A la gente hay que quererla

Dicen que a la gente hay que quererla pero, ¿qué es querer a la gente? ¿Acaso es hacer daño a alguien? ¿Acaso es pisotearlo hasta más no poder? ¿Acaso es desearle lo peor? ¿Acaso es aprovecharse de él hasta el extremo? ¿Acaso es dejarle tirado? ¿Acaso es utilizarlo cual marioneta a tu antojo? Muchos responderíais que nada de lo descrito anteriormente es querer a una persona, pero hay gente que no sabe querer y quiere de esta forma, quizá hasta sin darse cuenta de ello.
Primero: Quien quiere a alguien de verdad no está dispuesto a hacerle daño nunca, es más, ni se le pasa por la cabeza. Quiere lo mejor para esa persona y procura dárselo cada día porque ve al otro como un regalo, como la mejor joya que ha podido encontrar y una vez que la encuentra, la cuida sin escatimar esfuerzos.
Segundo: Quien quiere a alguien de verdad no pisotea al otro ni es feliz poniéndole la zancadilla ni haciéndole sufrir. ¿Cómo vas a pisotear a la persona que se supone que es a la que más quieres en este mundo? Si fuera tu peor enemigo quizá entiendo que quieras librarte de él, hundirlo en la miseria o herirlo por los cuatro costados, aunque no lo comparto porque ya sea al que más quieres o ya sea tu enemigo, como encabeza el título de este post: a la gente hay que quererla.
Tercero: Querer es desear lo mejor para la otra persona, no lo peor. Quien quiere lo peor para ti o quien saca lo peor de ti no te quiere de verdad. Quiere amargarte la vida y hacerte daño y, créeme, la vida es demasiado larga y trae consigo ya bastante sufrimiento como para querer echar más leña al fuego. Por eso, quien te quiere así no te quiere y te está echando a perder lentamente.
Cuarto: Si de verdad te quiero no me aprovecho de ti para mi propio beneficio. Pongamos el ejemplo de una pareja de novios: no te meto mano aprovenchando que estás con dos copas de más, ni me enrollo, ni te llevo al huerto en 0,2 segundos. Tampoco eres un esclavo para mí o una marioneta a mi antojo: “Haz esto, haz lo otro, ven para acá, vete para allá, pon esto aquí, saca esto de allí”, etcétera. Una cosa es la frase de “dos tetas tirán más que dos carretas” y otra distinta es que tienes que hacer lo que yo diga, me obedeces y punto. El otro también es persona, tiene su dignidad y debe ser respetada.
Quinto: Si te quiero no te dejo tirado cual bolsa de basura en el contenedor. Si te quiero te lo demuestro, no te digo “vete a paseo y no vuelvas” o “si eso ya luego hablamos que ahora me voy con mis amigos”. Cuando alguien te quiere va contigo a todas partes (aunque no le guste porque lo hace por ti) y no puede vivir sin ti.
¿Queda claro lo que es querer a alguien de verdad? Aunque parezca que “ojos que no ven, corazón que no siente”, el corazón sí que siente y sabe cuándo un amor no es verdadero.

Carmen Cáceres Calle

Pozo

Voy a contarte tres historias ficticias que giran alrededor de un pozo y con finales diferentes.
– En la primera, estaban dos niños jugando al fútbol cerca de un pozo. Fran chutó el balón y Carlos perdió pie y se cayó dentro. Se quedó en shock y sin decir palabra porque se sentía humillado. No le pudieron salvar porque no respondía.
– En la segunda, estaban dos niños jugando al fútbol cerca de un pozo. Fran chutó el balón y Carlos perdió pie y se cayó dentro, pero al instante gritó auxilio y pidió ayuda. Le pudieron salvar.
– En la tercera, estaban dos niños jugando al fútbol cerca de un pozo. Fran chutó el balón y Carlos perdió pie y se cayó dentro, pero desde ese mismo momento puso interés por salir de ahí y sirviéndose de una cuerda que encontró se puso a escalar hasta que logró pisar tierra firme.

En la vida te puede suceder algo parecido. Te puedes haber caído en un pozo, y a tu parecer, en un pozo sin fondo y tu actitud puede ser la de “no querer salir” porque tu cuerpo no responde. Estás con el ánimo apagado y sin fuerzas para salir a flote. Encima, tampoco tienes ganas de nada y te quedas ahí sumido en la melancolía de un tiempo que fue mejor, de una época en tu vida en la que fuiste feliz. Y, por así decirlo, te quedas ahí, estancado. Estás vivo pero parece que has muerto, como el Carlos de la primera historia, que no responde y está paralizado porque se siente humillado, herido.
O bien, puedes tener la actitud del Carlos de la segunda historia: me ha pasado esto y pido ayuda, tengo un problema y quiero encontrar la solución. Y Fran está ahí precisamente en el momento y lugar oportunos. Quién lo iba a decir pero cuando vienen las complicaciones en la vida o parece que la vida se te complica siempre hay alguien a nuestro lado para echarnos un cable, por muy minúsculo que nos parezca.
El Carlos de la tercera historia sí que mola porque es un Carlos que tropieza, se cae, parece que está hundido; pero no deja nunca que una pizca de desánimo y desesperanza le amarguen la vida y le impidan ver que sí hay salida. Es más, no solo es que hay salida sino que es él el que quiere salir. Coge las riendas de su vida y dice: “Aquí estoy yo y voy a salir de aquí como me llamo Carlos”.
Sin duda, tres historias que nos hacen pensar sobre hasta qué punto coges las riendas de tu vida y no permites que la vida misma, los palos, los problemas (o llámalo como quieras) te paralicen e impidan que siga su curso. La vida es apasionante pero, como siempre, de la actitud con la que afrontes todo lo que sucederá en ella determinará tu grado de felicidad. Quieres ser feliz? Pues ya sabes: siempre de frente, siempre adelante, siempre viviendo el presente y proyectándote hacia el futuro. Olvídate del pasado, no te amargues con recuerdos que no llevan a nada, solo a darte dolores de cabeza. Unas puertas se cierran y otras se abren. Cierra de una vez esas puertas que te quitan la paz e ilusiónate con hacer realidad tu proyecto de vida. Ah! y no te olvides de ser feliz durante el camino, que es largo, muy largo. Eso es todo, amigos.

Flechazo

Me da la risa cuando mis amigas se enamoran. En este caso, fue él quién se enamoró ciegamente de ella (un flechazo a primera vista) hasta el punto de decírselo al día siguiente de que los presentaran. “Ana, me quedé prendado de ti desde el primer día. Me gustas mucho”. Claro, que la respuesta de Ana era de esperar. Ante tal sorpresa respondió borde y a la defensiva. “¿Qué?” (como diciendo: Así no, Pablo, así no) y le paró los pies del tirón. Pero Ana no se libraría tan fácilmente de Pablo porque a ella le hacía gracia, vamos, que le gustaba. Es más, empezó a odiar la reacción que tuvo con él. “¡Qué tonta he sido! No me lo esperaba y le he mandado a paseo, pero no quiero que se vaya”. Aquí jugó un papel importante el whatsapp. Pablo siguió interesándose por Ana y le escribía. Ana respondía. Y poco a poco fueron quedando para cenar y pasear o, simplemente, se llamaban por teléfono. Esto iba viento en popa hasta que, de repente, Pablo ya no respondía a los whatsapp. Y aquí empiezan las películas mentales de las mujeres, que somos bastante complicadas. “Le dejé bien claro desde el primer día que si iba en serio conmigo, me dijo que sí y yo, como una tonta, le creí y ahora pasa de mí”. Obviamente, no pasaba de ella, pero Ana lo veía así. Dejando a un lado esta historia, es gracioso observar cómo la mayoría de las mujeres experimentan lo mismo. Te escribe un chico y si te gusta, le haces caso, pero parece que cuando más caso le haces, más pasa él. Entonces, lo mejor es dejar que sea él el que mueva ficha. Cuando pasas de él, entonces intenta captar tu atención y como sabe que eres una mujer difícil de lograr, empezará a conquistarte. Ana seguía flipando con Pablo hasta que pasó de él, fue entonces cuando Pablo respondió al cabo de un par de días y Ana volvió a hacerle caso porque, en el fondo, le gustaba. Y a día de hoy siguen así: quedando y conociéndose un poco más antes de empezar el noviazgo. Quizá esta historia algún día tenga un final feliz pero, de momento, habrá que esperar…

Equivocarse

“No, mira, es que no me quiero equivocar otra vez”. Estas palabras las suelen repetir con frecuencia gente que ha puesto fin a su relación de noviazgo y no han acabado muy bien. Conozco varios casos y es normal. Uno se ilusiona mucho y luego todo se va a pique, otra piensa que es el hombre de su vida y estaba ciega. En fin, “el mundo de las relaciones” (sería un buen título para un libro). Quizá me animo a escribirlo en algún momento de mi vida o antes de ponerme a ello realizo el máster de matrimonio y familia de la Universidad de Navarra, que suena bastante bien). Analicemos las palabras del comienzo porque son para sacarle jugo. “No, mira”. De primeras, ya le estás diciendo a alguien que no, estás cerrado de antemano. Ese decir “no” no tiene por qué ser de palabra, pueden ser hechos. Por ejemplo, alguien me declara su amor y le lanzo esta frase, o alguien va detrás mía y actúo como esta frase, o lo que es lo mismo, paso de ti porque no me interesa porque “no me la quiero volver a pegar”, es decir, quiero estar muy seguro, si cabe, 100% seguro. Imposible, pero se puede vivir en una utopía. “¿Cangelis?” Puede que te entre por el cuerpo un cague gigante. Esa persona no te disgusta pero te cagas solo con dar ese paso porque “no me la quiero volver a pegar”. La vida tiene su punto de atrevimiento. Hay gente que nunca se lanza (timidez absoluta), otros que son demasiado lanzados pero no se comen un rosco, algunos tienen que ser pescados porque si por ellos fuera se mueren antes de declarar su amor a alguien. Para gustos los colores, pero es imposible asegurarte de que “no te la vas a volver a pegar”. Con lo cual, cuanto menos lo pienses, más feliz serás. Ahórrate dolores de cabeza. Por tanto, si es imposible saber si te vas a equivocar o no, al menos intenta no equivocarte. Es muy fácil, pero solo requiere una cosa: ojos en la cara o lo que diría mi madre: “verlas venir”. Es muy sencillo: abre los ojos, mira a tu alrededor y fíjate bien en quién te presta atención, quién pone interés, quién hace el pino puente para ponerse a tu lado, quién tiene detalles contigo, quién te llama la atención y te hace reír, quién está pendiente, quién te escucha o te da conversación, quién te sigue el rollo, quién se hace el encontronazo y un largo etcétera. Entonces, tienes más posibilidades de acertar porque todo ese conjunto de cosas que parecen chorradas simbolizan el “te quiero a ti y quiero que seas para mí”. No es una frase bonita, es “me lo estoy currando y te lo estoy demostrando”. No dejes que las malas experiencias de tu pasado impidan el desarrollo de tu futuro.

Tontear

Que me perdonen si no voy a la moda pero no entiendo a los tíos que tontean con las tías, ni viceversa. Eso ni es amor ni es nada que se le parezca, es echar un rato y ya está. Quizá por eso se le llama tonteo, por “hacer el tonto”. Se supone que es un rato y no toda la vida. “Se supone”. Pero… ¿de qué sirve tontear? Cuando se es adolescente y se tienen las hormonas alteradas puedo entender que el cuerpo te pida eso. Vamos a decir que es una excusa barata: “no soy yo, es mi cuerpo y no lo controlo”. Vale, falta de dominio de todo puberto. Pero cuando se es adulto y ya se tienen las hormonas estabilizadas, no hay excusas. Es simple y llanamente que tienes la necesidad de estar con todas y con ninguna porque, al final, en el fondo es eso, no estás con ninguna. Pensémoslo en seco: cómo un tío va a estar con una tía si tontea con las demás. La tía ya tiene que ser tonta de remate para salir con un chico así. Hay cosas que sigo sin entender y no entenderé nunca. Gente con edad de tener una familia, de hacer algo con su vida o de plantearse una relación seria sigue erre que erre cojeando de la misma pierna, estando con todas y estando sin nadie. Mejor solo que mal acompañado, pero de seguir así el futuro huele a soledad. Yo me dejaría de tonteos, va siendo hora, porque cuando uno experimenta el amor verdadero, ése no se cambia por nada.

Conocerse

Es el punto clave de una relación y, más que de una relación, de antes de empezarla. Coincidí con una chica que, después de cuatro años con su novio, lo ha terminado dejando. Y estaba triste, pero a la vez alegre. Nunca es tarde para cortar con alguien y más si sabes que “como me case con esa persona me voy a acabar separando”, frase literal de esta chica. Pues entonces no te cases, porque luego la vida es muy larga y es mejor tomar decisiones que lleven tu vida hacia adelante y no hacia atrás. Te puedes equivocar -todos somos humanos- pero intenta acertar, al menos intenta dar en el clavo con tu elección. Porque los seres humanos estamos para caminar siempre de frente y no para andar como los cangrejos. ¿Pero qué es conocerse? Pues rozarse. “El roce hace el cariño”, así termina  Luis Piedrahita uno de los monólogos. ¿Por qué será? Porque para conocerse hay que invertir tiempo. Y conocer a una persona es algo de lo que nunca te vas a arrepentir y es la mejor “empresa” en la que puedes invertir tiempo (y más si vas buscando al hombre o mujer de tu vida). Y aquí voy a abrir un debate. ¿Se puede conocer a alguien dentro de un grupo? Algunos pensaréis que sí, que por qué no, pero yo me iré al bando contrario, que no. Es muy difícil conocer a alguien tal y como es dentro de un grupo de personas por la sencilla razón de que uno, cuando está rodeado de gente, no se muestra como es: intenta hacerse el chulo, ser el mejor, llamar la atención, hacer el capullo (generalmente) o se puede morir de vergüenza y cerrarse en banda por la sencilla razón de que no está a gusto. Ya lo decía mi profesor Alejandro Navas, que “en un grupo uno no actúa igual que cuando está solo y que dentro de un grupo se pueden hacer muchas cosas que luego, individualmente, ni se te pasan por la cabeza”. En definitiva, venía a hablar del poder de un grupo. Llegados a este punto, me podréis contestar que lo mismo puede suceder de tú a tú. Venga, os doy parte de razón. También se puede quedar bien delante de una persona y actuar, aunque dudo de que si estás con una persona quieras ser así, porque esto sí que sería una pérdida de tiempo. Para eso dedícate a hacer punto de cruz, a no a hacer perder el tiempo al otro, ni a ser más falso que Judas. ¿A dónde quiero llegar? Pues a algo muy sencillo: no hay que quedarse con la percepción de una persona dentro de un grupo y hay que conocer a la gente personalmente. Quizá, conociendo y tratando a alguien fuera de un grupo es cuando te das cuenta de que una persona puede merecer mucho la pena e incluso puede que hasta sea para ti, mira tú por dónde. En un grupo estás ciego y luego se te abren los ojos cuando te tomas un café, te das un paseo, te quedas solo pidiendo una copa, te vas a cenar o la acercas a casa. Sin conocerse es imposible enamorarse. Ahora bien, sin quitarse los prejuicios de la cabeza también es imposible conocerse y, por ende, enamorarse. ¿Te quieres enamorar? Empieza por ahí porque valdrá la pena y no olvides que el roce hace el cariño.

Endogamia

La endogamia es una actitud social de rechazo a la incorporación de miembros ajenos al propio grupo o institución. Por suerte o por desgracia, dependiendo del prisma por donde se mire, la mayoría de los sevillanos somos así. Lógicamente, habrá de todo pero, por lo general, Sevilla es una ciudad muy “echá pa’ lante”, pero muy suya. Esto tiene tanto su parte positiva como su parte negativa. La positiva es que sacamos las uñas y los dientes para defender lo nuestro, nuestras raíces, nuestras costumbres, por ejemplo, las procesiones, la feria de Abril, la historia de nuestra ciudad; y a ver quién tiene narices de quitarnos algo, de cambiar lo más mínimo o de criticar a esta ciudad porque, directamente, te la estás jugando. Si no, que se lo pregunten a los políticos. Todavía recuerdo la época en que saltó a debate en la opinión pública el tema de los crucifijos en las aulas y el Señor Alcalde -ya que estaba en boca de todos quitar a Dios del medio-, hizo ademán de plantear eliminar las procesiones de esta ciudad. Vamos, casi le crucifican. ¿A quién se le ocurre? ¿Quién es el alcalde para eliminar siglos de historia de esta ciudad? Tiene que ser realmente difícil gobernar Sevilla porque la gente, si algo tiene, es que no se calla. Cada vez que se va a modificar algo en la ciudad, por muy pequeño que sea, los sevillanos siempre tienen algo que decir. Si no les gusta, se echan al cuello de más de uno, y si están en contra, mueven Roma con Santiago y todo lo que haga falta para salirse con la suya. Mucho ánimo, Zoido, porque hay que estar metido de lleno y hasta el fondo en esta ciudad, vibrar con lo que vibramos y sentir con lo que sentimos para no fastidiarla. La parte negativa es que estamos tan encerrados en “lo nuestro” que cuando viene alguien de fuera a vivir a Sevilla, entre otras cosas, las pasa canutas, porque está más perdido que el barco de vapor; y no precisamente por el acento, sino porque siempre salimos por la tangente. No hay quien nos pille. En algunas ocasiones, he escuchado que a los sevillanos no se nos puede hablar de frente porque nos sienta fatal; es más, al minuto uno o te dejamos con la conversación en la boca mandándote a paseo, o te tachamos de borde. ¡Ojo! Y como un sevillano te encasille, prepárate para hacer las maletas y emigrar porque la voz corre como la pólvora (exagerando un poco). Se nos tiene que hablar con mano izquierda y con rodeos. De hecho, resulta llamativo cómo cuando alguien del norte de España conoce a un andaluz, al final siempre acaba concluyendo lo mismo: “Eres muy divertido, simpático, extrovertido y mil adjetivos más, pero en el fondo no te conozco, no sé quién eres, no sé cómo piensas”. En fin, como ya dije antes: no todos somos así. Somos un poco cerrados de mente para lo que no conocemos, por la sencilla razón de que no nos fiamos. Algo comprensible pero, al final, si uno no se abre, pues no está dispuesto a conocer y así nos podemos llevar toda la vida, como una pescadilla que se muerde la cola. Esa actitud de rechazar que alguien forme parte de tu grupo o institución puede reflejarse en dos ejemplos: dentro de tu grupo de amigos y en una empresa. Las pandillas en Sevilla normalmente están cerradas, es decir, siempre nos rodeamos de los mismos, de gente con la que tenemos algo en común: ser de la misma ciudad, estudiar lo mismo, tener unas ideas parecidas o llevar el mismo estilo de vida. No hay nada de malo en eso, todo lo contrario, uno tiene que ser amigo de sus amigos pero, el hecho de abrirnos a gente distinta de nosotros (sea de Sevilla o no) nos da la oportunidad de conocer a gente diferente, de ampliar horizontes, de aprender cosas nuevas, en definitiva, de ir más allá de lo conocido para descubrir nuevos paraísos intelectuales, profesionales, humanos y espirituales. Lo mismo en el caso de una empresa. Me llamó la atención cuando coincidí en una comida con el rector de la Universidad de Loyola, Gabriel Pérez Alcalá, que decía que el gran problema de la Universidad de Sevilla era la endogamia. Comentaba que ellos, actualmente, se encontraban contratando a personal docente para incorporarlos al próximo curso 2013 (año en el que comenzaría su andadura esta Universidad) y que optarían por ver los currículo más interesantes, sin importarles que fueran o no nacidos en Sevilla. Vino a decir que si tienes un currículum de un profesor formado en Harvard y al lado otro de uno formado en Sevilla, pues nos quedamos con el de Harvard, por la sencilla razón de que está más y mejor preparado que el otro, y lo que buscamos en nuestra Universidad es la calidad docente. A un sevillano lo contrataría siempre y cuando esté muy bien preparado, formado y con un currículum que destaque. Por ser sevillano no le vamos a contratar, porque ya estamos cansados de los enchufes. Muchas veces pienso, ahora que estamos en tiempos de crisis, que algunos de los que entregan currículos (no solo los jóvenes) están más preparados que muchos de los que están dentro de las empresas, pero como el currículum se lo entregas a una persona, cuando ésta le eche un ojo (si se da el caso), inmediatamente lo tira a la papelera, vaya a ser que le quites el puesto o entres en la empresa, le hagas la competencia y destaques más. Y esto es así. Aquí se funciona mucho por enchufe y lo de menos es que estés preparado para el puesto en cuestión; o al menos, son pocas las empresas en Sevilla que valoran que estés cualificado.

Odio las despedidas

Odio las despedidas de personas que han trabajado codo con codo contigo y que la vida misma hace que desempeñen su trabajo profesional en otro sitio. Después de 14 años llevando el gabinete de prensa de uno de los hospitales más grandes de España, el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla, Eva Arana se despide.

Este centro la vio nacer profesionalmente hablando. Si a los 23 años terminó la carrera, a los 24 ya estaba en el hospital. Y se dice pronto que hayan transcurrido 14 años desde entonces. Cuánto la van a echar de menos en el Virgen del Rocío y cuánto os echará en falta Eva. A todos: desde el último residente que acaba de poner un pie en el hospital hasta el profesional sanitario con más años a sus espaldas, desde la limpiadora hasta el celador pasando por el personal de mantenimiento y los grandes gestores del centro.

Si como persona es genial, como profesional ni os cuento. Estaba enamorada de su trabajo, era una amante de su profesión, le gustaba lo que hacía. Siempre estaba al teléfono, dispuesta a atenderte aunque la llamada fuera poco oportuna. Simpática, alegre y pendiente de todo. A ella le debo toda la ayuda que me ha prestado en los inicios de mi andadura profesional, gracias Eva.

Nada más entrar por las puertas del Edificio de Gobierno salía en mi busca casi siempre con un ejemplar de Diario Médico bajo el brazo y una sonrisa de oreja a oreja cuando veía que alguno de sus médicos salía en sus páginas. Siempre ha tenido un gran aprecio a los profesionales de este complejo hospitalario y reconocía la magnífica labor que desempeñaban y lo dispuestos que estaban a todo. Solo con verte a ti, Eva, ¿cómo no iban a estar deseando ayudarte en lo que necesitaras?

Cuando nos conocimos por primera vez, hace casi dos años, te viste reflejada en mí. Las dos empezamos prácticamente con la misma edad e igual de perdidas en el apasionante mundo del periodismo sanitario. Éramos unas polluelos y hoy en día, ¿quién lo diría, verdad? Gracias Eva por todos tus consejos, por tu infinita paciencia y por tanto cariño que me has mostrado en este tiempo que llevo trabajando codo con codo contigo. Te puedo decir que siempre has tenido palabras de agradecimiento hacia mí como persona y como profesional, pero hoy te las devuelvo porque eres una profesional como Dios manda de pies a cabeza y una madraza, no solo con tus dos hijos, sino con todo el mundo que se cruza en tu camino. Da gusto trabajar con gente con tú y haber experimentado que nos hemos coordinado a la perfección gracias a nuestro empeño por hacernos entender y comunicar nuestros respectivos intereses. De hecho, más de una vez me has dicho: “Increíble, qué telepatía”.

Gracias Eva. Eres un encanto de mujer.

P.D. Nunca olvidaré alguna de tus frases célebres: “¿Qué pasa guapi?”, “para una que se te escapa, ahí estoy yo”, “no cambies (como la Tamara de eurovisión)”, “tengo otra cosilla para ti”, “besos, linda”.

Vivir al otro

Me decía una amiga que a su vez le decía una amiga que “la amistad no es solo estar al tanto del otro (que es lo que te permite el whatsapp), sino en la medida en que puedes ‘vivir’ al otro”. Pues estoy totalmente de acuerdo con la amiga de mi amiga y eso que soy una fan de las redes sociales y de los nuevos modos de comunicación actuales, siempre y cuando no se abuse hasta tal extremo de que te conozcan más en internet que en persona. De hecho, pienso que si tenemos carne y hueso es por algo, de lo contrario, el Ser que nos inventó podría haberlo hecho dentro del mundo online. ¿Os imagináis? Seríamos como un virus en una pantalla de ordenador. ¡Qué agobio!

Volviendo al tema, si tenéis la oportunidad de ver, quedar, pasar un rato, compartir vivencias con a una persona, hacedlo en su totalidad, es decir, no os quedéis a mitad de camino por culpa de las redes sociales, que hoy en día son unas (facebook, twitter, whatsapp, linkedin, tuenti) y mañana serán otras. Utilizarlas en sustitución de las relaciones interpersonales es lo menos aconsejable y, de hecho, hay algunas personas que se quedan solo en la vertiente online y no en la presencial. Sigo pensando que cuando se repite tanto la frase de “en el centro está la virtud” es por algo. Vamos, para que me entendáis: Ni mucho ni tan poco.

Las redes sociales ayudan a saber del paradero de nuestros amigos pero, sin duda, el cara a cara aporta realidad a ese paradero: poder observaros con los ojos, escucharos con los oídos, palparos con las manos e incluso apreciar el perfume característico de cada uno de vosotros. Algo que tiene más significado y valor que un conjunto de fotografías colgadas en facebook, unas palabras por whatsapp, una última hora en twitter, etcétera. El valor total de cada persona.

Querido Cerebro

Escrito por mi amiga Claudia Blanco Montaño, mexicana, en el primer año de la carrera de Periodismo, en el segundo semestre.

Desde los primeros días que Carmen y yo nos conocimos, nos dimos cuenta de que teníamos algo en común: queríamos conquistar el mundo. Es por eso que decidimos ser pinky y cerebro. Yo sería pinky y ella cerebro, ya que ella es una persona ordenada, cuadriculada y comprometida, cosa que yo pocas veces hago, por lo tanto, era la combinación perfecta: yo ayudaba y hacía reír y ella dirigía y me hacía pensar.

Después de unos meses de conocernos, de platicar y acompañarnos, las cosas han cambiado. Ayer por la tarde que nos sentamos a conversar sobre nosotras mismas, me di cuenta de esto. Ella me contó que la razón principal por la que quiere ser periodista es por lo mucho que quiere hacer por las personas. Su amor a la escritura viene de escribir lo que piensa, para ella muchas veces es más difícil decir las cosas, pero escribiéndolas sabe que también puede dar a conocer su opinión e igualmente influir. Su sueño es llegar lejos, muy lejos. Su espíritu es de gran libertad, pero sabe cuándo parar.

También platicamos de cómo le gustaba vestir,  me dijo que ella vestía como los niños “pijos” pero en niña; le gusta andar con una blusa y un suéter encima y con unos vaqueros. A mí en lo personal me recuerda a la película de “mary poppins”. El pasado “halloween” cuando se disfrazó, utilizó un tipo de sombrero redondo, de esos que son como de paja y llevan un listón alrededor. Vestía una blusa rayada y unos vaqueros. Fue ahí que me recordó al personaje de Bert (el galán de la “nanny”).

Cerebro es una persona activa, con una gran chispa en la sangre que nos mueve a todos. Creo que eso es a causa de que viene del sur, es sevillana. En lo personal comencé a entender las peculiaridades de las sevillanas hasta que llegué acá. Para mí, el hecho de que venga de Sevilla es una de sus mejores cualidades, siento que es una de las razones por las que nos entendemos mejor: las dos tenemos el sol en nuestras venas; ese cariño y calor que nos trasmite es lo que hace que sea tan fácil de llevarnos. Si le tuviera que asignar  una virtud, diría que es la alegría, cuando ella está en un lugar, todo se ilumina. Por otro lado, considero que la velocidad es parte de su vida, a ella le gusta andar en bicicleta y pasear en moto, indudablemente lo que más le gusta de éstas es la velocidad en la que puede andar y los efectos que ésta la hacen sentir: puede sentir la frescura del viento que choca contra su cara, ve los cambios constantes en el paisaje y deja ir todo. Su velocidad también es evidente cuando habla, es impresionante. Recuerdo que cuando recién la conocí su velocidad y su forma de hablar era tan diferente a la mía que me costaba seguirle el paso. Cuando me contó que no le gustan tanto los tacones la comprendí; no tanto porque se le vieran mal, sino que como ella quiere hacer tantas cosas y le gusta ir tan deprisa, que éstos sólo la detuvieran y le dieran menos tiempo para lograr sus objetivos.

Lo curioso de nuestra amistad es que cuanto más nos conocemos, más nos damos cuenta que las dos somos pinky y las dos somos cerebro, porque a veces ella me dice en que debo de cambiar y a veces cuando ella ya no puede más, yo estoy para decirle cuándo parar.