Opinando sobre el ébola

Teresa, el nombre más sonado estas dos últimas semanas, es la auxiliar de enfermería que se ha contagiado por ébola en el Hospital Carlos III de Madrid. Atendió a García Viejo, uno de los enfermos que llegó a España, y se contagió ella. Cosas que pasan. Creo que todo sanitario debe saber que al atender a personas enfermas asume un riesgo, independientemente o no de que lleve un traje puesto. Si no quieres atender a personas enfermas, no seas un profesional sanitario, pero si decides ser sanitario, habrá que estar a la altura, a las duras y a las maduras, aunque por ello, en ocasiones, tengas que poner tu vida en juego. Qué fácil es ser profesional sanitario cuando no hay complicaciones y qué difícil cuando llega una situación que entraña peligro.

Hay profesionales sanitarios que llevan toda su vida en África ayudando a personas enfermas y otros que, en momentos en que toda ayuda es necesaria, como en un caso de crisis sanitaria, dejan todo y se van a echar un cable. Hay sanitarios y sanitarios. Es importante volver a los orígenes de la profesión médica: “me comprometo a consagrar mi vida al servicio de la humanidad”, “la salud y la vida del enfermos serán las primeras de mis preocupaciones”. Estos profesionales ponen su vida al servicio de los hombres hasta el punto de que antes que preocuparse por uno mismo, está la vida y la salud del enfermo.

El 25 de septiembre muere García Viejo. Después de su fallecimiento, Teresa comenzó a incubar el virus. Hizo vida normal hasta que el día 30 de septiembre acude al médico de cabecera porque tenía fiebre, pero no le dijo que había estado en contacto con un paciente con ébola. Teresa se calló, no dijo nada. ¿Por qué? ¿No cayó en la cuenta de que podría estar relacionado? Teresa fue a la peluquería a depilarse y siguió haciendo vida relativamente normal. Al cabo de una semana pide que le fuera aplicado el test de ébola. El 6 de octubre ingresa en el Hospital Carlos III por contagio.

Teresa y su irresponsabilidad poniendo en peligro innecesario a su marido, al médico de cabecera, a todos los que se encontraban en el centro de salud, a las peluqueras, etc. Y no solo eso, sino que a su vez esas personas han entrado en contacto con otras. ¿Por qué no pidió el test de ébola antes? Son cosas que no se entienden, al igual que tampoco se entiende la oposición al sacrificio de su perro. El perro ha estado en contacto con la enferma y ha salido a hacer sus necesidades (heces y orina), es decir, es elevado el riesgo de contagio de ébola. Tampoco es comprensible las imágenes que se han difundido de algunas personas que han ido a desinfectar la casa de Teresa y que, a la salida, se han quitado el traje de protección sin ningún tipo precaución. Y podría seguir hablando de sin sentidos.

Sin entrar en quién o quiénes son los culpables, creo que ningún país, por muy desarrollado que esté, puede estar preparado para hacer frente a enfermedades infecciosas de gran calibre como ésta. Puede que algún día la dominemos, pero seguimos sin dominar el SIDA, el cáncer y otras enfermedades que a los profesionales sanitarios e investigadores científicos se les van de las manos y se cobran muchas vidas. Y, por desgracia o por suerte, según como se mire, se aprende de los errores. Si los errores que se han cometido por deficiencias en el protocolo sirven para mejorarlo, bienvenido sea. Se podrían haber evitado, es verdad, pero todos nos equivocamos.

Carmen Cáceres Calle

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