Espejito, espejito…

La polémica que se ha generado a raíz de un reportaje de TVE sobre el estilo de vestir de los adolescentes españoles, titulado ‘Adolescentes: mostrar el cuerpo por primera vez’, en el que se ofrece a los padres una serie de consejos sobre los cambios en la vestimenta de los hijos en verano es patética, lo que pasa es que la gente tiene ganas de sacarle más punta al lápiz para terminar de clavarlo en la yugular de los que han realizado este reportaje.

Parece mentira que no conozcamos cómo son las madres. Están constantemente preocupándose de sus hijos y quizá, en determinadas ocasiones, de una forma excesiva y sin dejarnos respirar. Y puede que llegue un momento en que les preocupe cómo nos vestimos y más en la adolescencia, una época de crecimiento, cuando se producen los cambios corporales, hormonales y la rebeldía. Esto no quiere decir que nos impongan una forma de vestir concreta y determinada, sino que nos dan su consejo. Lo podemos aceptar o rechazar.

Lo que dice Maite, la madre, en el reportaje de que “parece que estamos en la época de enseñar todo” lo sabe y lo ve cualquiera que salga a la calle. Se ven culos y pechos con una facilidad que no hace falta irse a las playas. Hay gente que las enseña de manera gratuita, no hay ni que pagar. Sería hasta una buena idea echar alguna moneda cuando nos crucemos con alguien que lleva una raja en el culo o en el escote (como si fuera una hucha), al menos para hacerlos reflexionar sobre por qué lo hemos hecho. Claro que nos podemos ganar una bofetada de las buenas.

Pues bien, el taller de pedagogos al que van estos padres les recomiendan poner a los niños frente al espejo. Sin duda, una manera de que se vean a ellos mismos y vean cómo van a aparecer delante de los demás. Creo que el quid de esta cuestión no está en qué nos ponemos o dejamos de poner, sino en cómo nos miramos a nosotros mismos. ¿Tienes sentido de la estética y de la belleza? Habría que educar la mirada, enseñar a mirar. De esta manera, una persona gruesa no vestiría como una persona delgada ni viceversa, no por nada, porque no le quedaría bien ya que su complexión física es distinta. Solo aceptando lo que somos podemos estar a gusto con nosotros mismos y a la hora de manifestarnos a los demás.

Nuestra imagen habla de nosotros, se dice en el vídeo. El espejo es la clave. Mírate y dime qué ves. ¿Quién eres? ¿Qué quieres ser? ¿Qué quieres reflejar con tu forma de vestir? Dime cómo vistes y te diré quién eres. Y, efectivamente, piensa en lo que eres, no solo en lo que se lleva. ¿Tienes personalidad? Pues cómprate lo que quieras, no lo que te digan los diseñadores que se lleva o lo que está de moda. Me hace gracia que haya gente que se queje de la ranciedad de este vídeo y hable de que el Gobierno impone su moral cuando los que nos imponen cómo vestirnos son los diseñadores, no nos engañemos. Pues nadie me dice a mí si este año se lleva enseñar un pecho o el culo. Soy yo quien quiero o no enseñarlo, pero habría que plantearse algo más, ¿de qué sirve enseñarlo? Muchas veces me lo pregunto. ¿Reflejará lo buena/o que estás? ¿Será tan bonito que todos lo tienen que ver? ¿Y eres tan tonta/o de compartirlo con todos los extraños con los que te cruzas? Pues esto es venderse barato, tener poca estima de uno mismo y valorarse como el culo (y nunca mejor dicho).

Ponte lo que quieras y acarrea con las consecuencias de tu vestimenta, ya sea un pantalón largo, unos shorts, una minifalda, un bikini, un camiseta ajustada o más holgada. ¿Irá mi hija provocando? Pues que se lo pregunten a los hombres (por eso de ser del sexo opuesto). Si los demás te respetan plantéate por qué; si no lo hacen plantéatelo también. ¿Seré yo el problema? De todas formas, no esperes a que los demás te respeten si no te respetas a ti mismo y te das a valer menos de lo que vales por modas, tendencias o por presión social o del grupo de amigos.

Carmen Cáceres Calle

Elegancia

Qué elegancia desprende esta fotografía. Cómo me gusta. Me parece de un estilo muy superior a un anuncio de Loewe o de cualquier potente firma a nivel internacional. Podría ser perfectamente una escena real pero es un montaje. ¿Os imagináis esta situación una mañana por las calles de Madrid? Aquí se capta el momento adecuado. Eso es lo más grande de esta fotografía, que refleja el momento preciso en el que esta chica vuelve su rostro a los hombres que la siguen, reflejando una sonrisa sencilla.

Algo le habrán dicho para que se vuelva. Es más, diría que esta chica ya llevaba un buen rato andando y pasando de lo que acontecía a su alrededor. Y añadiría otra cosa más, era perfectamente consciente de que había cinco hombres con pinta de ejecutivos siguiéndola y lanzándole todo tipo de piropos para que mirara. Hasta que alguno de ellos lo consiguió.

Las mujeres no son tontas. Se pueden hacer las tontas, pero tienen un sexto sentido y saben cuándo están despertando el interés de alguien -en este caso de estos cinco hombres, que supongo que se conocían entre ellos, de lo contrario no habría tanto colegueo-. Lo normal es despertar el interés de alguien si previamente has tenido un encontronazo por la calle, en el trabajo o donde sea. Se ve que a estos hombres les ha llamado tanto la atención esta chica y les resulta tan atractiva que no pueden evitar seguirla y que de sus bocas salgan halagos, piropos, bromas, etc.; y quizá a raíz de un simple cruce de miradas. “Me enamoró nada más verla pasar”, se dice en algunas ocasiones.

Lo mejor es imaginarse el antes, durante y después de esta escena. Para mí que estos hombres han tenido un flechazo a primera vista. La han visto pasar, se les ha hecho la boca agua y no han querido desaprovechar la oportunidad que tenían de ligarse a esta chica o, al menos, intentar que se fijara en ellos. Es gracioso porque, la mayoría de las veces, los hombres no suelen seguir a las mujeres por mucho que les atraiga físicamente. Y menos mal porque si cada hombre dejara de hacer lo que debiera porque se cruzan con auténticas bellezas, pues apaga y vámonos. Lo habitual es que con el paso de una mujer todo se pare, o al menos es lo que parece. Uno se queda boquiabierto, se la sigue con los ojos y a la vez se deja caer algún piropo: “Qué cuerpo, miarma”. Muchas veces, un simple silbido lo dice todo.

Por supuesto, aquí no estoy hablando de las borderías que algunos hombres sueltan a las mujeres guapas cuando pasan por su lado. Una mujer como la de esta fotografía no merece en absoluto escuchar esos comentarios. Lo que hace despertar en estos cinco hombres es algo mucho más grande que un cuerpo bonito. Es la belleza misma de la mujer, su elegancia, su simpatía, su dulzura, su sencillez. Y lo que resulta más atractivo es que por mucho que la sigan no cederá ante el primero que se cruce en su camino. Esta chica no será fácil de conseguir ni de conquistar, y esto es precisamente lo que la hace atractiva. Es todo un reto. Podrá tener mil pretendientes por ser como es y encima guapa, pero solo uno se hará con ella.

Qué bonito observar cómo la vida se compone de pequeñas escenas y, en apariencia, sin importancia, pero de las que se puede sacar mucho jugo, como es el caso de esta fotografía. Bonito también es ver cómo el hombre y la mujer están creados el uno para el otro.