Cuando el saber nos hace peores personas

Soy de la opinión de que algunos avances médicos mejor que no se hubieran producido. Antaño, cuando la medicina era más precaria y no había tantos conocimientos científicos, una mujer embarazada paría a los nueve meses y si el niño venía con un problema los padres se enteraban in situ, por no decir que la madre hasta podía perder la vida durante el parto. Ahora, se ha avanzado de tal manera que no sólo podemos saber cuán saludable viene el niño, sino que en un futuro más cercano que lejano podremos elegir el niño a la carta, como el color de los ojos o de pelo. Cómo ha cambiado la cosa.

Y seguimos creyendo que el saber lleva implícito una mejora en la persona y de ésta para con los otros, cuando en ocasiones no es así. Podemos aprender también para actuar de manera inadecuada. Cuántas futuras madres deciden hoy en día interrumpir su embarazo porque el niño viene con algún problema de salud y no aceptan tener un hijo en esas condiciones. Los médicos poseen la última tecnología y gozan de estudios más precisos que no siempre dan con la tecla exacta, porque en medicina 2+2 no siempre es 4.

El mundo nos vende tener hijos perfectos y las madres soñamos con crear un hijo ideal de la muerte. Muerte, por otra parte, que sufren algunos pequeños por no cumplir con esos estándares de calidad que reclama esta sociedad.

Por tanto, ¿ha servido de algo que la medicina haya avanzado tanto en el tema del embarazo? Que cada cual saque sus conclusiones, porque la mía es clara: los futuros padres (esos que llenan las consultas de ginecología) no son más felices que aquellos padres de antaño que tenían menos conocimiento de todo –sin conocer siquiera si la criatura esperada era niño o niña-, por no decir que eran cuasi analfabetos. Porque la felicidad no está en el saber; está en el ser, en nosotros mismos.

Actualmente, la información se ha convertido en un sin vivir, por eso defiendo que lo que tenga que ser, será. La única puerta que ha abierto que los futuros padres estén más y mejor informados durante el embarazo es la opción de interrumpir o no el embarazo. Por otra parte, se ha perdido la ilusión de la espera de un hijo –sea como sea y venga cuando venga-, porque lo queremos todo para ayer. Demasiado adelanto de acontecimientos.

Videos caseros: Arroz con pollo

Tengo que decirlo: Me he aficionado a la cocina. Me he puesto manos a la obra no tanto en cocinar sino en aprender cómo cocinan otros, en este caso mi querida madre. Antes tomaba notas en un cuaderno -que lo tengo perdido por algún lugar de la casa- sobre los ingredientes de cada plato que elaboraba ella. Ahora he decidido poner fin a esas notas e inmortalizar ese paso a paso a través del video.

Los jóvenes no paramos en casa y salimos del paso siempre con cualquier comida, si es que se le puede llamar comida. Mi caso es todo lo contrario, tengo la suerte de poder parar y trabajar desde casa, y me he tomado en serio esto de aprender y dedicarle tiempo a la cocina, con la idea de sacar lo mejor de mi madre -que es la que me enseña cómo hacer cada plato y los trucos- y de mí -mostrando a todos los que queráis aprender comida fácil, barata y tradicional-.

El video es mi mejor recurso. Para ello utilizo mi iPhone 6 -no me hace falta más- y luego realizo un pequeño montaje no muy extenso, pero sí muy visual. No hay palabras, sólo música de fondo. Para aprender a cocinar hay que verlo y se aprende paso a paso siguiendo el video -que está de apoyo al aprendizaje-. Una vez que cocines el plato cinco veces ya sabrás como hacerlo, para entonces serás un experto. Como a día de hoy me considero principiante y pienso que hay muchos jóvenes como yo, pues qué mejor que lo vean con sus propios ojos.

Como tengo mala memoria, he querido que estos videos -el primero ya está colgado en Youtube y lo podéis ver arriba- me recuerden la cocina de mi madre, aquella que echamos tanto de menos cuando nos marchamos de casa y, al mismo tiempo, quiero que muchos jóvenes -y no tan jóvenes- aprendan a cocinar sano, rico, barato y con los ingredientes de siempre. Hogar, dulce hogar.

Dicen que nunca es tarde si la dicha es buena. Pues eso, quiero que la historia se repita, porque el día de mañana me tocará a mí enseñar a cocinar y qué fácil lo voy a tener con estos videos… Gracias, madre, por compartir tanto talento y por tener una profesión envidiable: ama de casa. Cuánto tengo que aprender todavía…

Dame un nombre

logo DAMENAME

Hay empresas y empresas. Una de ellas me llamó recientemente la atención porque jamás pensé que pudiera ofrecer un servicio semejante. Cuántas veces nos hemos encontrado con parejas que están esperando un hijo al que no saben cómo llamar. Se encuentran indecisos entre varios nombres, no existe un acuerdo entre los futuros padres de la criatura incluso antes de su nacimiento y algo tan personal e íntimo puede llegar a ser un verdadero quebradero de cabeza, cuando no de disgustos, porque sobre gustos no hay nada escrito.

Esta empresa que describo, Damenáme, ha tenido una idea brillante: ayudar a las parejas a poner nombre a su bebé. Para algunos será una idea excelente en cuanto a la creatividad se refiere, mientras que otros lo catalogarán de estupidez. Lo cierto es que habrá gente que acudirá a esta empresa especializada en naming para que les eche un nombre. Atrás se quedaron aquellos clásicos o los que iban de generación tras generación.

Ya ha nacido en España la primera niña que lleva un nombre propuesto por estos dos hermanos publicistas que fundaron la empresa. No todos tienen la capacidad o el talento de proponer un nombre para un bebé que lleve un poco de su papá y de su mamá, por no decir un poco también de su ciudad. Hablo de Eire, esta niña asturiana que lleva tanto del padre como de la madre la parte “re” de los apellidos de la niña (Álvarez Ares) y un poco de raíces celtas que comparte Asturias con otras regiones como Irlanda, donde el nombre significa gaélico, según los autores de la denominación. La relación entre Asturias e Irlanda que describen ambos creadores no la termino de entender porque gaélico significa un grupo de lenguas celtas insulares habladas en zonas de Irlanda y Escocia, que comprende el escocés, el irlandés y el manés.

De cualquier forma, a esta empresa no le va tan mal cuando en sus seis años de vida ha recibido más de 400 peticiones. De hecho, para realizar esta tarea con éxito les facilita recibir de los futuros papás los siguientes datos: primer apellido de los padres, sexo del futuro bebé, idioma de preferencia, una ecografía o cualquier otro dato que consideren importante. Lo que más intrigada me tiene es qué verán en la ecografía como para inspirarse…

El nombre acompaña a las personas durante toda su vida, a las empresas y a los productos también. Prueba de ellos son Carhay! -un concesionario donde venden vehículos de ocasión sorprendentes- o Cheeswaka Roll -un plato compuesto principalmente de queso y alga wakame-. ¿Alguien da más?

Ginecólogo

El día de mañana quiero un ginecólogo que proteja la vida de quien llevo dentro; que no me reciba en su consulta para decirme solo aspectos negativos de haberme quedado embarazada; que no vea mi embarazo como un peso que hay que quitar del medio cuanto antes, porque él lo ve desde fuera pero yo lo vivo desde dentro; que no me aconseje el aborto como la salida más fácil si el feto viene con problemas; que tenga la suficiente profesionalidad para decirme qué problema real tiene el feto -si es que viene con alguno- y no diga de primeras que es un Síndrome de Down o que padece una malformación congénita; que no me meta más miedo en el cuerpo del que ya tengo; que sea tan médico como humano; pero, sobre todo, que me apoye a lo largo de esos nueve meses como lo haría mi marido.
Saber que en las manos de los ginecólogos están las vidas de la sociedad del futuro es esperanzador y a la vez alarmante porque algunos de ellos no se merecen ni siquiera tener ese título profesional. La vida no es un negocio y mucho menos un negocio de la muerte.
Cada vez más mujeres buscan una segunda opinión médica porque el primer ginecólogo que visitan les muestra un panorama tan desolador que verdaderamente es para echarse a llorar, plantearse grandes atrocidades –como el aborto- o para caer en una profunda depresión. El segundo ginecólogo, ya de confianza y aconsejado por una amiga que también es madre de familia, es el gran salvador de esta sociedad. Gracias a él la madre decide seguir adelante con el embarazo, bien porque el otro ginecólogo estaba en el error (no sabemos si con conocimiento de causa o sin él), porque al final resulta que el niño está perfectamente formado o porque, aunque el niño venga con problemas, es tal el apoyo psicológico y el cariño que esa madre recibe que se podría decir que es lo que le empuja y anima a no desentenderse de esa vida humana que es su propio hijo.
La realidad de la vida es que hay historias para no dormir de mujeres embarazadas que visitan al ginecólogo. En función de quién te atienda y según sus intereses personales, profesionales y económicos, así como de sus convicciones personales -todo hay que decirlo-, llevas las de ganar o las de perder, como si de un juego se tratara. Sin embargo, la vida humana tiene poco de juego. Hay ginecólogos que juegan con la vida de los demás, pero hay otros que se toman en serio tu caso en concreto, le importas y hacen todo lo que esté de su mano por sacar adelante la vida del concebido y la de la madre -si es un embarazo de riesgo-, porque bien saben ellos que toda vida merece la pena de ser vivida.

Carmen Cáceres Calle

Termina el año

“Sé amable, pues cada persona con la que te cruzas está librando una dura batalla”.

Cuando está a punto de terminar el año, muchos padres de familia no solo están ultimando las compras para la cena de fin de año sino que están cerrando las cuentas con el banco. ¿Cuánto tengo? ¿Con qué cantidad de dinero cuento para la cuesta de enero? ¿He pagado todo lo que tenía que pagar? Balance también con el trabajo. ¿He llegado a todos los objetivos que me marqué a principios de año? ¿Cuántos clientes me han sido fieles y cuántos he perdido por la dura competencia?

Algunas empresas suelen dar premios a los trabajadores que más venden o a los que consiguen más clientes. Una meta que motiva a los empleados que luchan todo el año con valentía y decisión para alcanzar ese objetivo. El premio es de 4.000 euros y siempre lo gana la misma persona: un padre de familia muy trabajador, conocido por su profesionalidad y don de gentes. Nada se le pone por delante para luchar, salir a la calle, buscar nuevos clientes y atender a los que ya tiene de manera personalizada, precisamente porque le interesa que estén a gusto y encantados con el producto o servicio que les presta.

¿Pero sabéis lo que hace cada año que gana ese premio? No viaja, tampoco le da una tarjeta regalo a su mujer para que se compre ropa, ni se encapricha con una moto. Lo que gana le sirve para seguir pagando. C’est la vie de los padres de familia. Trabajar todos los días por sacar adelante a su familia y llevar dinero a casa. Él ha tenido la suerte de dar con una empresa que premia la profesionalidad y lograr los objetivos marcados. A otros les llega la paga extra en Navidad y en verano, pero algunos se tienen que conformar con no ganar nada extraordinario.

Cuando ves que todos los años alcanzas lo que muchos de tus compañeros consideran inalcanzable, cuando trabajas cada día y cada mes con todo tu empeño y todas tus fuerzas no solo para poder alcanzar los retos que se han marcado sino poder superarlos, y cuando ves que todo el 2013 la gente ha estado mirando el bolsillo más que nunca para poder ahorrarse unos euros porque la economía sigue en crisis, entonces es cuando te das cuenta de que por primera vez no vas a alcanzar la meta, ni ganar para seguir pagando. Al menos a este hombre le queda la satisfacción personal de haber hecho todo lo que estaba de su mano.

¿Cuántas batallas hay en la vida? Incontables. ¿Cuántas batallas tendremos que ganar el año 2014? Si se puede, todas.

Carmen Cáceres Calle

Abuelos

Que yo sepa los abuelos están para algo más que para aprovecharse de ellos. Se me cae la cara de vergüenza cuando sus hijos, que ya son padres, no saben abrir la boca más que para pedir. ¿Y qué les das tú? ¿Les das algo a cambio de todos los favores que te hacen? Desde ser los niñeros de sus nietos gratuitamente, hasta llevarlos al colegio de vez en cuando, pasando incluso por darles de comer. Bueno, la situación de crisis parece que ha llevado a afianzar el vínculo familiar. Una cosa es afianzarlo y otra bastante diferente es aprovecharse de la coyuntura actual para explotar a los abuelos.

Los abuelos también tienen sus vidas. Es más, durante toda su vida han estado volcándose por sacar adelante a su familia, pero es de esperar que cuando sus hijos se casan y se van de casa, lo hagan definitivamente y para sacar adelante a sus propias familias. Los abuelos no son responsables de sus nietos; lo son sus padres, que para eso son sus hijos. No se puede pretender que los abuelos asuman la responsabilidad de los padres, y más cuando hablamos de matrimonios que no están en paro ni pasando necesidad.

Alucino aún más cuando, ya con dos o tres hijos en el mundo, ese padre no para de trabajar para meter dinero en casa y esa madre no ha pegado un palo al agua todavía. Una completa inútil para cuidar de sus hijos -porque necesita una niñera cuando sus hijos no están en el colegio- y para hacer las tareas de la casa -porque necesita una señora de la limpieza todos los días-. ¿Y mientras ella qué hace? Pues irse de compras, quedar con las amigas, dar un paseo, dejarle los niños a los abuelos para que los entretengan, etc. Como si estuviera soltera y como si estuviera forrada -cuando es el marido el que se está matando diariamente-. La que no corre, vuela, y mientras los abuelos ahí están, para todo.

Carmen Cáceres Calle

Cáncer

Cuando de hoy para mañana te detectan un cáncer de cólon, la película de tu vida pasa por tu mente a la velocidad del rayo. Te pueden quedar días, meses o quién sabe si llegas al año, pero ves el final de tu vida más cerca que nunca. Y pensar que tu vida se está apagando y agotando como una vela…
Creo que eso es lo más duro de vivir, que todo se acaba. Para los que tenemos fe no se acaba, continúa, aunque de otra forma totalmente diferente. Por mucha fe que uno tenga, la vida en la tierra se termina, en el fondo y en la superficie se pone un punto y final a la multitud de folios que narraron tu vida. Se acaba tu familia (padres, hermanos, hijos, marido), tus amigos, tus compañeros de trabajo, tus conocidos, tus vecinos, tu ciudad. Todo. Y da pena porque bien vale una vida para ser vivida en todo su esplendor y en todas sus facetas. Cuando has aprovechado todos los días de una maravillosa vida que una vez te fue regalada, la verdad es que da pena que se acabe. Quizá quien malvive su vida estará encantado de quitarse del medio cuanto antes (porque para ellos la vida es una mierda), pero para aquellos que conocen el arte de vivir, la vida es una gozada. Tienen razón los que piensan que la vida es dura, pero no es solo eso. La vida es mucho más, fundamentalmente es amor. Dicen que el amor es el mejor remedio ante cualquier enfermedad. Hace poco leí un estudio científico que revelaba que las personas con cáncer viven más tiempo si están casados. El amor conyugal te da aliento, te anima a vivir, te transmite la alegría de vivir incluso cuando estás enfermo. Hoy en día son pocos los que saben vivir, los que han aprendido de verdad lo que es la vida. Solo hay que ver a los jóvenes (que viven para el desenfreno), a los adultos (que viven para el trabajo, el dinero y los placeres de la vida), y a los ancianos (que viven en las residencias porque nadie quiere hacerse cargo de ellos). Eso sí que no es vida, es malvivir. Vivir es mantener la existencia, la vida.
Cuando uno está en sus últimos momentos no tiene que entristecerse porque la vida se le acaba, sino que tiene que intentar prolongar ese estado de felicidad que procede de querer sacar el máximo partido a los días que le queden con vida. Y qué hacer cuándo no sabes cuánto tiempo te queda? Aprovecharlo al máximo. Si de mí se tratara (no me pongo como ejemplo de nada) intentaría hacer felices a los que me rodean.
Es muy común que cuando alguien tiene a un familiar enfermo, se le apague el ánimo, se ponga triste y no salga de su desánimo y desesperación, pero si algo hay que hacer es levantar el ánimo y querer que esos últimos días del enfermo sean los que más y mejor recuerde del amor, atenciones y cariño que recibió. No me gustaría estar el resto de mis días (cuando me llegue la hora) consolando y secando las lágrimas de los míos. “Solo se vive una vez”, dice una canción de las Azúcar Moreno. Por algo será que nos lo recuerden hasta en las canciones, porque a veces con el ajetreo de la vida se nos olvida aprovecharla y solo nos enteramos cuando nos damos de bruces contra el médico: tienes un cáncer de cólon. Mucho ánimo para un conocido mío al que le dedico este post.

Carmen Cáceres Calle

Distancia

Que alguien me lo explique porque no lo entiendo. No entiendo a la gente que piensa que la distancia mata la relación entre dos personas. ¿Pero qué me estás contando? Es como si tú te tuvieras que ir a Londres por trabajo y yo te dijera: “pero… ¿qué va a pasar con tus padres?” ¿A que ni te lo planteas? De hecho, tu respuesta sería clara: “Que ahí están y ahí seguirán”. No dejan de ser padres, ni son menos padres por mucho que tengan a un hijo en la distancia o no lo puedan ver con la frecuencia con la que les gustaría; y viceversa, un hijo no deja de ser hijo por muy lejos que esté de sus padres, es más, todavía debería de cuidarlos más si cabe. Pues lo mismo con tu pareja. Ahí está y ahí seguirá. Ojo al dato: no todas las parejas son iguales, pero una pareja que va en serio (no de tonteo ni para pasar el rato), que tienen los dos las cosas claras y quieren un futuro juntos, pues creo que sobran las palabras para decir que, por mucha distancia que haya eso no va a impedir que ese amor siga su curso y siga creciendo cada día más porque el roce hace el cariño y cuando no se pueda rozar a alguien porque no la tienes al lado, ni abrazar, ni besar, pues no por eso hay menos cariño. Precisamente, saldrán a relucir otras manifestaciones de cariño que hasta ahora ni se te habían pasado por la cabeza, ya sea un correo electrónico, una carta de tu puño y letra, unas flores encargadas por teléfono, skype o videollamada. Por tanto, la pregunta de qué va a pasar, sobra. No va a pasar nada nuevo. Mi vida no cambia porque no tengo al lado a mi pareja. Se puede no tener al lado al otro y ser super fiel a él o a ella porque todo es cuestión de querer (voluntad). Si quieres a una persona, ni la mayor distancia terrena podrá separarte del otro, pero, lo más importante, es que tú no querrás separarte de esa persona.
Analicemos, por un momento, qué se le pasa por la cabeza al susodicho o susodicha que te coje por banda y te suelta esa pregunta. ¿Será que piensa que la distancia implica ponerse los cuernos el uno al otro? ¿O que al cambiar de ciudad o país se empieza una vida nueva desde cero y hay que hacer borrón y cuenta nueva? ¿O que es absurdo cambiarte de lugar por motivos de trabajo y seguir estando atado a la ciudad que dejas porque mantienes una relación con alguien? ¿O que no vas a disfrutar lo mismo allí estando soltero que ennoviado? Me atrevería a decir que he acertado en todas mis conjeturas, no obstante, esto no deja de ser una reflexión sobre el noviazgo en la distancia. Que cada cual saque sus propias conclusiones, pero creo que es posible que un noviazgo sobreviva a kilómetros de distancia porque cuando dos personas se quieren todo lo demás sobra. Quien quiera entender que entienda.

Carmen Cáceres Calle

Espejito, espejito…

La polémica que se ha generado a raíz de un reportaje de TVE sobre el estilo de vestir de los adolescentes españoles, titulado ‘Adolescentes: mostrar el cuerpo por primera vez’, en el que se ofrece a los padres una serie de consejos sobre los cambios en la vestimenta de los hijos en verano es patética, lo que pasa es que la gente tiene ganas de sacarle más punta al lápiz para terminar de clavarlo en la yugular de los que han realizado este reportaje.

Parece mentira que no conozcamos cómo son las madres. Están constantemente preocupándose de sus hijos y quizá, en determinadas ocasiones, de una forma excesiva y sin dejarnos respirar. Y puede que llegue un momento en que les preocupe cómo nos vestimos y más en la adolescencia, una época de crecimiento, cuando se producen los cambios corporales, hormonales y la rebeldía. Esto no quiere decir que nos impongan una forma de vestir concreta y determinada, sino que nos dan su consejo. Lo podemos aceptar o rechazar.

Lo que dice Maite, la madre, en el reportaje de que “parece que estamos en la época de enseñar todo” lo sabe y lo ve cualquiera que salga a la calle. Se ven culos y pechos con una facilidad que no hace falta irse a las playas. Hay gente que las enseña de manera gratuita, no hay ni que pagar. Sería hasta una buena idea echar alguna moneda cuando nos crucemos con alguien que lleva una raja en el culo o en el escote (como si fuera una hucha), al menos para hacerlos reflexionar sobre por qué lo hemos hecho. Claro que nos podemos ganar una bofetada de las buenas.

Pues bien, el taller de pedagogos al que van estos padres les recomiendan poner a los niños frente al espejo. Sin duda, una manera de que se vean a ellos mismos y vean cómo van a aparecer delante de los demás. Creo que el quid de esta cuestión no está en qué nos ponemos o dejamos de poner, sino en cómo nos miramos a nosotros mismos. ¿Tienes sentido de la estética y de la belleza? Habría que educar la mirada, enseñar a mirar. De esta manera, una persona gruesa no vestiría como una persona delgada ni viceversa, no por nada, porque no le quedaría bien ya que su complexión física es distinta. Solo aceptando lo que somos podemos estar a gusto con nosotros mismos y a la hora de manifestarnos a los demás.

Nuestra imagen habla de nosotros, se dice en el vídeo. El espejo es la clave. Mírate y dime qué ves. ¿Quién eres? ¿Qué quieres ser? ¿Qué quieres reflejar con tu forma de vestir? Dime cómo vistes y te diré quién eres. Y, efectivamente, piensa en lo que eres, no solo en lo que se lleva. ¿Tienes personalidad? Pues cómprate lo que quieras, no lo que te digan los diseñadores que se lleva o lo que está de moda. Me hace gracia que haya gente que se queje de la ranciedad de este vídeo y hable de que el Gobierno impone su moral cuando los que nos imponen cómo vestirnos son los diseñadores, no nos engañemos. Pues nadie me dice a mí si este año se lleva enseñar un pecho o el culo. Soy yo quien quiero o no enseñarlo, pero habría que plantearse algo más, ¿de qué sirve enseñarlo? Muchas veces me lo pregunto. ¿Reflejará lo buena/o que estás? ¿Será tan bonito que todos lo tienen que ver? ¿Y eres tan tonta/o de compartirlo con todos los extraños con los que te cruzas? Pues esto es venderse barato, tener poca estima de uno mismo y valorarse como el culo (y nunca mejor dicho).

Ponte lo que quieras y acarrea con las consecuencias de tu vestimenta, ya sea un pantalón largo, unos shorts, una minifalda, un bikini, un camiseta ajustada o más holgada. ¿Irá mi hija provocando? Pues que se lo pregunten a los hombres (por eso de ser del sexo opuesto). Si los demás te respetan plantéate por qué; si no lo hacen plantéatelo también. ¿Seré yo el problema? De todas formas, no esperes a que los demás te respeten si no te respetas a ti mismo y te das a valer menos de lo que vales por modas, tendencias o por presión social o del grupo de amigos.

Carmen Cáceres Calle

Pozo

Voy a contarte tres historias ficticias que giran alrededor de un pozo y con finales diferentes.
– En la primera, estaban dos niños jugando al fútbol cerca de un pozo. Fran chutó el balón y Carlos perdió pie y se cayó dentro. Se quedó en shock y sin decir palabra porque se sentía humillado. No le pudieron salvar porque no respondía.
– En la segunda, estaban dos niños jugando al fútbol cerca de un pozo. Fran chutó el balón y Carlos perdió pie y se cayó dentro, pero al instante gritó auxilio y pidió ayuda. Le pudieron salvar.
– En la tercera, estaban dos niños jugando al fútbol cerca de un pozo. Fran chutó el balón y Carlos perdió pie y se cayó dentro, pero desde ese mismo momento puso interés por salir de ahí y sirviéndose de una cuerda que encontró se puso a escalar hasta que logró pisar tierra firme.

En la vida te puede suceder algo parecido. Te puedes haber caído en un pozo, y a tu parecer, en un pozo sin fondo y tu actitud puede ser la de “no querer salir” porque tu cuerpo no responde. Estás con el ánimo apagado y sin fuerzas para salir a flote. Encima, tampoco tienes ganas de nada y te quedas ahí sumido en la melancolía de un tiempo que fue mejor, de una época en tu vida en la que fuiste feliz. Y, por así decirlo, te quedas ahí, estancado. Estás vivo pero parece que has muerto, como el Carlos de la primera historia, que no responde y está paralizado porque se siente humillado, herido.
O bien, puedes tener la actitud del Carlos de la segunda historia: me ha pasado esto y pido ayuda, tengo un problema y quiero encontrar la solución. Y Fran está ahí precisamente en el momento y lugar oportunos. Quién lo iba a decir pero cuando vienen las complicaciones en la vida o parece que la vida se te complica siempre hay alguien a nuestro lado para echarnos un cable, por muy minúsculo que nos parezca.
El Carlos de la tercera historia sí que mola porque es un Carlos que tropieza, se cae, parece que está hundido; pero no deja nunca que una pizca de desánimo y desesperanza le amarguen la vida y le impidan ver que sí hay salida. Es más, no solo es que hay salida sino que es él el que quiere salir. Coge las riendas de su vida y dice: “Aquí estoy yo y voy a salir de aquí como me llamo Carlos”.
Sin duda, tres historias que nos hacen pensar sobre hasta qué punto coges las riendas de tu vida y no permites que la vida misma, los palos, los problemas (o llámalo como quieras) te paralicen e impidan que siga su curso. La vida es apasionante pero, como siempre, de la actitud con la que afrontes todo lo que sucederá en ella determinará tu grado de felicidad. Quieres ser feliz? Pues ya sabes: siempre de frente, siempre adelante, siempre viviendo el presente y proyectándote hacia el futuro. Olvídate del pasado, no te amargues con recuerdos que no llevan a nada, solo a darte dolores de cabeza. Unas puertas se cierran y otras se abren. Cierra de una vez esas puertas que te quitan la paz e ilusiónate con hacer realidad tu proyecto de vida. Ah! y no te olvides de ser feliz durante el camino, que es largo, muy largo. Eso es todo, amigos.