Termina el año

“Sé amable, pues cada persona con la que te cruzas está librando una dura batalla”.

Cuando está a punto de terminar el año, muchos padres de familia no solo están ultimando las compras para la cena de fin de año sino que están cerrando las cuentas con el banco. ¿Cuánto tengo? ¿Con qué cantidad de dinero cuento para la cuesta de enero? ¿He pagado todo lo que tenía que pagar? Balance también con el trabajo. ¿He llegado a todos los objetivos que me marqué a principios de año? ¿Cuántos clientes me han sido fieles y cuántos he perdido por la dura competencia?

Algunas empresas suelen dar premios a los trabajadores que más venden o a los que consiguen más clientes. Una meta que motiva a los empleados que luchan todo el año con valentía y decisión para alcanzar ese objetivo. El premio es de 4.000 euros y siempre lo gana la misma persona: un padre de familia muy trabajador, conocido por su profesionalidad y don de gentes. Nada se le pone por delante para luchar, salir a la calle, buscar nuevos clientes y atender a los que ya tiene de manera personalizada, precisamente porque le interesa que estén a gusto y encantados con el producto o servicio que les presta.

¿Pero sabéis lo que hace cada año que gana ese premio? No viaja, tampoco le da una tarjeta regalo a su mujer para que se compre ropa, ni se encapricha con una moto. Lo que gana le sirve para seguir pagando. C’est la vie de los padres de familia. Trabajar todos los días por sacar adelante a su familia y llevar dinero a casa. Él ha tenido la suerte de dar con una empresa que premia la profesionalidad y lograr los objetivos marcados. A otros les llega la paga extra en Navidad y en verano, pero algunos se tienen que conformar con no ganar nada extraordinario.

Cuando ves que todos los años alcanzas lo que muchos de tus compañeros consideran inalcanzable, cuando trabajas cada día y cada mes con todo tu empeño y todas tus fuerzas no solo para poder alcanzar los retos que se han marcado sino poder superarlos, y cuando ves que todo el 2013 la gente ha estado mirando el bolsillo más que nunca para poder ahorrarse unos euros porque la economía sigue en crisis, entonces es cuando te das cuenta de que por primera vez no vas a alcanzar la meta, ni ganar para seguir pagando. Al menos a este hombre le queda la satisfacción personal de haber hecho todo lo que estaba de su mano.

¿Cuántas batallas hay en la vida? Incontables. ¿Cuántas batallas tendremos que ganar el año 2014? Si se puede, todas.

Carmen Cáceres Calle

Referencias

“¿Y usted? ¿Tiene referencias?” Así termina un mítico anuncio de Coca Cola y así empiezo este nuevo post. Si tuvieras que elegir un número del 1 al 10 en cuanto al orden de importancia a la hora de encontrar trabajo, ¿qué le darías a las referencias? Más de uno respondería que un 10. Tener referencias a día de hoy es fundamental para no comerse un rosco en el mundo laboral y comérselo por Navidad, que es la fecha ideal. Desde un amigo de tu padre hasta la vecina pueden abrirte la posibilidad de adquirir un nuevo trabajo. La fórmula es sencilla: el boca a boca. Hay un hueco en esta empresa, se busca un nuevo perfil para un determinado puesto, se va a abrir una nueva tienda, hace falta más gente porque están en plena expansión… Todo esto y mucho más llega a nuestros oídos, nos lo comentan personas que nos vamos cruzando en nuestra vida, por si da la casualidad de que conocemos a alguien que esté buscando trabajo.

Claro, antes que acudir a una eterna bolsa de empleo a encontrar al mejor candidato, acudo a un amigo o conocido para ver si me ayuda más rápido y así me ahorro de perder el tiempo entre currículos. Y no solo eso, más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer. Total, que si tienes referencias de un amigo ya estás dentro de la empresa. Por eso hay que tener buenos amigos y rodearse de buena gente, porque el día de mañana quién sabe si te sacarán de la cola del paro o te pondrán en bandeja un trabajo más digno, económicamente hablando.

Es relativamente fácil tener amigos y multitud de referencias de personas que te conocen o han trabajado codo con codo contigo. La cuestión no es esa. La cuestión es que ahora viene lo más difícil para esa persona que acaba de encontrar un puesto de trabajo gracias a su amigo: hay que demostrar que vales y que lo que dicen de ti es cierto. No te vayas a dormir en los laureles porque ahora te ponen a prueba.

Muchas veces quizá las empresas dicen que sí a un candidato por lo pesados que son algunos de sus conocidos y porque prefieren en su empresa a uno con referencias que a uno de la calle. La calle está fatal, solo hay que salir para verlo, y el trabajo está que arde. Quien no roba cobra en B y, por eso, antes de que me desvalijen la empresa prefiero a alguien de confianza. Los contactos y las buenas referencias ayudan, pero no hay que olvidar que lo mismo te enchufan que te desenchufan con la misma rapidez, precisamente porque las empresas tienen muchos amigos y conocidos. No desaproveches esa oportunidad que te ha brindado un amigo, familiar o vecino gracias a otro amigo o conocido porque en el fondo, al final, el trabajo es una larga cadena de favores.

Carmen Cáceres Calle

Empresas y periodistas, combinación explosiva

Hay empresas y empresas, pero ¡ay de las que no quieren saber nada de la comunicación! Dios les acompañe en su futuro, porque lo tienen crudo. Si no te conocen, estás muerto; pero mira tú por dónde que, aunque se lo repitas a los empresarios por activa y por pasiva, lo primero que se recorta en tiempos de crisis son los departamentos de comunicación de las empresas. Ellos se lo pierden porque a la larga salen perdiendo, y ¡ay de una empresa sin visión de futuro!

Me llaman poderosísimamente la atención algunas empresas. Por ponerte un ejemplo, voy a empezar por hospitales que tienen un gabinete de comunicación externo o a cientos de kilómetros de distancia. Tener eso y no tener nada es lo mismo porque, o estás en el hospital y sabes lo que se cuece en los pasillos, conoces al dedillo a los profesionales que trabajan allí y respiras el mismo aire que los pacientes; o no conoces el hospital. Las distancias en las labores de comunicación suelen ser perjudiciales porque no se puede comunicar lo que no se conoce. ¿Y hasta qué punto se conoce la vida de un hospital sin estar allí? En este sentido, el Grupo privado Viamed Salud está a años luz del Grupo Quirón. Según mis últimas noticias, hace un par de meses el Grupo Quirón incorporaba a su hospital de Marbella y Campo de Gibraltar a una periodista en su departamento de Comunicación. Con esto lo digo todo. Cuando un hospital está creciendo y ya tiene vida propia hay que delegar en otra persona in situ, porque allí será más eficaz que en la distancia, aparte del ahorro que supone en viajes.

Por ponerte otro ejemplo, una empresa constituida por un par de socios decide después de años apostar por un periodista que se encargue de generar contenidos de valor en la página web -para hacerla más activa- y mejorar su perfil en las redes sociales, porque ninguno tiene tiempo para hacerlo. Últimamente, los tiros de las pequeñas empresas van por ahí, de quitarse muertos de encima. ¿Cuál es el problema? En primer lugar, que no quieren pagar el dinero que ese trabajo vale -pues entonces que se sirvan de algún pariente cercano que lo haga gratis-; y en segundo lugar, que no suelen estar del todo convencidos. La empresa quiere mejorar esos aspectos de comunicación, pero no acaba de verlo claro. Lo ve como algo importante, porque sus clientes están en internet y en las redes sociales, pero no tiene una estrategia de comunicación montada y estudiada, vamos, un poco a lo que vaya saliendo. Gravísimo error.

Varios consejos para las empresas:
– Si pensáis que del blog y de las redes sociales os podéis encargar vosotros mismos, hacedlo.
– El trabajo de un periodista se paga, quizá el del becario un poco menos (por eso de que están sin experiencia laboral), pero para no cobrar preferimos una ONG y al menos así ayudamos a los demás.
– Quitaros de vuestra cabeza lo de “te pago menos los primeros meses porque todavía tu trabajo no ha dado resultados”. Los resultados no llegan de un día para otro ni de un mes para otro. El precio pactado es el precio pactado. Es más, cuando empiece a dar resultados hablaremos entonces de una subida de ese precio. Si te parece bien, bien; si no, lo dejamos. Las cosas claras y desde el principio, que luego vienen los malos entendidos y los dolores de cabeza innecesarios.
– Si decides contratar a un periodista y pagarle lo el dinero acordado, déjale trabajar. Si contratas a alguien es porque te fías de su profesionalidad y de su trayectoria laboral. Pues entonces, déjale trabajar y no lo ates tanto en corto porque vas a conseguir que se canse y se vaya.
– Si decides contratar a un periodista, no insistas erre que erre con el precio porque no lo va a bajar. Es más, si quieres saber lo que realmente vale su trabajo, hazlo tú. De esa forma valorarás el tiempo que dedica esa persona a mejorar la imagen de tu empresa con contenidos de interés para tus clientes.
– Si le vas a pagar al periodista lo acordado, no vengas al cabo de los meses con requisitos de idiomas. Eso no era lo pactado en un principio. Si tu empresa está en expansión, enhorabuena, pero si quieres que el periodista domine dos idiomas o los que sean, págale las clases particulares o la academia. Invierte en la formación de esa persona, ya sea contratada o autónoma.
– Cuando el periodista empiece a funcionar y los resultados vayan llegando poco a poco no querrás que se vaya de tu empresa, es más, nunca os vais a arrepentir de contratar a un periodista para que os gestione la comunicación de vuestra empresa, ya que si lo hacéis vosotros estáis sobreviviendo de alguna manera, pero no construyendo el futuro de vuestra empresa. A la larga, os perjudicará.

No hay nadie que conozca mejor una empresa que el que la ha creado, pero el periodista es el que está cualificado para explotar esas líneas de comunicación con el cliente, porque sabe cómo hacerlo y porque no le faltarán ganas para “hacerse una sola carne” con la empresa. Si el empresario es el capitán, el periodista es el segundo de a bordo. Partiendo de esta premisa, es fundamental que el empresario se siente con el periodista y dialoguen porque dos cabezas pensantes hacen más que una y porque lo que no se le ocurra a una, a la otra sí. Y lo que se pueden aportar ambos es brutal. Ahí dejo esta reflexión, pensando en empresas que pueden triunfar, pero que siguen poniendo trabas. Solo triunfa el que se lanza.

Carmen Cáceres Calle

Profesionales chapó

No quepo de alegría al conocer la trayectoria profesional de mis compañeros de clase de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra. Con apenas 25 años, si los han cumplido ya, están despegando de una forma vertiginosa. Algunos empezaron en 4º de carrera, cuando les compraron el proyecto fin de carrera, me refiero a la revista de deportes Quality Sport. Otros están comenzando ahora a sobresalir y quién sabe si algún día serán grandes, mucho más de lo que son ahora.

Álvaro Anguita (Alo para los amigos) está feliz, muy feliz. Después de mucho tiempo peleando por hacerse un hueco en el mundo de los blogs, por fin ya es colaborador-corresponsal de ABC. Gracias a su cuenta de Twitter @Buenapublicidad, su página de Facebook “Me encantan los buenos anuncios” y a la ayuda de su amigo y también nuestro compañero de clase, Xabi Colmenero, podrá escribir sobre publicidad y creatividad con total libertad, en una de las mejores cabeceras de España.

ABC

Alejandro Palacios (Alex para los amigos), también está pletórico de alegría. Le acaban de escribir de Periodista Digital para hacerle un blog personal dentro del periódico y subir sus viñetas cristianas semanalmente.

Viñetas

Sin duda, estos son dos ejemplos de una lista que en unos pocos meses o años irán in crescendo. Son profesionales chapó, trabajadores natos, enamorados de su profesión, con una exquisita formación y eso, se nota. ¿Qué más se puede pedir? Enhorabuena!

Carmen Cáceres Calle

Endogamia

La endogamia es una actitud social de rechazo a la incorporación de miembros ajenos al propio grupo o institución. Por suerte o por desgracia, dependiendo del prisma por donde se mire, la mayoría de los sevillanos somos así. Lógicamente, habrá de todo pero, por lo general, Sevilla es una ciudad muy “echá pa’ lante”, pero muy suya. Esto tiene tanto su parte positiva como su parte negativa. La positiva es que sacamos las uñas y los dientes para defender lo nuestro, nuestras raíces, nuestras costumbres, por ejemplo, las procesiones, la feria de Abril, la historia de nuestra ciudad; y a ver quién tiene narices de quitarnos algo, de cambiar lo más mínimo o de criticar a esta ciudad porque, directamente, te la estás jugando. Si no, que se lo pregunten a los políticos. Todavía recuerdo la época en que saltó a debate en la opinión pública el tema de los crucifijos en las aulas y el Señor Alcalde -ya que estaba en boca de todos quitar a Dios del medio-, hizo ademán de plantear eliminar las procesiones de esta ciudad. Vamos, casi le crucifican. ¿A quién se le ocurre? ¿Quién es el alcalde para eliminar siglos de historia de esta ciudad? Tiene que ser realmente difícil gobernar Sevilla porque la gente, si algo tiene, es que no se calla. Cada vez que se va a modificar algo en la ciudad, por muy pequeño que sea, los sevillanos siempre tienen algo que decir. Si no les gusta, se echan al cuello de más de uno, y si están en contra, mueven Roma con Santiago y todo lo que haga falta para salirse con la suya. Mucho ánimo, Zoido, porque hay que estar metido de lleno y hasta el fondo en esta ciudad, vibrar con lo que vibramos y sentir con lo que sentimos para no fastidiarla. La parte negativa es que estamos tan encerrados en “lo nuestro” que cuando viene alguien de fuera a vivir a Sevilla, entre otras cosas, las pasa canutas, porque está más perdido que el barco de vapor; y no precisamente por el acento, sino porque siempre salimos por la tangente. No hay quien nos pille. En algunas ocasiones, he escuchado que a los sevillanos no se nos puede hablar de frente porque nos sienta fatal; es más, al minuto uno o te dejamos con la conversación en la boca mandándote a paseo, o te tachamos de borde. ¡Ojo! Y como un sevillano te encasille, prepárate para hacer las maletas y emigrar porque la voz corre como la pólvora (exagerando un poco). Se nos tiene que hablar con mano izquierda y con rodeos. De hecho, resulta llamativo cómo cuando alguien del norte de España conoce a un andaluz, al final siempre acaba concluyendo lo mismo: “Eres muy divertido, simpático, extrovertido y mil adjetivos más, pero en el fondo no te conozco, no sé quién eres, no sé cómo piensas”. En fin, como ya dije antes: no todos somos así. Somos un poco cerrados de mente para lo que no conocemos, por la sencilla razón de que no nos fiamos. Algo comprensible pero, al final, si uno no se abre, pues no está dispuesto a conocer y así nos podemos llevar toda la vida, como una pescadilla que se muerde la cola. Esa actitud de rechazar que alguien forme parte de tu grupo o institución puede reflejarse en dos ejemplos: dentro de tu grupo de amigos y en una empresa. Las pandillas en Sevilla normalmente están cerradas, es decir, siempre nos rodeamos de los mismos, de gente con la que tenemos algo en común: ser de la misma ciudad, estudiar lo mismo, tener unas ideas parecidas o llevar el mismo estilo de vida. No hay nada de malo en eso, todo lo contrario, uno tiene que ser amigo de sus amigos pero, el hecho de abrirnos a gente distinta de nosotros (sea de Sevilla o no) nos da la oportunidad de conocer a gente diferente, de ampliar horizontes, de aprender cosas nuevas, en definitiva, de ir más allá de lo conocido para descubrir nuevos paraísos intelectuales, profesionales, humanos y espirituales. Lo mismo en el caso de una empresa. Me llamó la atención cuando coincidí en una comida con el rector de la Universidad de Loyola, Gabriel Pérez Alcalá, que decía que el gran problema de la Universidad de Sevilla era la endogamia. Comentaba que ellos, actualmente, se encontraban contratando a personal docente para incorporarlos al próximo curso 2013 (año en el que comenzaría su andadura esta Universidad) y que optarían por ver los currículo más interesantes, sin importarles que fueran o no nacidos en Sevilla. Vino a decir que si tienes un currículum de un profesor formado en Harvard y al lado otro de uno formado en Sevilla, pues nos quedamos con el de Harvard, por la sencilla razón de que está más y mejor preparado que el otro, y lo que buscamos en nuestra Universidad es la calidad docente. A un sevillano lo contrataría siempre y cuando esté muy bien preparado, formado y con un currículum que destaque. Por ser sevillano no le vamos a contratar, porque ya estamos cansados de los enchufes. Muchas veces pienso, ahora que estamos en tiempos de crisis, que algunos de los que entregan currículos (no solo los jóvenes) están más preparados que muchos de los que están dentro de las empresas, pero como el currículum se lo entregas a una persona, cuando ésta le eche un ojo (si se da el caso), inmediatamente lo tira a la papelera, vaya a ser que le quites el puesto o entres en la empresa, le hagas la competencia y destaques más. Y esto es así. Aquí se funciona mucho por enchufe y lo de menos es que estés preparado para el puesto en cuestión; o al menos, son pocas las empresas en Sevilla que valoran que estés cualificado.

La verdad por delante

Hablando sobre la importancia de un buen currículum para encontrar trabajo en tiempos de crisis, me daba cuenta de que lo realmente importante es ir siempre con la verdad por delante. Algo crucial tanto a la hora de redactar un currículum como para la vida misma porque al igual que no es del todo correcto poner en el currículum un nivel de inglés que no tienes, un curso que no has realizado o unos meses más de estancia laboral en una empresa; tampoco se debe mentir en cuanto al puesto laboral que ocupas actualmente o venderlo mejor de lo que es.

Expongo ahora un caso real. Una periodista que colabora en Castellón con un periódico relacionado fundamentalmente con temas de salud acaba de montar su propia agencia de comunicación en salud. Como toda empresa que acaba de nacer, el reto está en darse a conocer porque si no te conocen estás muerto y, para más inri, en todo este conglomerado está muy presente la competencia. Se ve que lo tiene bastante crudo.

Pues bien, se puso entonces manos a la obra y decidió enviar correos electrónicos a todos los hospitales y centros de Atención Primaria de la Comunidad Valenciana para presentar su agencia. Sin duda, una tarea bastante ardua y complicada ya que había que conseguir, por un lado, mantener la atención de los destinatarios y, por otro lado, que terminaran de leer el email y no pasaran tres pueblos del rollo que les estaba metiendo.

Como chica lista encabezó su email comentando primero que trabaja como colaboradora para un periódico en la Comunidad Valenciana y más adelante explicaba que había decidido montar su propia empresa. Así fue fácil que leyeran todo el contenido del correo electrónico porque ese periódico es bien conocido. El problema fue que se pasó de lista y fue más allá. No es lo mismo trabajar en Castellón que hacerlo también en Valencia y Alicante. Total, que indicó que trabajaba en las tres ciudades (“en la Comunidad Valenciana”), cuando en la realidad no es la única periodista que colabora para ese periódico en esa CC.AA.

Esto se pone cada vez más emocionante porque ella sabía que no era la única periodista, es decir, que tenía una compañera en Alicante y otra en Valencia. De hecho, a una la conoce. ¿Qué pasó entonces? Pues que la lió parda. Todo el mundo que recibió ese correo se pensaba que sus respectivas colaboradoras se habían ido y que ella ocuparía su puesto, por lo tanto, las quitaron de su lista de contactos de medios de comunicación. Nadie se había dado cuenta de lo que pasaba hasta que transcurridos varios días una de ellas se percató de que no le llegaban notas de prensa de los hospitales y decidió preguntar a uno de ellos.

La respuesta que obtuvo fue la siguiente: “Pensábamos que ya no estabas trabajando porque una compañera tuya nos ha comentado en un email que ella es la colaboradora del periódico en la Comunidad Valenciana, entonces ahora le mando todo a su correo”. La respuesta de la afectada fue más veloz aún: “No, yo sigo trabajando en Valencia; mi compañera es SOLO de Castellón. Por favor, vuélveme a introducir  en tu lista de contactos”. La cara que se le quedó supongo que sería de pocos amigos y no es de extrañar. Encima, al poco tiempo, le llamó otra periodista de otro hospital y le comentó que si seguía siendo la colaboradora de Valencia…

Lo gracioso de todo esto es que los emails no dieron su fruto porque todo el mundo se quedó con la copla de “colaboradora en la Comunidad Valenciana” y no con “he montado una nueva agencia de información sanitaria”. La conclusión es clara: Hay que saber explicarse mejor porque si la mayoría de los receptores no pillaron correctamente el mensaje es porque el emisor no supo explicarse. Y se supone que es periodista, o sea, que algo de lo que estoy hablando seguro que le suena y se lo han machacado en la Universidad unas pocas veces. En fin, quizá es que ese día no fue a clase. Sea lo que fuere, los emails no sirvieron mas que para desconcertar a los destinatarios y, por suerte, se pudo arreglar volviendo a enviar correos poniendo a cada una en su sitio (y nunca mejor dicho).

Pero lo que todavía es más gracioso es que esta chica siga trabajando a pesar de lo acontecido y que no la hayan mandado a paseo por falsedad y engaño a sabiendas. Las otras colaboradoras denunciaron esta situación de “pisar el terreno” al subdirector del periódico e incluso le pusieron en copia del email que mandó su compañera para que viera que no era un simple despiste, sino que lo hizo con conocimiento de causa. Sin embargo, éste no pudo hacer nada por una simple preposición. A esta chica la preposición “en” le ha salvado el pellejo. No tiene el mismo significado “colaboradora en la Comunidad Valenciana” que decir “colaboradora de la Comunidad Valenciana”.  “En” denota en qué lugar, tiempo o modo se realiza lo expresado; y “de” denota posesión o dependencia.

Cualquiera de las tres colaboradoras de este periódico puede decir “colaboro en la Comunidad Valenciana” porque Valencia, Castellón y Alicante forman parte de esta CC.AA, es decir, están situadas geográficamente en el interior de la Comunidad Valenciana. Por el contrario, ninguna de las tres puede decir “colaboradora de la Comunidad Valenciana” porque indica posesión, cuando la Comunidad Valenciana no es toda suya informativamente hablando. Si así lo fuera, perfecto, se podría poner entonces la preposición “de”.

Resumiendo, me parece fenomenal que esta chica aproveche que trabaja de colaboradora para vender su empresa, pero que no líe al personal. Podría haber dicho sencillamente “colaboradora del periódico en Castellón o colaboradora en la Comunidad Valenciana (Castellón)” y no haberse echado tantas flores con Comunidad Valenciana. Realmente suena muy bien, da caché y parece que domina todo el mundo sanitario de esa Comunidad Autónoma, pero la realidad es que no es así.

Finiquito

¿Habéis tenido alguna vez la sensación de que os van a dar el finiquito? Es una especie de corazonada. De repente, vas notando que las circunstancias que te rodean se empiezan a torcer de tal manera que incluso llegas a plantearte que has cometido una cagada de triple salto mortal de la que, más pronto que tarde, tu jefe se dará por enterado y eso, te puede dejar en la calle.

¿Qué hacer entonces? Explotar por la boca. Lo mejor que uno puede hacer es ponerse manos a la obra y decir lo que ha pasado. Hombre, hay cagadas y cagadas. De todas formas, no voy a especificar sobre este contenido. El otro día te viste más fuera que dentro, de hecho, hasta te llegaste a imaginar una vez más en las colas del paro de las que hace poco tiempo acabas de salir.

¿Y qué pasó? Hace una semana habías publicado un artículo y el otro día recibiste una llamada de una persona cercana a la que entrevistaste que te dijo que al susodicho no le había gustado nada en absoluto tus palabras acerca del asunto abordado. En fin, es lo de siempre, para gustos los colores. A no todo el mundo le tiene que gustar tu forma de escribir, ni cómo abordas los temas, ni tantas cosas… Estos son los típicos choques frontales con personas que tienen otra forma de ver la vida.

Pero claro, si el que te lo dice es un amigo, lo más probable es que no surjan problemas en el ámbito laboral. Sin embargo, cuando es el propio entrevistado a través de su manager, pues te puedes imaginar el lío en el que te acabas de meter. Sobre todo, cuando es una persona entrada en años, con una brillantísima carrera profesional y que ha ido escalando hasta puestos de trabajo que más de uno desearía. Vamos, que te da mil vueltas. Y tú, que eres un pollo, pues a su lado ni te cuento.

En fin, no todos los pollos son pollos. Si sabes que esta persona puede mover Roma con Santiago para crearte mala fama sobre tu artículo, pues te adelantas. Entonces es cuando, por orgullo, llamas a tu jefe por teléfono y le explicas lo que ha pasado.

-Tú: Oye, te acuerdas del artículo que envié el otro día, pues fulanito se ha cogido el cabreo de su vida y quizá nos demande.

-Jefe: ¿Qué dices? ¡Cuéntame ahora mismo!

-Tú: Pues mira. El otro día le llamé por teléfono y le hice una entrevista sobre lo que trata el artículo, pero… ¿qué pasó? Que no me contó nada nuevo sobre el tema e incluso hasta estaba mejor explicado en la nota de prensa que enviaron a todos los medios de comunicación. Total, que al final, después de estar con él unos minutos al teléfono no escribí nada de lo que me dijo. A mí me parece que los periodistas estamos suficientemente cualificados para saber qué es importante y qué no y, al mismo tiempo, para seleccionar solo aquello que aporte algo de valor al asunto en cuestión. Si esta persona no me dice nada interesante pues no estoy en la obligación de sacar sus palabras sí o sí porque, no hay que perder de vista que, en este caso, lo importante es el tema, no la persona entrevistada. Y además, me da igual de quién se trate. Ya puede ser el mismo Rey de España que, o saco en claro algo, o no le doy voz.

-Jefe: No, claro. Mira, me parece que has hecho muy bien tu trabajo. Encima, acabo de comentárselo a otro de la redacción y bueno, esto nos pasa muy a menudo. Gente que se queja sobre lo que hemos escrito. Por eso no te preocupes.

-Tú: Gracias. La verdad es que era la primera vez que me pasa algo así. Una cosa es que no le guste y otra bien distinta que me diga que me he inventado el contenido. Pues el contenido era prácticamente el mismo que el de la nota de prensa. Encima que le doy la opción de que me cuente más cosas y aporte algo nuevo, si no lo hace no tengo la culpa. La gente decide qué contar: todo o nada, poco o mucho o solo lo que le interesa. En fin, muchas gracias por valorar mi trabajo.

-Jefe: Un saludo

-Tú: Adiós

Bueno, no todos los días tu jefe te dice estas palabras que suben el ánimo a cualquiera. Además, seguro que él ha agradecido tu sinceridad y que le hayas alertado sobre una posible llamada por parte del entrevistado para cantarle las 40. Al menos lo has puesto sobre aviso. Pues nada, a seguir así, trabajando.