La precipitada OMS

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Me cuesta creer que un organismo como la Organización Mundial de la Salud cometa errores de tanto calibre con relativa frecuencia. En esta ocasión, me refiero a declarar el fin de la epidemia de ébola en África Occidental y que en menos de 24 horas se registre un caso mortal atribuido a ese virus en Sierra Leona, lo que ha ocasionado la puesta en cuarentena de 109 personas, 28 de ellas catalogadas de alto riesgo tras entrar en contacto con la joven fallecida.

¿Qué les ocurre? ¿Acaso no cuentan con las suficientes fuentes de información sobre el terreno como para cerciorarse de que la noticia que van a lanzar a nivel global es la correcta? ¿O puede que al tratarse de una organización tan grande la comunicación interna brille por su ausencia? ¿Será quizá que se transmiten entre ellos un mismo mensaje que acaba llegando al último de la cadena totalmente tergiversado?

Sea lo que fuere, tienen un problema gordo de comunicación, no sé si interna pero externa se ve que muy y mucho. ¿Recordáis que hace meses también alarmaron a los consumidores con un informe propio según el cual la carne procesada es cancerígena y la carne roja “probablemente también”? Lo que está claro es que esta organización no vela por nuestra salud porque lo extraño es que con estas noticias a más de uno no le haya dado ya un infarto de miocardio.

Si lo puedes hacer mal, hazlo peor. Ése parece ser el lema de la OMS. He llegado a pensar en que su estrategia no es casual, sino que está bien meditada y responde a las ansias de llamar la atención, donde da igual cómo se publican las noticias, en qué momento, con qué titular y a quiénes afecte. Están dispuestos incluso a dar la cara si algunos de sus temas que están en el candelero mundial se les va de las manos, simplemente empleando un lenguaje más moderado, preciso y medido.

Estas pequeñas desgracias en las que la OMS se ve envuelta hacen pensar que dicho organismo carece de rigor, algo muy peligroso porque de tanto repetir “que viene el lobo” y éste no acude, al final cuando sea verdad nadie les va a creer. Por no decir que las prohibiciones no gustan un pelo. “¿Me dices que no consuma carne procesada y carne roja? No sólo lo voy a hacer, sino que me daré un banquete en toda regla”. Así fue cómo reaccionaron muchos ante tanto alarmismo carente de sentido común, apiadándose de las carnes y saliendo en su defensa.

El caso del ébola es ya desesperante. Después de provocar muertes en África y algunos casos también en Europa y América, esta organización se dedica a dar esperanzas de que se está a salvo, y nunca más lejos de la realidad. No se puede bajar la guardia y menos en una enfermedad contagiosa. Hay que estar alerta hasta que exista el 100% de certeza de que no queda ni rastro del virus. Y si ese porcentaje es ficticio, por lo menos asegurarse de que las recientes muertes en África Occidental no guardan relación alguna, para así poder entonar de una vez para siempre: Bye bye ébola.

Hay vida más allá de las sociedades científicas

Se acerca el Día Mundial de… De lo que sea, da igual, porque siempre habrá alguna sociedad científica que tenga algo que decir sobre ese día, la prevalencia de la enfermedad, los síntomas, su diagnóstico y tratamiento. Qué bonito es el empaquetado del mensaje que hace que las palabras suenen bien y todo. Esas palabras prácticamente son las mismas de una año para otro, con la única diferencia de que salen de bocas diferentes, pero en el fondo sirven para alabar la labor de la sociedad científica en la lucha contra esa enfermedad y para el autobombo: Pero qué bien hacemos las cosas, cuánto estamos investigando y qué resultados más positivos estamos teniendo (que puede que estén inflados por ellos mismos, para quedar mejor de cara a la sociedad).

La realidad de la vida es que la gente no quiere ver, leer o escuchar siempre lo mismo. Cualquier enfermo que esté “celebrando” el Día Mundial de su enfermedad quiere resultados reales, tratamientos efectivos y comprobar que se está haciendo algo más que vender la moto. Y lo que más llama la atención es que los medios tengan a las sociedades científicas como si de la Biblia se tratara. Lo que digan las sociedades científicas no es Palabra de Dios. Puede que sean expertos en la materia, pero no los únicos. Siempre se les da oportunidad para dar su opinión, sin embargo, hay otros especialistas que quizá sean mejores que los que pertenecen a estas sociedades y no se les echa cuenta.

He llegado a ver, incluso, que dentro de la junta de gobierno de algunas de estas sociedades no hay ningún miembro que esté, por ejemplo, en Top Doctors (referente de los doctores de primer nivel en España). Entonces, ¿qué voz habría que darles? Más bien habría que acallarlas, porque no son referentes de nada. Hay vida más allá de las sociedades científicas. El reto, como medio de comunicación, no es publicar lo que ellos dicen, sino contrastar e incluso realizar una labor de investigación para ver qué otros médicos de España o de mi localidad en cuestión están con tratamientos e investigaciones punteras. Porque no todos los médicos que pertenezcan a una sociedad científica son los únicos que investigan sobre una enfermedad. Por lo tanto, lo que un paciente ansía es encontrar tratamientos efectivos y conocer por dónde están yendo los avances. Y esta información no la facilitan estas sociedades.

Carmen Cáceres Calle