso y medido.

Estas pequeñas desgracias en las que la OMS se ve envuelta hacen pensar que dicho organismo carece de rigor, algo muy peligroso porque de tanto repetir “que viene el lobo” y éste no acude, al final cuando sea verdad nadie les va a creer. Por no decir que las prohibiciones no gustan un pelo. “¿Me dices que no consuma carne procesada y carne roja? No sólo lo voy a hacer, sino que me daré un banquete en toda regla”. Así fue cómo reaccionaron muchos ante tanto alarmismo carente de sentido común, apiadándose de las carnes y saliendo en su defensa.

El caso del ébola es ya desesperante. Después de provocar muertes en África y algunos casos también en Europa y América, esta organización se dedica a dar esperanzas de que se está a salvo, y nunca más lejos de la realidad. No se puede bajar la guardia y menos en una enfermedad contagiosa. Hay que estar alerta hasta que exista el 100% de certeza de que no queda ni rastro del virus. Y si ese porcentaje es ficticio, por lo menos asegurarse de que las recientes muertes en África Occidental no guardan relación alguna, para así poder entonar de una vez para siempre: Bye bye ébola.

Instituciones saludables

España goza de instituciones saludables. Hablo de aquéllas que cuentan con un equipo de cabezas pensantes, con ideas brillantes y que ponen en marcha iniciativas en el campo de la salud para quitarse el sombrero, como son las tecnologías wearables. El otro día entrevisté a la responsable de una institución que ha abanderado un proyecto de salud digital. Todo fue bien hasta que, para mi sorpresa, cuando estoy redactando el artículo me llega un correo electrónico a la bandeja de entrada pidiéndome, por favor, que no la citara en el artículo y que tampoco pusiera fotografía. De repente, se echa para atrás. Y me quedé pensando en la rareza de la situación. No es muy normal que cuando una institución tiene una gran idea no quiera que la saquen en primer plano en el periódico ni que la citen en el artículo, en este caso a su máxima responsable. O me estaba escondiendo información o no lo entendía. Por lo general, las personas están encantadas de salir en la fotografía cuando hay que presumir de “lo bien que lo hacemos” o “del gran proyecto que hemos incubado”, no así cuando se está implicada en algún caso peliagudo y la prensa te va a poner a tiritar con sus críticas.

Al principio atendí a su petición, pero seguí reflexionando sobre la cuestión. Las instituciones la forman personas con nombre y apellidos y con un cargo dentro de la misma. Una institución en sí no puede dar voz a un proyecto, sino las personas que la constituyen. Por tanto, las instituciones tienen que dar la cara, les guste más o menos. La responsable de esta institución se tendría que haber pensado mejor si accedía a mi entrevista, pero lo que tengo claro es que íbamos adelante con nombre y apellidos. De la fotografía podía pasar. Así lo hice. Y me daba igual que no me dirigiera jamás la palabra. Más valentía, más dar la cara y menos rajarse en el último momento, que creo que es lo que peor llevo. Y eso que iba a hablar bien de la institución. Me pregunto cómo hubiera sido al contrario. Seguramente, ni me hubiera dejado entrar por las puertas.

Donar semen

Ayer veía el telediario y una noticia versaba sobre la donación de semen. De toda la vida -o al menos desde que tengo uso de razón- he escuchado hablar sobre la importancia de donar sangre. En los últimos años, hay un mayor énfasis por parte de las instituciones sanitarias en movilizar a la población para donar médula ósea, de hecho, un dato que se publicó ayer mismo revelaba que España había alcanzado los 190.000 donantes de médula en el primer semestre de este año. Pero, sin duda, lo que no termino de ver claro es el término “donar” semen, porque la donación es altruista y quien dona semen recibe un importe monetario. Si das no te dan o, al menos, no esperas recibir. Por lo menos en el terreno al que estamos acostumbrados, con los donantes de sangre y de médula. Algunos hombres que aparecían en la noticia de espaldas a la cámara consideraban su acto como solidario con aquellos que no pueden tener hijos. Aquí no entro a valorar si es solidario o no, aquí lo que no cuadra es el término.

No me compares una donación altruista, con un negocio. La pregunta que cabe plantearse es: “¿Estos hombres donarían semen de manera altruista? Por lo menos si le van a llamar “donar” que sea con todas las de la ley, pero que no nos vendan lo que no es. Algunos me podrían rebatir: “Es que no es lo mismo donar sangre y médula que semen, donde hay vidas humanas de por medio cuando los espermatozoides se fecunden con óvulos”. Y les respondería: “También son vidas humanas las que salva tu sangre o tu médula”. A grandes rasgos, el que “dona” semen está en cierta medida creando vida, y el que dona sangre y médula lo que está es salvando otras vidas. Todo es vida.

Lo que está claro es que es un negocio y puede llegar a ser hasta un dolor de cabeza para algunos hombres. En España el anonimato está garantizado, pero en Reino Unido cada vez son más exigentes en la selección de los varones y no hay anonimato, de tal forma que los hijos que hayan nacido de cada “donación” de semen pueden incluso llegar a conocer quién es su padre biológico porque la ley británica permite que los niños concebidos con óvulo o esperma de una donación puedan rastrear a sus padres biológicos cuando cumplan 18 años, de la misma manera que lo hacen los niños adoptados. Este temor hace que los hombres se lo piensen dos veces antes de “donar” su semen, y no me extraña. Se dice que los niños no podrán llevar a cabo ninguna reclamación ni legal ni financiera, pero no se descarta que en un futuro la ley pueda conocer como heredero a quien legítimamente pueda demostrarlo. Quién sabe si reclamarán hasta el último euro, o libra en el caso británico. Lo cierto es que sigue sin cuadrarme que lo llamen donar.

Fuente. TVE

Rueda de prensa

Vuelta al trabajo y… ¡Notición! Mañana rueda de prensa en Granada y estoy en Sevilla. Estamos a miércoles. Todo rápido y veloz, sin digerir. No pasa nada. Un par de llamadas para intentar solucionar que me atiendan por teléfono los que van a participar en la rueda de prensa, obtener sus declaraciones y elaborar el artículo. Parece fácil pero se complica. “¿Te importa si te entrevisto ahora?” Nervios. Voz temblorosa. “La rueda es mañana -me recuerdan- y la estamos preparando, tenemos reuniones; imposible”. El problema es que el jueves cierra la edición del lunes y tiene que estar finiquito el artículo mañana justo después de la rueda, que estaba prevista para las 11 horas. Y como toda rueda de prensa, al final siempre es lo mismo: se lanza un bombazo, todos los medios al loro, todos quieren entrevistas a la vez y me veo, al final, que se olvidan de mí, porque no estaré allí, sino en la distancia. Y ponte a localizar a alguien en la distancia cuando hay 15 periodistas más, por decir un número, intentando dar voz al acontecimiento in situ. La ley de la selva más absoluta.

A veces lo que cuesta que salgan las cosas y lo que cuesta escribir un artículo. Encima que me adelanto y les pego un toque el miércoles, resulta que no me dejan hablar con ellos. Pero insistí: “Mi intención es sacar la noticia el lunes,o lo que es lo mismo, que no rompo el embargo”. Debí de agobiar al personal que me dijeron: “Lo vemos muy precipitado, preferimos dejar la entrevista para el lunes”. Presa del pánico pensé: “¿Pero qué parte no han entendido?. El artículo sale el lunes y se cierra el jueves, ¿cómo es posible que me diga que le entreviste el lunes si el lunes usted tiene que estar en el periódico, no en mi grabadora?”. No entendía nada. Y claro, sólo con pensar en llamar a la redacción y decir un día antes que se caía el artículo es ganas de que te canten las cuarenta porque das escasas 24 horas a tus compañeros para que busquen otro tema que ocupe esa página que tenía todas las papeletas de quedarse en blanco. Menos mal que lo que olía a fracaso se quedó en un susto.

En eso que se te viene a la cabeza cuando Homer Simpson estrangula a Bart. A más de uno le echaría una mano al cuello, pero decidí hacer unas llamadas a los mandos superiores y me quejé. “¿Cómo es posible que sus subordinados me digan de que les entreviste el lunes si lo necesito para mañana mismo?, ¿cómo se explica que todos los medios se vayan a hacer eco de la noticia mañana y que a mí me deriven al lunes? Ellos tampoco lo entendieron y se excusaron en la falta de experiencia de los subordinados con los periodistas y los nervios previos a la rueda. Lo que me faltaba por escuchar. Pero tardaron dos minutos en tirarles de las orejas y ya todo solucionado. Me iban a atender cuando yo quisiera, no cuando ellos quisieran, e iban a responder a todas mis preguntas. Al final todo solucionado. Una aventura más de la que me toca por vivir. El mismo jueves, horas después de la rueda de prensa, me atendieron amablemente y el artículo salió el lunes, como si no hubiera pasado nada. En el fondo, creo que no pasó nada.

La fuerza de la insistencia

En julio de 2014, el médico especialista del Hospital Virgen del Rocío que atiende a Marcos y Jesús, dos niños sevillanos de 8 y 5 años con distrofia muscular de Duchenne, solicitó a la farmacia del Hospital el tratamiento comercializado en España para tratar dicha patología rara. Al no obtener ninguna respuesta, los padres insistieron y cinco meses después, en noviembre, recibieron la denegación por escrito de la Comisión de Farmacia y Terapéutica de los Hospitales Universitarios Virgen del Rocío-Virgen Macarena. En diciembre, José María y María Ángeles, con el apoyo de la Federación Española de Enfermedades Raras (FEDER), presentaron un escrito de alegaciones sin obtener ninguna respuesta. Tras varias quejas en los medios de comunicación, consiguieron que la Comisión se volviera a reunir para revaluar la situación el pasado 13 de febrero. Transcurridos diez días los padres no han recibido noticia alguna. Cuando parece que el fracaso llama a las puertas de esta familia, tras once días de reuniones de la Comisión por fin tienen respuesta: Le van a dar, de momento, el tratamiento al mayor, eso sí, no se sabe cuándo se le dispensará el fármaco.

En esta historia no puede salir todo redondo y perfecto desde el minuto uno. Ha habido meses de espera, sufrimiento, frustración, incomprensión, ignorancia… hasta que por fin han sido escuchados. La insistencia del médico y de los padres han sido claves en este proceso, aunque la espera haya sido de siete meses. Unos meses que no han pasado en balde ya que la enfermedad de estos niños no espera, sigue evolucionando. Lo que más ha influido, sin duda, ha sido la presión ejercida por parte de los medios de comunicación, que han puesto de manifiesto las quejas de los padres ante la tardanza de la burocracia. Y otra cuestión que tampoco pasa desapercibida ha sido la coincidencia en fechas con la celebración del VII Congreso Internacional de Medicamentos Huérfanos y Enfermedades Raras en Sevilla. Sea lo que fuere lo que ha motivado que la Comisión aceptara el tratamiento de estos niños, lo que queda claro es que la insistencia acaba dando su fruto y que el periodismo es un gran aliado de las causas sociales.

Suicidio asistido

Chica estadounidense, de 29 años, casada desde hace algo más de un año y enferma de cáncer terminal. Brittany Maynard es conocida por acogerse al suicidio asistido, que tendrá lugar más pronto que tarde. Ésta es su decisión. Totalmente respetable, pero no coincido con ella, no tanto por el debate sobre si quitarse la vida o mandar que te la quiten es acertado o no, sino porque esta chica que contrajo matrimonio hace poco tiempo realmente no se ha enterado de nada. Empecemos por la frase: “En la salud y en la enfermedad… hasta que la muerte nos separe”. Esto es amor. Amarse cuando haya una salud de hierro y cuando falte, en la vejez y en la juventud, cuando nos sintamos útiles y cuando ya no sirvamos para mucho.

Esta joven había previsto el suicidio asistido para mañana día 1 de noviembre, pero lo ha pospuesto porque, en sus propias palabras, “todavía me siento lo suficientemente bien, todavía tengo la suficiente alegría, todavía río y sonrío con mi familia y con mis amigos, así que creo que este no es el momento adecuado”. Al parecer, el momento adecuado será cuando ella no se siente tan bien, porque el amor, para ella, es un sentimiento que viene y que va. Como llegará un momento en el que no se sentirá bien ni físicamente ni psicológicamente; lo mismo puede que no llegue a reconocer a sus familiares; por no decir que sufrirá mucho dolor por el avance de la enfermedad, Brittany prefiere quitarse del medio, así ella no sufre y los que están a su alrededor tampoco. Porque ese “hasta que la muerte nos separe” es la muerte que Brittany decide cuándo se ha de producir, no la que le viene dada y que desconoce por completo cuándo tendrá lugar.

Su madre le había dicho que no le importaba cuidar de ella en el estado en el que se encontrara y el tiempo que viviera, pero se ve que la joven no quiere hacer pasar por eso a sus familiares ni a ella misma. Es más, creo que primero ha pensado en la vergüenza que sentirá ella al ver sus capacidades físicas y psíquicas mermadas, y después en el supuesto daño que su enfermedad causaría a los demás.

Permitidme esta reflexión. Cuando el ser humano se expone a cualquier tipo de sufrimiento, es tanto el miedo que le genera que se olvida de amar, porque sólo piensa en que no podrá sobrellevar lo que está viviendo, incluso a veces se pone en lo peor antes de que llegue. Brittany no se ama a sí mismo, sólo se quiere cuando tiene salud, pero no cuando tiene una enfermedad terminal fulminante. Se considera como una carga y ha perdido el sentido de todo. No es capaz de aceptar esa situación, ni dejarse amar por los demás porque ella es la que está en el derecho a decidir sobre su vida.

Qué fácil es decir: “me largo, ahí os quedáis”. Hasta qué punto tiene que estar desesperada esta mujer para dejar de amar y estar dispuesta a abandonar a su marido, familia y amigos. Qué difícil le tiene que resultar levantarse cada mañana para luchar, cueste lo que cueste, por los que más quiere. Pensé que la juventud era un tiempo para hacer locuras, para amar, para luchar y volver a empezar, para ser optimisma y nunca perder la ilusión pase lo que pase. Se ve que Brittany es una excepción.