Cuando el saber nos hace peores personas

Soy de la opinión de que algunos avances médicos mejor que no se hubieran producido. Antaño, cuando la medicina era más precaria y no había tantos conocimientos científicos, una mujer embarazada paría a los nueve meses y si el niño venía con un problema los padres se enteraban in situ, por no decir que la madre hasta podía perder la vida durante el parto. Ahora, se ha avanzado de tal manera que no sólo podemos saber cuán saludable viene el niño, sino que en un futuro más cercano que lejano podremos elegir el niño a la carta, como el color de los ojos o de pelo. Cómo ha cambiado la cosa.

Y seguimos creyendo que el saber lleva implícito una mejora en la persona y de ésta para con los otros, cuando en ocasiones no es así. Podemos aprender también para actuar de manera inadecuada. Cuántas futuras madres deciden hoy en día interrumpir su embarazo porque el niño viene con algún problema de salud y no aceptan tener un hijo en esas condiciones. Los médicos poseen la última tecnología y gozan de estudios más precisos que no siempre dan con la tecla exacta, porque en medicina 2+2 no siempre es 4.

El mundo nos vende tener hijos perfectos y las madres soñamos con crear un hijo ideal de la muerte. Muerte, por otra parte, que sufren algunos pequeños por no cumplir con esos estándares de calidad que reclama esta sociedad.

Por tanto, ¿ha servido de algo que la medicina haya avanzado tanto en el tema del embarazo? Que cada cual saque sus conclusiones, porque la mía es clara: los futuros padres (esos que llenan las consultas de ginecología) no son más felices que aquellos padres de antaño que tenían menos conocimiento de todo –sin conocer siquiera si la criatura esperada era niño o niña-, por no decir que eran cuasi analfabetos. Porque la felicidad no está en el saber; está en el ser, en nosotros mismos.

Actualmente, la información se ha convertido en un sin vivir, por eso defiendo que lo que tenga que ser, será. La única puerta que ha abierto que los futuros padres estén más y mejor informados durante el embarazo es la opción de interrumpir o no el embarazo. Por otra parte, se ha perdido la ilusión de la espera de un hijo –sea como sea y venga cuando venga-, porque lo queremos todo para ayer. Demasiado adelanto de acontecimientos.

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Dame un nombre

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Hay empresas y empresas. Una de ellas me llamó recientemente la atención porque jamás pensé que pudiera ofrecer un servicio semejante. Cuántas veces nos hemos encontrado con parejas que están esperando un hijo al que no saben cómo llamar. Se encuentran indecisos entre varios nombres, no existe un acuerdo entre los futuros padres de la criatura incluso antes de su nacimiento y algo tan personal e íntimo puede llegar a ser un verdadero quebradero de cabeza, cuando no de disgustos, porque sobre gustos no hay nada escrito.

Esta empresa que describo, Damenáme, ha tenido una idea brillante: ayudar a las parejas a poner nombre a su bebé. Para algunos será una idea excelente en cuanto a la creatividad se refiere, mientras que otros lo catalogarán de estupidez. Lo cierto es que habrá gente que acudirá a esta empresa especializada en naming para que les eche un nombre. Atrás se quedaron aquellos clásicos o los que iban de generación tras generación.

Ya ha nacido en España la primera niña que lleva un nombre propuesto por estos dos hermanos publicistas que fundaron la empresa. No todos tienen la capacidad o el talento de proponer un nombre para un bebé que lleve un poco de su papá y de su mamá, por no decir un poco también de su ciudad. Hablo de Eire, esta niña asturiana que lleva tanto del padre como de la madre la parte “re” de los apellidos de la niña (Álvarez Ares) y un poco de raíces celtas que comparte Asturias con otras regiones como Irlanda, donde el nombre significa gaélico, según los autores de la denominación. La relación entre Asturias e Irlanda que describen ambos creadores no la termino de entender porque gaélico significa un grupo de lenguas celtas insulares habladas en zonas de Irlanda y Escocia, que comprende el escocés, el irlandés y el manés.

De cualquier forma, a esta empresa no le va tan mal cuando en sus seis años de vida ha recibido más de 400 peticiones. De hecho, para realizar esta tarea con éxito les facilita recibir de los futuros papás los siguientes datos: primer apellido de los padres, sexo del futuro bebé, idioma de preferencia, una ecografía o cualquier otro dato que consideren importante. Lo que más intrigada me tiene es qué verán en la ecografía como para inspirarse…

El nombre acompaña a las personas durante toda su vida, a las empresas y a los productos también. Prueba de ellos son Carhay! -un concesionario donde venden vehículos de ocasión sorprendentes- o Cheeswaka Roll -un plato compuesto principalmente de queso y alga wakame-. ¿Alguien da más?

Matrimonio chungo

Hay veces que te cruzas en la vida con personas que están casadas, pero como si no lo estuvieran. Primero, porque no tienen el anillo puesto en el dedo; y segundo, porque salen de fiesta sin sus mujeres. Qué chungo, ¿no? Pues sí, muy chungo. Nunca me cansaré de preguntarme: ¿para qué se casan? Es absurdo. Para ir a tu bola y vivir a tu aire, no te cases. Que el matrimonio no es eso. Y ya no te digo nada de cómo se me cae la cara de vergüenza al cruzarme con el típico tío que, de repente, te suelta que tiene una niña de año y medio; y lo ves ahí bebiendo una copa tras otra con sus amigos. Sí, te veo bien (modo irónico on). Vaya forma de arruinarse la vida, chavales, y de arruinársela a los demás (mujeres y niños). Después nos asombramos del número de divorcios, pero la realidad es que la gente cada vez es más inmadura y toma decisiones de gran calado sin atenerse a las consecuencias. ¡Panda de críos! ¡Sois unos irresponsables! ¡Dais pena! Menuda gracia dejar a tu mujer tirada en la casa mientras tú estás dándolo todo en una fiesta o quizá es que tu mujer es idéntico a ti y también se ha ido por su lado. Esto, sin duda, sería el colmo, aunque no sé que es peor: si tener una mujer que deje al marido hacer lo que le venga en gana (“no me queda otra que aguantarme”), o una mujer que se apunte a un bombardeo y quede por encima (“tú te vas, pues yo también”). En fin, se ve que existen “matrimonios” (si se pueden llamar así) muy chungos. He aquí una reflexión de lo que no quieres que sea tu matrimonio.

Carmen Cáceres Calle

Viejilandia

¡Viva España! ¡Vivan los ancianos de este país! ¡Vivan los niños! ¡Ups! Perdón! Que no hay niños. Se me olvidaba.

Esta España mía y esta España nuestra se está yendo a pique. Ni economía, ni fantasmadas; algo aún más grave: la natalidad, señoras y señores. Mundialmente nos conocerán como viejilandia. ¡Bienvenidos a viejilandia! Tendremos hasta una canción de bienvenida parecida a la llegada de Shrek a Duloc. Música maestro: “Viejilandia es un lugar feliz (…)”. Patético.

Algo tenemos que hacer los jóvenes. Éste, sin duda, es nuestro siglo, cada día lo veo más claro. La situación actual de España nos abofetea por todos lados pero saldremos, es más, seremos los jóvenes los que cambiemos este país y los que acabemos con estas cifras. Urgen matrimonios estables, familias numerosas, superar la parejita niño-niña. Según el Instituto Nacional de Estadística, España contará en 2022 con 45 millones de habitantes y prevé que en el próximo medio siglo el 37% de los habitantes sean mayores de 64 años.

Si quieres que tu país no vaya a peor, irá a peor, y más en España porque dentro de cuarenta años habrá desaparecido la décima parte de la población, una situación que comenzará a notarse en 2018, año en el que ya habrá más defunciones que nacimientos. Esto sí que es grande. ¿Más defunciones que nacimientos? Nos estamos cargando el curso natural de la vida. Sin nacimientos no hay sociedad. A ver si el fin del mundo va a llegar por nuestras propias manos. Esto ya sería lo último.

Pero era de esperar, todo hay que decirlo. Hoy en día hay tantas trabas que es imposible, bueno, solo es posible para el que cree, para el que quiere y se lanza a la aventura de formar una familia hecha y derecha. Que si el preservativo, la píldora, el sexo sin vida, bye bye al cheque bebé. A esto súmale el paro y la inestabilidad laboral para labrarte tu propio futuro, la escasez de ayudas a las familias numerosas. Así no, mis queridos políticos. Y digo “queridos” porque sois tan poca cosa (humanamente hablando) que gracias a vuestras meteduras de pata puedo decir que os estoy cogiendo hasta cariño de todo lo que rezo por vosotros, porque falta os hace.

Lo dicho, que a mí no me dan miedo estas cifras, que no. Ni me echo a temblar, que no. Al revés, me reafirmo más en mi afán de cambiar el mundo y de parecerme a mis abuelos y a los mayorcísimos de este país que son un ejemplo a seguir, teniendo hijos al por mayor en tiempos donde no había un duro. Aunque nadie nos ayude en este país, no os preocupéis, que ya tendremos ayuda de la que vale. Esta pirámide poblacional la cambiaremos.

Detractores

Son un tipo de personas que es lo peor que te puedes echar a la cara o a la espalda, más a la espalda que a la cara porque la cara no la dan y la espalda te la ponen calentita a críticas, difamaciones, murmuraciones y todo tipo de burlas que descalifican tu opinión. Lo mejor en esos casos es pasar. “Me la suda”, diría más de uno, hablando mal y pronto. ¿Pero las opiniones no son libres? ¿Entonces, cuál es el problema? Pero los detractores no se dan por vencidos. No tienen nada mejor que hacer en la vida que poner verde a gente que no piensa como ellos, mofándose y desternillándose. Me cuesta creer que pierdan tantas energías en esa chorrada. Luego hablan de respeto. Ahora la que me río soy yo por lo absurdo. A ver si me entero de una vez por todas de cómo funciona el mundo de los detractores. Parece que consiste en “respétame a mí pero yo a ti te doy por todos lados, ¿no?”. Y lo más gracioso es que las opiniones que son tan enormemente criticadas suelen partir siempre del respeto, no así la de los detractores. Os pondré el ejemplo de un caso que ha pasado en twitter. Sinceramente, jamás pensé que un comentario daría para tanto y que iba a ser tan criticado. A la derecha lo podéis ver.

En resumidas cuentas, lo que vengo a decir en este tuit es que la misma palabra matrimonio deriva de los vocablos latinos “matrix” y “munium”, que significan oficio de madre. Así pues, según su etimología, el matrimonio es una unión que tiene como primer objetivo “engendrar y educar a los hijos”, que es justamente lo que hacen las madres y eso no lo pueden hacer los gays. Con esto no estoy criticando ni a gays ni a lesbianas. Lo único que digo -que supongo que no es nuevo- es que ellos no pueden engendrar. Por tanto, “el matrimonio es lo que es”, sin embargo, el “matrimonio gay” no es lo que es, por mucho que una ley quiera que así sea. No es un matrimonio por lo explicado anteriormente y porque el matrimonio es la unión permanente de un hombre y una mujer para constituir una familia, una familia que no pueden constituir los gays y lesbianas porque de sus uniones sexuales (si se les puede llamar así) no salen niños.

En última instancia, lo de dar clases en Primaria es algo que me planteo visto el percal. Ojo, y tampoco estoy criticando a los niños de Educación Primaria por decir esto. Ellos son maravillosos y algunos más listos que cualquiera de nosotros. A lo que me refiero es que me gustaría ponerme en el pellejo de un profesor de lengua española de cualquier colegio en Primaria. Etimológicamente hablando es muy complicado explicar el matrimonio y el matrimonio gay. De hecho, pienso que surgirán dudas por los cuatro costados porque el matrimonio gay no es matrimonio (por mucho que me critiquen). Es más, añadir gay supone una contradicción brutal al término que lo acompaña y lo encabeza: matrimonio. Ah! Y ya puede decir misa el Tribunal Constitucional avalando esta ley, porque el hecho de que sea una ley no implica que sea correcta, a ver si nos enteramos, por más que digan que es constitucional. En este caso, si no se respeta la raíz de una palabra pues ya me contarás qué está defendiendo el TC. Lo indefendible, supongo. ¿Y por qué no llamarlo gaymonio? Total, así los gays hasta aparecerían en primera línea de batalla y no habría que batallar por los vocablos, aparte de que la RAE seguro que lo acepta porque, últimamente, acepta todo lo que le viene en gana, por ejemplo, friki. Y para el año que viene: tuit y sus semejantes.

En definitiva, no quería en ningún momento que algún gay y lesbiana se sienta aludido con este tuit. Lo que pretendía es que se llamaran a las cosas por su nombre. No busco tener la razón ni nada, solo haceros pensar. Es una opinión más, podéis estar o no de acuerdo, pero pienso que es respetable porque en ningún momento falto el respeto a nadie en ese tuit.

Importancia de los conceptos

 

Hace poco menos de un mes acudí a la presentación de un nuevo medio de comunicación. El periodista del que había nacido la idea comenzó a narrar cómo había logrado poner en funcionamiento semejante aparataje en tiempos de crisis y una de sus frases se me quedó grabada: “No hubiera podido con todo esto si no llega a ser por mi pareja, que me ha apoyado en todo”. Falto poco para que le interrumpieran mis aplausos, pero me contuve. Me quedé perpleja por lo siguiente: que haya dicho pareja y no mujer.

A esta persona habría que darle un aplauso, un beso y lo que hiciera falta porque lo ha bordado. Son pocos los que captan la importancia de haber dicho pareja y no otra cosa. Ha dicho pareja porque es su situación sentimental: “Ésta es mi pareja”, es decir, no es su mujer, puesto que no se he casado con ella; pero tampoco su novia, porque no está saliendo con ella; sino que es su pareja porque convive con ella. La ha denominado tal cual es.

Qué importante es llamar a cada cosa por su nombre, sin embargo, la Real Academia Española -influenciada por los tiempos que corren- está tergiversando lo que es. Como decía Doña Carmen Castillo, profesora de Filosofía de la Universidad de Navarra, definiendo el término esencia, comentaba: “Es aquello que hace que una cosa sea lo que es”, o en otras palabras, lo que es, es; lo que no es, no es, por mucho que quieras que sea.

Dejando a un lado la filosofía, desde mi punto de vista, la RAE ya no es una fuente fiable en determinados conceptos, como el de matrimonio y noviazgo. Al primero, por ejemplo, le ha añadido hace relativamente poco tiempo el adjetivo homosexual, es decir, ahora habla de matrimonio homosexual, aunque hay que decir que sigue manteniendo la definición de matrimonio respetando la esencia del mismo: “Unión de hombre y mujer concertada mediante determinados ritos o formalidades legales”. El vocablo matrimonio viene de “matrimonium”, palabra que en latín significa “madre”, lo que expresa la importancia de la maternidad y la procreación como fin supremo en esta unión, una procreación que no es posible en el caso de los matrimonios homosexuales.

El concepto de noviazgo no queda tan claro. Lo define como “condición o estado de novio”. Novio es “persona que acaba de casarse”, “persona que mantiene relaciones amorosas con fines matrimoniales” o “persona que mantiene una relación amorosa con otra sin intención de casarse y sin convivir con ella”. ¿Alguien se aclara? Entendiendo el noviazgo como la antesala del matrimonio, una relación que establecen un hombre y una mujer con el fin de desarrollar la estructura base para el matrimonio, la tercera definición no tiene sentido porque en el noviazgo sí hay intención de casarse -es una preparación para el matrimonio-, cosa distinta es que esos novios se den cuenta de que la persona con la que están no es para él o para ella y corten con la relación. Sin embargo, es correcto lo de “no convivir con ella”. La convivencia entre un hombre y una mujer es algo propio del matrimonio -cuando ambos se han unido mediante un contrato legal y solo entonces puede haber una unión sexual-, por eso tampoco se entienden las dos primeras definiciones, ya que un novio no es una persona que se acaba de casar (puesto que casarse ya implica ser marido y mujer), ni una persona que mantiene relaciones amorosas con fines matrimoniales. Uno de los fines matrimoniales es la procreación, por lo tanto, en el concepto mismo de novio no tendría cabida.

El diccionario es poco concreto en algunas cuestiones. ¿A qué llama relaciones amorosas? ¿Son sexuales o no? ¿Qué quiere decir con fines matrimoniales? Volviendo al término que falta por comentar, decir pareja es lo que mejor se entiende en este contexto para definir la relación que mantiene este hombre, aunque me sigue pareciendo poco acertado. Según la RAE, pareja es el “conjunto de dos personas, animales o cosas que tienen entre sí alguna correlación o semejanza, y especialmente el formado por hombre y mujer”. Actualmente, así se definen a las personas que conviven juntas sin casarse, por el nombre de “pareja de hecho”. Supongo que es lo que vino a decir este periodista, pero para acortarlo mencionó solo “pareja”.

Ya se ve que los conceptos son un auténtico caos si no se definen tal y como son, si no se acude a la etimología de cada palabra. Lo que es, es; lo que no es, no es. Intentar que un vocablo sea lo que no es, es absurdo.

Embarazo

Qué gran sorpresa me llevé el otro día cuando me enteré de que una de mis mejores amigas estaba embarazada. No os podéis imaginar cómo me cogió el teléfono el día en que me dio por llamarla y saber cómo le iba su vida. Esto de tener amigas en la distancia te hace estar al borde de un infarto porque, en un mes o mes y medio, pueden pasar cosas inesperadas. Para mí era un día normal y corriente, pero para ella era el más feliz de su vida.

Hace poco tiempo que se había enterado de que un diminuto ser crecía en su interior y estaba a punto de mandarme un e-mail para contármelo. De hecho, tuvimos una compenetración fantástica, de éstas que ni haciéndolo queriendo salen tan bien. De repente, me acordé de que tenía pendiente llamarla por teléfono porque hacía tiempo que no hablábamos y ella tenía en mente mandarme un correo electrónico.

¡Es impresionante! Vamos, difícil de explicar la noticia. A cualquiera hasta le parecería impactante el fuerte contraste que existe entre las futuras mamás que están exultantes de gozo por la suerte que tienen de poder traer niños al mundo y otras que no se alegran nada en absoluto y los abortan o dejan que nazcan pero se deshacen de ellos en la basura o, directamente, optan por matarlos a los pocos días o meses de vida. En fin, hay noticias y noticias.

¿Os imagináis que los periódicos dieran una noticia cada vez que una mujer se quedara embarazada y no cada vez que una mujer aborta o se deshace de su bebé? Serían los periódicos pro-vida, pero claro, que no se diga muy alto porque se les ve el plumero. ¡Menuda chorrada! Tendríamos que ser la civilización de la vida y no de la muerte.

No obstante, lo peor de todo es lo que denominaría: “El absurdo de los medios de comunicación”. De hecho, me estoy planteando hasta escribir un libro. No sé si os habéis dado cuenta u os habéis parado a pensar en que no tiene ni pies ni cabeza el interés de los mass media en la muerte. ¿Alguien me puede decir desde cuándo la muerte tiene carácter de noticia si morir nos vamos a morir, si es ley de vida, si es lo más normal y nos va a pasar a todos más tarde o más temprano y de una manera u otra? Es absurdo. La muerte no es noticia, por muy sádica o salvaje que sea. Lo único que se consigue con este tipo de noticias es dar ideas a los locos a la hora de realizar sus matanzas o crímenes.

En cambio, la vida sí porque cada nueva vida además de ser un milagro es bien distinta de la de los demás. Solo con ver el trailer de la película bebés os dais cuenta de que la vida de un recién nacido se puede desarrollar de muy diversas maneras en función de su país de origen. Esto sí merecería la pena cubrirlo, del mismo modo que el escaso número de recién nacidos en España. Estamos a las puertas de que cada nacimiento se convierta en una exclusiva porque actualmente se producen tan pocos que ya mismo la noticia será: “Un nuevo bebé nace en España”. Patético. Esperemos que ese día nunca llegue, aunque, a decir verdad, puede dar la vuelta a los periódicos en pro de la vida. Doblemente patético porque esperar a que se extinga una especie para darle alcance mediático sabiendo con certeza que se puede hacer desde hoy mismo, da mucho que pensar…