Suicidio asistido

Chica estadounidense, de 29 años, casada desde hace algo más de un año y enferma de cáncer terminal. Brittany Maynard es conocida por acogerse al suicidio asistido, que tendrá lugar más pronto que tarde. Ésta es su decisión. Totalmente respetable, pero no coincido con ella, no tanto por el debate sobre si quitarse la vida o mandar que te la quiten es acertado o no, sino porque esta chica que contrajo matrimonio hace poco tiempo realmente no se ha enterado de nada. Empecemos por la frase: “En la salud y en la enfermedad… hasta que la muerte nos separe”. Esto es amor. Amarse cuando haya una salud de hierro y cuando falte, en la vejez y en la juventud, cuando nos sintamos útiles y cuando ya no sirvamos para mucho.

Esta joven había previsto el suicidio asistido para mañana día 1 de noviembre, pero lo ha pospuesto porque, en sus propias palabras, “todavía me siento lo suficientemente bien, todavía tengo la suficiente alegría, todavía río y sonrío con mi familia y con mis amigos, así que creo que este no es el momento adecuado”. Al parecer, el momento adecuado será cuando ella no se siente tan bien, porque el amor, para ella, es un sentimiento que viene y que va. Como llegará un momento en el que no se sentirá bien ni físicamente ni psicológicamente; lo mismo puede que no llegue a reconocer a sus familiares; por no decir que sufrirá mucho dolor por el avance de la enfermedad, Brittany prefiere quitarse del medio, así ella no sufre y los que están a su alrededor tampoco. Porque ese “hasta que la muerte nos separe” es la muerte que Brittany decide cuándo se ha de producir, no la que le viene dada y que desconoce por completo cuándo tendrá lugar.

Su madre le había dicho que no le importaba cuidar de ella en el estado en el que se encontrara y el tiempo que viviera, pero se ve que la joven no quiere hacer pasar por eso a sus familiares ni a ella misma. Es más, creo que primero ha pensado en la vergüenza que sentirá ella al ver sus capacidades físicas y psíquicas mermadas, y después en el supuesto daño que su enfermedad causaría a los demás.

Permitidme esta reflexión. Cuando el ser humano se expone a cualquier tipo de sufrimiento, es tanto el miedo que le genera que se olvida de amar, porque sólo piensa en que no podrá sobrellevar lo que está viviendo, incluso a veces se pone en lo peor antes de que llegue. Brittany no se ama a sí mismo, sólo se quiere cuando tiene salud, pero no cuando tiene una enfermedad terminal fulminante. Se considera como una carga y ha perdido el sentido de todo. No es capaz de aceptar esa situación, ni dejarse amar por los demás porque ella es la que está en el derecho a decidir sobre su vida.

Qué fácil es decir: “me largo, ahí os quedáis”. Hasta qué punto tiene que estar desesperada esta mujer para dejar de amar y estar dispuesta a abandonar a su marido, familia y amigos. Qué difícil le tiene que resultar levantarse cada mañana para luchar, cueste lo que cueste, por los que más quiere. Pensé que la juventud era un tiempo para hacer locuras, para amar, para luchar y volver a empezar, para ser optimisma y nunca perder la ilusión pase lo que pase. Se ve que Brittany es una excepción.

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Cáncer

Cuando de hoy para mañana te detectan un cáncer de cólon, la película de tu vida pasa por tu mente a la velocidad del rayo. Te pueden quedar días, meses o quién sabe si llegas al año, pero ves el final de tu vida más cerca que nunca. Y pensar que tu vida se está apagando y agotando como una vela…
Creo que eso es lo más duro de vivir, que todo se acaba. Para los que tenemos fe no se acaba, continúa, aunque de otra forma totalmente diferente. Por mucha fe que uno tenga, la vida en la tierra se termina, en el fondo y en la superficie se pone un punto y final a la multitud de folios que narraron tu vida. Se acaba tu familia (padres, hermanos, hijos, marido), tus amigos, tus compañeros de trabajo, tus conocidos, tus vecinos, tu ciudad. Todo. Y da pena porque bien vale una vida para ser vivida en todo su esplendor y en todas sus facetas. Cuando has aprovechado todos los días de una maravillosa vida que una vez te fue regalada, la verdad es que da pena que se acabe. Quizá quien malvive su vida estará encantado de quitarse del medio cuanto antes (porque para ellos la vida es una mierda), pero para aquellos que conocen el arte de vivir, la vida es una gozada. Tienen razón los que piensan que la vida es dura, pero no es solo eso. La vida es mucho más, fundamentalmente es amor. Dicen que el amor es el mejor remedio ante cualquier enfermedad. Hace poco leí un estudio científico que revelaba que las personas con cáncer viven más tiempo si están casados. El amor conyugal te da aliento, te anima a vivir, te transmite la alegría de vivir incluso cuando estás enfermo. Hoy en día son pocos los que saben vivir, los que han aprendido de verdad lo que es la vida. Solo hay que ver a los jóvenes (que viven para el desenfreno), a los adultos (que viven para el trabajo, el dinero y los placeres de la vida), y a los ancianos (que viven en las residencias porque nadie quiere hacerse cargo de ellos). Eso sí que no es vida, es malvivir. Vivir es mantener la existencia, la vida.
Cuando uno está en sus últimos momentos no tiene que entristecerse porque la vida se le acaba, sino que tiene que intentar prolongar ese estado de felicidad que procede de querer sacar el máximo partido a los días que le queden con vida. Y qué hacer cuándo no sabes cuánto tiempo te queda? Aprovecharlo al máximo. Si de mí se tratara (no me pongo como ejemplo de nada) intentaría hacer felices a los que me rodean.
Es muy común que cuando alguien tiene a un familiar enfermo, se le apague el ánimo, se ponga triste y no salga de su desánimo y desesperación, pero si algo hay que hacer es levantar el ánimo y querer que esos últimos días del enfermo sean los que más y mejor recuerde del amor, atenciones y cariño que recibió. No me gustaría estar el resto de mis días (cuando me llegue la hora) consolando y secando las lágrimas de los míos. “Solo se vive una vez”, dice una canción de las Azúcar Moreno. Por algo será que nos lo recuerden hasta en las canciones, porque a veces con el ajetreo de la vida se nos olvida aprovecharla y solo nos enteramos cuando nos damos de bruces contra el médico: tienes un cáncer de cólon. Mucho ánimo para un conocido mío al que le dedico este post.

Carmen Cáceres Calle

A la gente hay que quererla

Dicen que a la gente hay que quererla pero, ¿qué es querer a la gente? ¿Acaso es hacer daño a alguien? ¿Acaso es pisotearlo hasta más no poder? ¿Acaso es desearle lo peor? ¿Acaso es aprovecharse de él hasta el extremo? ¿Acaso es dejarle tirado? ¿Acaso es utilizarlo cual marioneta a tu antojo? Muchos responderíais que nada de lo descrito anteriormente es querer a una persona, pero hay gente que no sabe querer y quiere de esta forma, quizá hasta sin darse cuenta de ello.
Primero: Quien quiere a alguien de verdad no está dispuesto a hacerle daño nunca, es más, ni se le pasa por la cabeza. Quiere lo mejor para esa persona y procura dárselo cada día porque ve al otro como un regalo, como la mejor joya que ha podido encontrar y una vez que la encuentra, la cuida sin escatimar esfuerzos.
Segundo: Quien quiere a alguien de verdad no pisotea al otro ni es feliz poniéndole la zancadilla ni haciéndole sufrir. ¿Cómo vas a pisotear a la persona que se supone que es a la que más quieres en este mundo? Si fuera tu peor enemigo quizá entiendo que quieras librarte de él, hundirlo en la miseria o herirlo por los cuatro costados, aunque no lo comparto porque ya sea al que más quieres o ya sea tu enemigo, como encabeza el título de este post: a la gente hay que quererla.
Tercero: Querer es desear lo mejor para la otra persona, no lo peor. Quien quiere lo peor para ti o quien saca lo peor de ti no te quiere de verdad. Quiere amargarte la vida y hacerte daño y, créeme, la vida es demasiado larga y trae consigo ya bastante sufrimiento como para querer echar más leña al fuego. Por eso, quien te quiere así no te quiere y te está echando a perder lentamente.
Cuarto: Si de verdad te quiero no me aprovecho de ti para mi propio beneficio. Pongamos el ejemplo de una pareja de novios: no te meto mano aprovenchando que estás con dos copas de más, ni me enrollo, ni te llevo al huerto en 0,2 segundos. Tampoco eres un esclavo para mí o una marioneta a mi antojo: “Haz esto, haz lo otro, ven para acá, vete para allá, pon esto aquí, saca esto de allí”, etcétera. Una cosa es la frase de “dos tetas tirán más que dos carretas” y otra distinta es que tienes que hacer lo que yo diga, me obedeces y punto. El otro también es persona, tiene su dignidad y debe ser respetada.
Quinto: Si te quiero no te dejo tirado cual bolsa de basura en el contenedor. Si te quiero te lo demuestro, no te digo “vete a paseo y no vuelvas” o “si eso ya luego hablamos que ahora me voy con mis amigos”. Cuando alguien te quiere va contigo a todas partes (aunque no le guste porque lo hace por ti) y no puede vivir sin ti.
¿Queda claro lo que es querer a alguien de verdad? Aunque parezca que “ojos que no ven, corazón que no siente”, el corazón sí que siente y sabe cuándo un amor no es verdadero.

Carmen Cáceres Calle

Distancia

Que alguien me lo explique porque no lo entiendo. No entiendo a la gente que piensa que la distancia mata la relación entre dos personas. ¿Pero qué me estás contando? Es como si tú te tuvieras que ir a Londres por trabajo y yo te dijera: “pero… ¿qué va a pasar con tus padres?” ¿A que ni te lo planteas? De hecho, tu respuesta sería clara: “Que ahí están y ahí seguirán”. No dejan de ser padres, ni son menos padres por mucho que tengan a un hijo en la distancia o no lo puedan ver con la frecuencia con la que les gustaría; y viceversa, un hijo no deja de ser hijo por muy lejos que esté de sus padres, es más, todavía debería de cuidarlos más si cabe. Pues lo mismo con tu pareja. Ahí está y ahí seguirá. Ojo al dato: no todas las parejas son iguales, pero una pareja que va en serio (no de tonteo ni para pasar el rato), que tienen los dos las cosas claras y quieren un futuro juntos, pues creo que sobran las palabras para decir que, por mucha distancia que haya eso no va a impedir que ese amor siga su curso y siga creciendo cada día más porque el roce hace el cariño y cuando no se pueda rozar a alguien porque no la tienes al lado, ni abrazar, ni besar, pues no por eso hay menos cariño. Precisamente, saldrán a relucir otras manifestaciones de cariño que hasta ahora ni se te habían pasado por la cabeza, ya sea un correo electrónico, una carta de tu puño y letra, unas flores encargadas por teléfono, skype o videollamada. Por tanto, la pregunta de qué va a pasar, sobra. No va a pasar nada nuevo. Mi vida no cambia porque no tengo al lado a mi pareja. Se puede no tener al lado al otro y ser super fiel a él o a ella porque todo es cuestión de querer (voluntad). Si quieres a una persona, ni la mayor distancia terrena podrá separarte del otro, pero, lo más importante, es que tú no querrás separarte de esa persona.
Analicemos, por un momento, qué se le pasa por la cabeza al susodicho o susodicha que te coje por banda y te suelta esa pregunta. ¿Será que piensa que la distancia implica ponerse los cuernos el uno al otro? ¿O que al cambiar de ciudad o país se empieza una vida nueva desde cero y hay que hacer borrón y cuenta nueva? ¿O que es absurdo cambiarte de lugar por motivos de trabajo y seguir estando atado a la ciudad que dejas porque mantienes una relación con alguien? ¿O que no vas a disfrutar lo mismo allí estando soltero que ennoviado? Me atrevería a decir que he acertado en todas mis conjeturas, no obstante, esto no deja de ser una reflexión sobre el noviazgo en la distancia. Que cada cual saque sus propias conclusiones, pero creo que es posible que un noviazgo sobreviva a kilómetros de distancia porque cuando dos personas se quieren todo lo demás sobra. Quien quiera entender que entienda.

Carmen Cáceres Calle

Lolo

Tio Lolo,
¡Me tienes contenta! ¿Por qué te fuiste sin avisar? ¿Por qué una buena mañana sevillana de Domingo de Ramos, justo el día de tus sesenta cumpleaños, decidiste dejarnos? Nunca olvidaré ese día, pero nunca me olvidaré de ti. Difícilmente uno se puede olvidar de ti, tio Lolo; ni proponiéndoselo. Eras el mejor tio (pero que no se enteren los demás porque se pican). Siempre tenías un chiste en la boca para hacernos reír, una palabra acertada para levantarnos el ánimo, un guiño de ojo para mostrarnos tu cercanía y confianza, y una sonrisa que ni la mayor crisis ni el cinturón más ajustado te quitaron de la boca. Eras el más gracioso y guasón. Contigo teníamos asegurado echar un gran día en familia, donde las penas se dejaban a un lado para iluminar con tu luz siempre tan optimista. Eras un “cacho pan” y te confieso que se me caía la baba contigo (y se me sigue cayendo cuando me acuerdo de ti). Menos mal que son babas y no lágrimas, verdad? Seguro que no te gustó nada que lloráramos en tu funeral, pero no nos quedó otra. Y eso que te fuiste al Cielo con una sonrisa en los labios. Desde luego que el mismo día que nos dejaste te imaginé en el Cielo haciendo llorar de la risa a todos -e incluso a más de uno se le escaparía el puntillo- y correteando con el Señor a hombros (como en cada Semana Santa cuando salías de costalero). Ese “al Cielo con Ella” y con Él te ha llevado directo. Gracias tito, porque hasta el último día, tú y la tita me habéis enseñado lo que es el amor entre dos esposos. Cuando te tuviste que quedar ingresado en observación (por si las moscas), ya que tu corazón empezó a resentirse, he aprendido lo que es amar y te confieso otra cosa: quiero que mi matrimonio sea como el tuyo (o sea, que ya me puedes echar un cable, majo). La tita se tuvo que ir a dormir a casa, pero como si no se hubiera ido. Creo que ella nunca se imaginaba que iba a ser la última vez que te vería con vida. Antes se irse te dejó el móvil debajo de la almohada y ahí empezó vuestra noche de bodas, más bonita y real que he visto nunca. Cuando no te llamaba la tita, le llamabas tú. A la 1 de la mañana, a las 2, a las 3, a las 4, a las 5, a las 6, a las 7 y a las 8 fue la última vez. Una noche de risas, de recordar momentos, de pasarlo bien juntos (a pesar de estar en un hospital) y mimaros el uno al otro con pequeños detalles que no pasan desapercibidos ante los ojos de dos enamorados. Y así toda la noche: cuidándoos, amándoos, queriéndoos y entregándoos. A las 8 le dijiste a la tita que te encontrabas estupendamente, que se pusiera guapa y te llevara ropa arreglada para iros a ver pasar la Virgen de la Paz por el parque María Luisa. A las 8.20 llamaron a la tita para que fuera al hospital porque el médico la quería ver (tampoco se imaginaba que era para darle esa noticia). Ella te volvió a llamar al móvil y ya no contestabas. Cuando llegó, ya te habías ido. Tito, lo tuyo fue muerte súbita y los médicos, por más pastillas que te habían dado para evitar un infarto y más controlado que estabas de tensión, de pulso y de todo, no pudieron hacer nada. Te tenías que ir. Había llegado tu hora. Tu corazón pegó un bombazo alucinante. ¿Y sabes qué? Que yo sé por qué fue. Por amor; de amor. No se podía amar tanto a la tita, Lolo. La querías como hueso de tus huesos y carne de tu carne. No podíais ser más el uno para el otro, y eso que cuando os ennoviasteis nadie daba un duro por los dos. Y mira tú cómo no has podido tener una vida más llena y más feliz. Gracias, tito Lolo, por enseñarme tantas cosas, entre ellas a amar y hacer felices a los demás. Gracias de corazón.

Carmen Cáceres Calle

Flechazo

Me da la risa cuando mis amigas se enamoran. En este caso, fue él quién se enamoró ciegamente de ella (un flechazo a primera vista) hasta el punto de decírselo al día siguiente de que los presentaran. “Ana, me quedé prendado de ti desde el primer día. Me gustas mucho”. Claro, que la respuesta de Ana era de esperar. Ante tal sorpresa respondió borde y a la defensiva. “¿Qué?” (como diciendo: Así no, Pablo, así no) y le paró los pies del tirón. Pero Ana no se libraría tan fácilmente de Pablo porque a ella le hacía gracia, vamos, que le gustaba. Es más, empezó a odiar la reacción que tuvo con él. “¡Qué tonta he sido! No me lo esperaba y le he mandado a paseo, pero no quiero que se vaya”. Aquí jugó un papel importante el whatsapp. Pablo siguió interesándose por Ana y le escribía. Ana respondía. Y poco a poco fueron quedando para cenar y pasear o, simplemente, se llamaban por teléfono. Esto iba viento en popa hasta que, de repente, Pablo ya no respondía a los whatsapp. Y aquí empiezan las películas mentales de las mujeres, que somos bastante complicadas. “Le dejé bien claro desde el primer día que si iba en serio conmigo, me dijo que sí y yo, como una tonta, le creí y ahora pasa de mí”. Obviamente, no pasaba de ella, pero Ana lo veía así. Dejando a un lado esta historia, es gracioso observar cómo la mayoría de las mujeres experimentan lo mismo. Te escribe un chico y si te gusta, le haces caso, pero parece que cuando más caso le haces, más pasa él. Entonces, lo mejor es dejar que sea él el que mueva ficha. Cuando pasas de él, entonces intenta captar tu atención y como sabe que eres una mujer difícil de lograr, empezará a conquistarte. Ana seguía flipando con Pablo hasta que pasó de él, fue entonces cuando Pablo respondió al cabo de un par de días y Ana volvió a hacerle caso porque, en el fondo, le gustaba. Y a día de hoy siguen así: quedando y conociéndose un poco más antes de empezar el noviazgo. Quizá esta historia algún día tenga un final feliz pero, de momento, habrá que esperar…

Equivocarse

“No, mira, es que no me quiero equivocar otra vez”. Estas palabras las suelen repetir con frecuencia gente que ha puesto fin a su relación de noviazgo y no han acabado muy bien. Conozco varios casos y es normal. Uno se ilusiona mucho y luego todo se va a pique, otra piensa que es el hombre de su vida y estaba ciega. En fin, “el mundo de las relaciones” (sería un buen título para un libro). Quizá me animo a escribirlo en algún momento de mi vida o antes de ponerme a ello realizo el máster de matrimonio y familia de la Universidad de Navarra, que suena bastante bien). Analicemos las palabras del comienzo porque son para sacarle jugo. “No, mira”. De primeras, ya le estás diciendo a alguien que no, estás cerrado de antemano. Ese decir “no” no tiene por qué ser de palabra, pueden ser hechos. Por ejemplo, alguien me declara su amor y le lanzo esta frase, o alguien va detrás mía y actúo como esta frase, o lo que es lo mismo, paso de ti porque no me interesa porque “no me la quiero volver a pegar”, es decir, quiero estar muy seguro, si cabe, 100% seguro. Imposible, pero se puede vivir en una utopía. “¿Cangelis?” Puede que te entre por el cuerpo un cague gigante. Esa persona no te disgusta pero te cagas solo con dar ese paso porque “no me la quiero volver a pegar”. La vida tiene su punto de atrevimiento. Hay gente que nunca se lanza (timidez absoluta), otros que son demasiado lanzados pero no se comen un rosco, algunos tienen que ser pescados porque si por ellos fuera se mueren antes de declarar su amor a alguien. Para gustos los colores, pero es imposible asegurarte de que “no te la vas a volver a pegar”. Con lo cual, cuanto menos lo pienses, más feliz serás. Ahórrate dolores de cabeza. Por tanto, si es imposible saber si te vas a equivocar o no, al menos intenta no equivocarte. Es muy fácil, pero solo requiere una cosa: ojos en la cara o lo que diría mi madre: “verlas venir”. Es muy sencillo: abre los ojos, mira a tu alrededor y fíjate bien en quién te presta atención, quién pone interés, quién hace el pino puente para ponerse a tu lado, quién tiene detalles contigo, quién te llama la atención y te hace reír, quién está pendiente, quién te escucha o te da conversación, quién te sigue el rollo, quién se hace el encontronazo y un largo etcétera. Entonces, tienes más posibilidades de acertar porque todo ese conjunto de cosas que parecen chorradas simbolizan el “te quiero a ti y quiero que seas para mí”. No es una frase bonita, es “me lo estoy currando y te lo estoy demostrando”. No dejes que las malas experiencias de tu pasado impidan el desarrollo de tu futuro.

Tontear

Que me perdonen si no voy a la moda pero no entiendo a los tíos que tontean con las tías, ni viceversa. Eso ni es amor ni es nada que se le parezca, es echar un rato y ya está. Quizá por eso se le llama tonteo, por “hacer el tonto”. Se supone que es un rato y no toda la vida. “Se supone”. Pero… ¿de qué sirve tontear? Cuando se es adolescente y se tienen las hormonas alteradas puedo entender que el cuerpo te pida eso. Vamos a decir que es una excusa barata: “no soy yo, es mi cuerpo y no lo controlo”. Vale, falta de dominio de todo puberto. Pero cuando se es adulto y ya se tienen las hormonas estabilizadas, no hay excusas. Es simple y llanamente que tienes la necesidad de estar con todas y con ninguna porque, al final, en el fondo es eso, no estás con ninguna. Pensémoslo en seco: cómo un tío va a estar con una tía si tontea con las demás. La tía ya tiene que ser tonta de remate para salir con un chico así. Hay cosas que sigo sin entender y no entenderé nunca. Gente con edad de tener una familia, de hacer algo con su vida o de plantearse una relación seria sigue erre que erre cojeando de la misma pierna, estando con todas y estando sin nadie. Mejor solo que mal acompañado, pero de seguir así el futuro huele a soledad. Yo me dejaría de tonteos, va siendo hora, porque cuando uno experimenta el amor verdadero, ése no se cambia por nada.

Conocerse

Es el punto clave de una relación y, más que de una relación, de antes de empezarla. Coincidí con una chica que, después de cuatro años con su novio, lo ha terminado dejando. Y estaba triste, pero a la vez alegre. Nunca es tarde para cortar con alguien y más si sabes que “como me case con esa persona me voy a acabar separando”, frase literal de esta chica. Pues entonces no te cases, porque luego la vida es muy larga y es mejor tomar decisiones que lleven tu vida hacia adelante y no hacia atrás. Te puedes equivocar -todos somos humanos- pero intenta acertar, al menos intenta dar en el clavo con tu elección. Porque los seres humanos estamos para caminar siempre de frente y no para andar como los cangrejos. ¿Pero qué es conocerse? Pues rozarse. “El roce hace el cariño”, así termina  Luis Piedrahita uno de los monólogos. ¿Por qué será? Porque para conocerse hay que invertir tiempo. Y conocer a una persona es algo de lo que nunca te vas a arrepentir y es la mejor “empresa” en la que puedes invertir tiempo (y más si vas buscando al hombre o mujer de tu vida). Y aquí voy a abrir un debate. ¿Se puede conocer a alguien dentro de un grupo? Algunos pensaréis que sí, que por qué no, pero yo me iré al bando contrario, que no. Es muy difícil conocer a alguien tal y como es dentro de un grupo de personas por la sencilla razón de que uno, cuando está rodeado de gente, no se muestra como es: intenta hacerse el chulo, ser el mejor, llamar la atención, hacer el capullo (generalmente) o se puede morir de vergüenza y cerrarse en banda por la sencilla razón de que no está a gusto. Ya lo decía mi profesor Alejandro Navas, que “en un grupo uno no actúa igual que cuando está solo y que dentro de un grupo se pueden hacer muchas cosas que luego, individualmente, ni se te pasan por la cabeza”. En definitiva, venía a hablar del poder de un grupo. Llegados a este punto, me podréis contestar que lo mismo puede suceder de tú a tú. Venga, os doy parte de razón. También se puede quedar bien delante de una persona y actuar, aunque dudo de que si estás con una persona quieras ser así, porque esto sí que sería una pérdida de tiempo. Para eso dedícate a hacer punto de cruz, a no a hacer perder el tiempo al otro, ni a ser más falso que Judas. ¿A dónde quiero llegar? Pues a algo muy sencillo: no hay que quedarse con la percepción de una persona dentro de un grupo y hay que conocer a la gente personalmente. Quizá, conociendo y tratando a alguien fuera de un grupo es cuando te das cuenta de que una persona puede merecer mucho la pena e incluso puede que hasta sea para ti, mira tú por dónde. En un grupo estás ciego y luego se te abren los ojos cuando te tomas un café, te das un paseo, te quedas solo pidiendo una copa, te vas a cenar o la acercas a casa. Sin conocerse es imposible enamorarse. Ahora bien, sin quitarse los prejuicios de la cabeza también es imposible conocerse y, por ende, enamorarse. ¿Te quieres enamorar? Empieza por ahí porque valdrá la pena y no olvides que el roce hace el cariño.

Spot beso

Si pudieras besar solo a una persona el resto de tu vida, ¿quién sería?

Este anuncio es realmente bueno. Me quedo con la última respuesta: “a mi marido”, incluyendo el guiño de ojo al estilo The Artist. Desde luego, no me casaría con él por ser “tan guapo y tan romántico”, como dice esta chica. En cuanto a las otras respuestas, en el mundo tiene que haber de todo. Hombre, lo de besar a la novia está genial pero no para el resto de tu vida. Lo ideal sería que esa novia llegara a ser tu esposa. Por otra parte, la mujer que dice “a mi jefe” es tremenda. O se lía con él o lo verá en sueños. ¿Tanto quieres a tu jefe como para besarlo el resto de tu vida? No me lo creo. “Pero no se lo digas”, dice. ¿Se puede ser más astuta? Me da a mí que esta chica está deseando tener algún rollo con su jefe. En fin, dejémoslo ahí porque hay amores que no entiendo (si se les puede llamar amor). Serán pasión, flechazo de un momento o yo que sé. Y la respuesta del hombre es para remangarse y pegarle dos tortas bien dadas, sobre todo por reírse. ¿Cómo se puede tener la cara de decir: “A cualquier mujer menos la mía”? Qué paciencia! Estará de guasa, para variar. ¿Y tú, coincides con este anuncio en la persona a la que besarías para el resto de tu vida o se te ocurren más ideas?