Michelle marca tendencias

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Michelle Obama es el foco de atención de americanos y del resto del mundo, algo que no pasa en otros países. La primera dama estadounidense tiene un papel fundamental en la política, hasta el punto de que no pasa inadvertida en su vestuario, que causa furor entre muchas mujeres que quieren imitarla al precio que sea. El último ha sido un vestido de color amarillo anaranjado de 2.000 dólares que lució anoche mientras su marido pronunciaba su último discurso sobre el Estado de la Unión. Las palabras de Barack Obama las debieron escuchar sus más fieles seguidores, ya que los ojos estaban puestos en su mujer, cuyo atuendo se agotó en las tiendas on-line incluso antes de que terminase de hablar el mismísimo Presidente de los Estados Unidos, que se dice pronto.

Hay que ver cómo influyen los famosos en la vida de las personas. Algunos adolescentes pueden verse reflejados en un futbolista, otras tienen por ídolo a un cantante, a modelos televisivos u otras artistas. Si supieran los famosos qué responsabilidad tienen de cara a la sociedad, donde muchos no descansan hasta que consiguen ser como ellos…

Primero, colocan en el punto de mira un aspecto concreto a imitar de la vida de sus referentes, siendo el aspecto corporal lo que más seguidores arrastra: desde un peinado hasta una forma de vestir. Después, van a por ello con todas sus fuerzas e incluso muchos asumen la personalidad de la persona en cuestión, dejando de ser ellos mismos. Cuántas veces de paseo por la calle hemos visto a un grupo de niños jugar al fútbol y cada vez que marcan un gol entonan el famoso grito (Siiii) que Cristiano Ronaldo pronunció tras ganar el Balón de Oro.

Si estos jóvenes fueran un poco más allá se darían cuenta de que los deportistas son modelos a imitar no por lo físico, que es lo de menos, sino por lo que significa la práctica deportiva: disciplina, constancia, esfuerzo, competitividad, entrenamiento, superación, vida sana, sociabilidad, etc.

Volviendo a Michelle Obama, más allá de convertirse en un icono del estilo, fue una destacada estudiante, tuvo una exitosa carrera como abogada, siempre trata de estar con sus hijas a pesar de sus muchos compromisos y, a través de los años, se ha mostrado cercana a la gente con una faceta muy relajada y divertida. Aspectos de su vida perfectamente imitables, más allá de un sensacional vestuario.

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Ginecólogo

El día de mañana quiero un ginecólogo que proteja la vida de quien llevo dentro; que no me reciba en su consulta para decirme solo aspectos negativos de haberme quedado embarazada; que no vea mi embarazo como un peso que hay que quitar del medio cuanto antes, porque él lo ve desde fuera pero yo lo vivo desde dentro; que no me aconseje el aborto como la salida más fácil si el feto viene con problemas; que tenga la suficiente profesionalidad para decirme qué problema real tiene el feto -si es que viene con alguno- y no diga de primeras que es un Síndrome de Down o que padece una malformación congénita; que no me meta más miedo en el cuerpo del que ya tengo; que sea tan médico como humano; pero, sobre todo, que me apoye a lo largo de esos nueve meses como lo haría mi marido.
Saber que en las manos de los ginecólogos están las vidas de la sociedad del futuro es esperanzador y a la vez alarmante porque algunos de ellos no se merecen ni siquiera tener ese título profesional. La vida no es un negocio y mucho menos un negocio de la muerte.
Cada vez más mujeres buscan una segunda opinión médica porque el primer ginecólogo que visitan les muestra un panorama tan desolador que verdaderamente es para echarse a llorar, plantearse grandes atrocidades –como el aborto- o para caer en una profunda depresión. El segundo ginecólogo, ya de confianza y aconsejado por una amiga que también es madre de familia, es el gran salvador de esta sociedad. Gracias a él la madre decide seguir adelante con el embarazo, bien porque el otro ginecólogo estaba en el error (no sabemos si con conocimiento de causa o sin él), porque al final resulta que el niño está perfectamente formado o porque, aunque el niño venga con problemas, es tal el apoyo psicológico y el cariño que esa madre recibe que se podría decir que es lo que le empuja y anima a no desentenderse de esa vida humana que es su propio hijo.
La realidad de la vida es que hay historias para no dormir de mujeres embarazadas que visitan al ginecólogo. En función de quién te atienda y según sus intereses personales, profesionales y económicos, así como de sus convicciones personales -todo hay que decirlo-, llevas las de ganar o las de perder, como si de un juego se tratara. Sin embargo, la vida humana tiene poco de juego. Hay ginecólogos que juegan con la vida de los demás, pero hay otros que se toman en serio tu caso en concreto, le importas y hacen todo lo que esté de su mano por sacar adelante la vida del concebido y la de la madre -si es un embarazo de riesgo-, porque bien saben ellos que toda vida merece la pena de ser vivida.

Carmen Cáceres Calle

Toc, toc, ¿puedo pasar?

El Santo Padre Francisco es alucinante. Cada día impresiona más su humildad puesta por obra. Durante su primer viaje internacional a Brasil con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud, en su primer discurso nada más aterrizar en Río de Janeiro dijo: Pido permiso para entrar y pasar esta semana con ustedes”. ¿Cómo la cabeza de la Iglesia puede pedir permiso para entrar en un país, sobre todo en una nación que no tiene ningún tipo de conflicto con la Santa Sede ni ve inconveniente alguno en la visita de Su Santidad? Es que no se puede derrochar más ternura y bondad. No es de extrañar que se meta rápido en el bolsillo a católicos y no católicos. Y acto seguido añadió: “No tengo oro ni plata, pero traigo conmigo lo más valioso que se me ha dado: Jesucristo”. Es decir, soy pobre pero tengo una riqueza y es la persona de Jesucristo. No sé a vosotros pero a mí esta frase me recordó a una ranchera de Luis Miguel titulada ‘El Rey’ que dice: “no tengo trono ni reina ni nadie quien me comprenda pero sigo siendo El Rey”. Sin duda, dos frases que suenan parecido pero cuyo contenido es radicalmente distinto. Francisco no la remata poniendo la puntilla de “sigo siendo el Rey”, sino que dice “traigo al Rey”. Es más, cuando se refiere a “lo más valioso que se me ha dado” nos podemos preguntar: ¿Pero quién le ha hecho ese regalo? Supongo que se refiere a sus padres, porque más tarde hace alusión a una expresión común de los padres brasileños: “Los hijos son la pupila de nuestros ojos”. Verdaderamente, son los padres los que transmiten la fe a sus hijos. Una vez más la humildad de Francisco lleva la voz cantante, como en esta otra frase donde manifiesta que él no es nadie: “Vengo en su nombre (…) a ofrecer a todos las riquezas inagotables de su amor”. Si seguimos desgranando su discurso, vemos que el motivo de su viaje son los jóvenes: “He venido a encontrarme con los jóvenes”. Un momento, ¿solo con los jóvenes? ¿Pero qué egoísta es el Papa, no? ¿Por qué hace distinciones? Nunca más lejos de realidad. Las palabras del Papa recorren todos los rincones del mundo en diversos idiomas y también llegan a ti. ¿Por qué es tan necesario ese encuentro cada dos o tres años con los jóvenes? Por la sencilla razón de que dirigiéndome a los jóvenes, hablo también a sus familias, sus comunidades eclesiales y nacionales de origen, a las sociedades en las que viven, a los hombres y mujeres de los que depende en gran medida el futuro de estas nuevas generaciones”. Y continúa explicando el Papa: “La juventud es el ventanal por el que entra el futuro en el mundo”. Si queremos cambiar el mundo empecemos por las nuevas generaciones porque los jóvenes de hoy serán los mayores del mañana. Los retos en estos momentos son inmensos ante una sociedad y un mundo falto de esperanza, sin embargo, esa esperanza precisamente viene de la mano del Papa Francisco, que trae consigo a Jesucristo, y alarga los brazos a todos (como el Cristo del Corcovado). BemVindo Santo Padre.

Carmen Cáceres Calle

A la gente hay que quererla

Dicen que a la gente hay que quererla pero, ¿qué es querer a la gente? ¿Acaso es hacer daño a alguien? ¿Acaso es pisotearlo hasta más no poder? ¿Acaso es desearle lo peor? ¿Acaso es aprovecharse de él hasta el extremo? ¿Acaso es dejarle tirado? ¿Acaso es utilizarlo cual marioneta a tu antojo? Muchos responderíais que nada de lo descrito anteriormente es querer a una persona, pero hay gente que no sabe querer y quiere de esta forma, quizá hasta sin darse cuenta de ello.
Primero: Quien quiere a alguien de verdad no está dispuesto a hacerle daño nunca, es más, ni se le pasa por la cabeza. Quiere lo mejor para esa persona y procura dárselo cada día porque ve al otro como un regalo, como la mejor joya que ha podido encontrar y una vez que la encuentra, la cuida sin escatimar esfuerzos.
Segundo: Quien quiere a alguien de verdad no pisotea al otro ni es feliz poniéndole la zancadilla ni haciéndole sufrir. ¿Cómo vas a pisotear a la persona que se supone que es a la que más quieres en este mundo? Si fuera tu peor enemigo quizá entiendo que quieras librarte de él, hundirlo en la miseria o herirlo por los cuatro costados, aunque no lo comparto porque ya sea al que más quieres o ya sea tu enemigo, como encabeza el título de este post: a la gente hay que quererla.
Tercero: Querer es desear lo mejor para la otra persona, no lo peor. Quien quiere lo peor para ti o quien saca lo peor de ti no te quiere de verdad. Quiere amargarte la vida y hacerte daño y, créeme, la vida es demasiado larga y trae consigo ya bastante sufrimiento como para querer echar más leña al fuego. Por eso, quien te quiere así no te quiere y te está echando a perder lentamente.
Cuarto: Si de verdad te quiero no me aprovecho de ti para mi propio beneficio. Pongamos el ejemplo de una pareja de novios: no te meto mano aprovenchando que estás con dos copas de más, ni me enrollo, ni te llevo al huerto en 0,2 segundos. Tampoco eres un esclavo para mí o una marioneta a mi antojo: “Haz esto, haz lo otro, ven para acá, vete para allá, pon esto aquí, saca esto de allí”, etcétera. Una cosa es la frase de “dos tetas tirán más que dos carretas” y otra distinta es que tienes que hacer lo que yo diga, me obedeces y punto. El otro también es persona, tiene su dignidad y debe ser respetada.
Quinto: Si te quiero no te dejo tirado cual bolsa de basura en el contenedor. Si te quiero te lo demuestro, no te digo “vete a paseo y no vuelvas” o “si eso ya luego hablamos que ahora me voy con mis amigos”. Cuando alguien te quiere va contigo a todas partes (aunque no le guste porque lo hace por ti) y no puede vivir sin ti.
¿Queda claro lo que es querer a alguien de verdad? Aunque parezca que “ojos que no ven, corazón que no siente”, el corazón sí que siente y sabe cuándo un amor no es verdadero.

Carmen Cáceres Calle

Distancia

Que alguien me lo explique porque no lo entiendo. No entiendo a la gente que piensa que la distancia mata la relación entre dos personas. ¿Pero qué me estás contando? Es como si tú te tuvieras que ir a Londres por trabajo y yo te dijera: “pero… ¿qué va a pasar con tus padres?” ¿A que ni te lo planteas? De hecho, tu respuesta sería clara: “Que ahí están y ahí seguirán”. No dejan de ser padres, ni son menos padres por mucho que tengan a un hijo en la distancia o no lo puedan ver con la frecuencia con la que les gustaría; y viceversa, un hijo no deja de ser hijo por muy lejos que esté de sus padres, es más, todavía debería de cuidarlos más si cabe. Pues lo mismo con tu pareja. Ahí está y ahí seguirá. Ojo al dato: no todas las parejas son iguales, pero una pareja que va en serio (no de tonteo ni para pasar el rato), que tienen los dos las cosas claras y quieren un futuro juntos, pues creo que sobran las palabras para decir que, por mucha distancia que haya eso no va a impedir que ese amor siga su curso y siga creciendo cada día más porque el roce hace el cariño y cuando no se pueda rozar a alguien porque no la tienes al lado, ni abrazar, ni besar, pues no por eso hay menos cariño. Precisamente, saldrán a relucir otras manifestaciones de cariño que hasta ahora ni se te habían pasado por la cabeza, ya sea un correo electrónico, una carta de tu puño y letra, unas flores encargadas por teléfono, skype o videollamada. Por tanto, la pregunta de qué va a pasar, sobra. No va a pasar nada nuevo. Mi vida no cambia porque no tengo al lado a mi pareja. Se puede no tener al lado al otro y ser super fiel a él o a ella porque todo es cuestión de querer (voluntad). Si quieres a una persona, ni la mayor distancia terrena podrá separarte del otro, pero, lo más importante, es que tú no querrás separarte de esa persona.
Analicemos, por un momento, qué se le pasa por la cabeza al susodicho o susodicha que te coje por banda y te suelta esa pregunta. ¿Será que piensa que la distancia implica ponerse los cuernos el uno al otro? ¿O que al cambiar de ciudad o país se empieza una vida nueva desde cero y hay que hacer borrón y cuenta nueva? ¿O que es absurdo cambiarte de lugar por motivos de trabajo y seguir estando atado a la ciudad que dejas porque mantienes una relación con alguien? ¿O que no vas a disfrutar lo mismo allí estando soltero que ennoviado? Me atrevería a decir que he acertado en todas mis conjeturas, no obstante, esto no deja de ser una reflexión sobre el noviazgo en la distancia. Que cada cual saque sus propias conclusiones, pero creo que es posible que un noviazgo sobreviva a kilómetros de distancia porque cuando dos personas se quieren todo lo demás sobra. Quien quiera entender que entienda.

Carmen Cáceres Calle

Espejito, espejito…

La polémica que se ha generado a raíz de un reportaje de TVE sobre el estilo de vestir de los adolescentes españoles, titulado ‘Adolescentes: mostrar el cuerpo por primera vez’, en el que se ofrece a los padres una serie de consejos sobre los cambios en la vestimenta de los hijos en verano es patética, lo que pasa es que la gente tiene ganas de sacarle más punta al lápiz para terminar de clavarlo en la yugular de los que han realizado este reportaje.

Parece mentira que no conozcamos cómo son las madres. Están constantemente preocupándose de sus hijos y quizá, en determinadas ocasiones, de una forma excesiva y sin dejarnos respirar. Y puede que llegue un momento en que les preocupe cómo nos vestimos y más en la adolescencia, una época de crecimiento, cuando se producen los cambios corporales, hormonales y la rebeldía. Esto no quiere decir que nos impongan una forma de vestir concreta y determinada, sino que nos dan su consejo. Lo podemos aceptar o rechazar.

Lo que dice Maite, la madre, en el reportaje de que “parece que estamos en la época de enseñar todo” lo sabe y lo ve cualquiera que salga a la calle. Se ven culos y pechos con una facilidad que no hace falta irse a las playas. Hay gente que las enseña de manera gratuita, no hay ni que pagar. Sería hasta una buena idea echar alguna moneda cuando nos crucemos con alguien que lleva una raja en el culo o en el escote (como si fuera una hucha), al menos para hacerlos reflexionar sobre por qué lo hemos hecho. Claro que nos podemos ganar una bofetada de las buenas.

Pues bien, el taller de pedagogos al que van estos padres les recomiendan poner a los niños frente al espejo. Sin duda, una manera de que se vean a ellos mismos y vean cómo van a aparecer delante de los demás. Creo que el quid de esta cuestión no está en qué nos ponemos o dejamos de poner, sino en cómo nos miramos a nosotros mismos. ¿Tienes sentido de la estética y de la belleza? Habría que educar la mirada, enseñar a mirar. De esta manera, una persona gruesa no vestiría como una persona delgada ni viceversa, no por nada, porque no le quedaría bien ya que su complexión física es distinta. Solo aceptando lo que somos podemos estar a gusto con nosotros mismos y a la hora de manifestarnos a los demás.

Nuestra imagen habla de nosotros, se dice en el vídeo. El espejo es la clave. Mírate y dime qué ves. ¿Quién eres? ¿Qué quieres ser? ¿Qué quieres reflejar con tu forma de vestir? Dime cómo vistes y te diré quién eres. Y, efectivamente, piensa en lo que eres, no solo en lo que se lleva. ¿Tienes personalidad? Pues cómprate lo que quieras, no lo que te digan los diseñadores que se lleva o lo que está de moda. Me hace gracia que haya gente que se queje de la ranciedad de este vídeo y hable de que el Gobierno impone su moral cuando los que nos imponen cómo vestirnos son los diseñadores, no nos engañemos. Pues nadie me dice a mí si este año se lleva enseñar un pecho o el culo. Soy yo quien quiero o no enseñarlo, pero habría que plantearse algo más, ¿de qué sirve enseñarlo? Muchas veces me lo pregunto. ¿Reflejará lo buena/o que estás? ¿Será tan bonito que todos lo tienen que ver? ¿Y eres tan tonta/o de compartirlo con todos los extraños con los que te cruzas? Pues esto es venderse barato, tener poca estima de uno mismo y valorarse como el culo (y nunca mejor dicho).

Ponte lo que quieras y acarrea con las consecuencias de tu vestimenta, ya sea un pantalón largo, unos shorts, una minifalda, un bikini, un camiseta ajustada o más holgada. ¿Irá mi hija provocando? Pues que se lo pregunten a los hombres (por eso de ser del sexo opuesto). Si los demás te respetan plantéate por qué; si no lo hacen plantéatelo también. ¿Seré yo el problema? De todas formas, no esperes a que los demás te respeten si no te respetas a ti mismo y te das a valer menos de lo que vales por modas, tendencias o por presión social o del grupo de amigos.

Carmen Cáceres Calle

Matrimonio chungo

Hay veces que te cruzas en la vida con personas que están casadas, pero como si no lo estuvieran. Primero, porque no tienen el anillo puesto en el dedo; y segundo, porque salen de fiesta sin sus mujeres. Qué chungo, ¿no? Pues sí, muy chungo. Nunca me cansaré de preguntarme: ¿para qué se casan? Es absurdo. Para ir a tu bola y vivir a tu aire, no te cases. Que el matrimonio no es eso. Y ya no te digo nada de cómo se me cae la cara de vergüenza al cruzarme con el típico tío que, de repente, te suelta que tiene una niña de año y medio; y lo ves ahí bebiendo una copa tras otra con sus amigos. Sí, te veo bien (modo irónico on). Vaya forma de arruinarse la vida, chavales, y de arruinársela a los demás (mujeres y niños). Después nos asombramos del número de divorcios, pero la realidad es que la gente cada vez es más inmadura y toma decisiones de gran calado sin atenerse a las consecuencias. ¡Panda de críos! ¡Sois unos irresponsables! ¡Dais pena! Menuda gracia dejar a tu mujer tirada en la casa mientras tú estás dándolo todo en una fiesta o quizá es que tu mujer es idéntico a ti y también se ha ido por su lado. Esto, sin duda, sería el colmo, aunque no sé que es peor: si tener una mujer que deje al marido hacer lo que le venga en gana (“no me queda otra que aguantarme”), o una mujer que se apunte a un bombardeo y quede por encima (“tú te vas, pues yo también”). En fin, se ve que existen “matrimonios” (si se pueden llamar así) muy chungos. He aquí una reflexión de lo que no quieres que sea tu matrimonio.

Carmen Cáceres Calle

Flechazo

Me da la risa cuando mis amigas se enamoran. En este caso, fue él quién se enamoró ciegamente de ella (un flechazo a primera vista) hasta el punto de decírselo al día siguiente de que los presentaran. “Ana, me quedé prendado de ti desde el primer día. Me gustas mucho”. Claro, que la respuesta de Ana era de esperar. Ante tal sorpresa respondió borde y a la defensiva. “¿Qué?” (como diciendo: Así no, Pablo, así no) y le paró los pies del tirón. Pero Ana no se libraría tan fácilmente de Pablo porque a ella le hacía gracia, vamos, que le gustaba. Es más, empezó a odiar la reacción que tuvo con él. “¡Qué tonta he sido! No me lo esperaba y le he mandado a paseo, pero no quiero que se vaya”. Aquí jugó un papel importante el whatsapp. Pablo siguió interesándose por Ana y le escribía. Ana respondía. Y poco a poco fueron quedando para cenar y pasear o, simplemente, se llamaban por teléfono. Esto iba viento en popa hasta que, de repente, Pablo ya no respondía a los whatsapp. Y aquí empiezan las películas mentales de las mujeres, que somos bastante complicadas. “Le dejé bien claro desde el primer día que si iba en serio conmigo, me dijo que sí y yo, como una tonta, le creí y ahora pasa de mí”. Obviamente, no pasaba de ella, pero Ana lo veía así. Dejando a un lado esta historia, es gracioso observar cómo la mayoría de las mujeres experimentan lo mismo. Te escribe un chico y si te gusta, le haces caso, pero parece que cuando más caso le haces, más pasa él. Entonces, lo mejor es dejar que sea él el que mueva ficha. Cuando pasas de él, entonces intenta captar tu atención y como sabe que eres una mujer difícil de lograr, empezará a conquistarte. Ana seguía flipando con Pablo hasta que pasó de él, fue entonces cuando Pablo respondió al cabo de un par de días y Ana volvió a hacerle caso porque, en el fondo, le gustaba. Y a día de hoy siguen así: quedando y conociéndose un poco más antes de empezar el noviazgo. Quizá esta historia algún día tenga un final feliz pero, de momento, habrá que esperar…

Equivocarse

“No, mira, es que no me quiero equivocar otra vez”. Estas palabras las suelen repetir con frecuencia gente que ha puesto fin a su relación de noviazgo y no han acabado muy bien. Conozco varios casos y es normal. Uno se ilusiona mucho y luego todo se va a pique, otra piensa que es el hombre de su vida y estaba ciega. En fin, “el mundo de las relaciones” (sería un buen título para un libro). Quizá me animo a escribirlo en algún momento de mi vida o antes de ponerme a ello realizo el máster de matrimonio y familia de la Universidad de Navarra, que suena bastante bien). Analicemos las palabras del comienzo porque son para sacarle jugo. “No, mira”. De primeras, ya le estás diciendo a alguien que no, estás cerrado de antemano. Ese decir “no” no tiene por qué ser de palabra, pueden ser hechos. Por ejemplo, alguien me declara su amor y le lanzo esta frase, o alguien va detrás mía y actúo como esta frase, o lo que es lo mismo, paso de ti porque no me interesa porque “no me la quiero volver a pegar”, es decir, quiero estar muy seguro, si cabe, 100% seguro. Imposible, pero se puede vivir en una utopía. “¿Cangelis?” Puede que te entre por el cuerpo un cague gigante. Esa persona no te disgusta pero te cagas solo con dar ese paso porque “no me la quiero volver a pegar”. La vida tiene su punto de atrevimiento. Hay gente que nunca se lanza (timidez absoluta), otros que son demasiado lanzados pero no se comen un rosco, algunos tienen que ser pescados porque si por ellos fuera se mueren antes de declarar su amor a alguien. Para gustos los colores, pero es imposible asegurarte de que “no te la vas a volver a pegar”. Con lo cual, cuanto menos lo pienses, más feliz serás. Ahórrate dolores de cabeza. Por tanto, si es imposible saber si te vas a equivocar o no, al menos intenta no equivocarte. Es muy fácil, pero solo requiere una cosa: ojos en la cara o lo que diría mi madre: “verlas venir”. Es muy sencillo: abre los ojos, mira a tu alrededor y fíjate bien en quién te presta atención, quién pone interés, quién hace el pino puente para ponerse a tu lado, quién tiene detalles contigo, quién te llama la atención y te hace reír, quién está pendiente, quién te escucha o te da conversación, quién te sigue el rollo, quién se hace el encontronazo y un largo etcétera. Entonces, tienes más posibilidades de acertar porque todo ese conjunto de cosas que parecen chorradas simbolizan el “te quiero a ti y quiero que seas para mí”. No es una frase bonita, es “me lo estoy currando y te lo estoy demostrando”. No dejes que las malas experiencias de tu pasado impidan el desarrollo de tu futuro.

Tontear

Que me perdonen si no voy a la moda pero no entiendo a los tíos que tontean con las tías, ni viceversa. Eso ni es amor ni es nada que se le parezca, es echar un rato y ya está. Quizá por eso se le llama tonteo, por “hacer el tonto”. Se supone que es un rato y no toda la vida. “Se supone”. Pero… ¿de qué sirve tontear? Cuando se es adolescente y se tienen las hormonas alteradas puedo entender que el cuerpo te pida eso. Vamos a decir que es una excusa barata: “no soy yo, es mi cuerpo y no lo controlo”. Vale, falta de dominio de todo puberto. Pero cuando se es adulto y ya se tienen las hormonas estabilizadas, no hay excusas. Es simple y llanamente que tienes la necesidad de estar con todas y con ninguna porque, al final, en el fondo es eso, no estás con ninguna. Pensémoslo en seco: cómo un tío va a estar con una tía si tontea con las demás. La tía ya tiene que ser tonta de remate para salir con un chico así. Hay cosas que sigo sin entender y no entenderé nunca. Gente con edad de tener una familia, de hacer algo con su vida o de plantearse una relación seria sigue erre que erre cojeando de la misma pierna, estando con todas y estando sin nadie. Mejor solo que mal acompañado, pero de seguir así el futuro huele a soledad. Yo me dejaría de tonteos, va siendo hora, porque cuando uno experimenta el amor verdadero, ése no se cambia por nada.