No da igual

Hay personas que desde pequeños maman la religión en el colegio y luego son los más rebotados, que ni van a misa, ni se confiesan, conviven con sus parejas (por poner algunos ejemplos), y si pueden hacer las cosas mal, las harán. El otro día me encontré a alguien conocido que había estudiado en un colegio de orientación cristiana y siempre había sido pasota. Ese mismo día me di cuenta de que nada cae en saco roto y todo lo que parece perdido después no es para tanto, porque estaba irreconocible. A muchas personas quizá les rebota que les enseñes a rezar, que les digas lo que está bien y lo que está mal para que sean personas con criterio en la vida, que les insistas en la importancia de la fe y de llevar una vida cristiana coherente. Y más rebote se cogen cuando son cuestiones que escuchan desde fuera, porque en sus casas nadie les ha dicho nunca nada ni tiene pinta de que esa situación cambie. Dejan los colegios y parece que todo se va a pique, que lo que escucharon tantas veces no ha quedado grabado a fuego en su cerebro y en su corazón. Llegan a la universidad y el ambiente les come y les da miedo hasta decir que están bautizados y que han hecho la comunión y la confirmación. ¿Y la qué? (le preguntan algunos). Vamos, que de no ser porque está de moda la BBC (bodas, bautizos y comuniones), la mayoría pensaría que menudo chiste más malo. Hasta que un día les da por desempolvar de sus vidas aquello que se llamaba religión, que daba un sentido a sus vidas y empiezan a pensar que no está tan mal y que eso que escuchaban ahora les viene como anillo al dedo y les sirve para esas circunstancias concretas por las que atraviesa su vida en ese momento. Porque cuando somos adolescentes, todo nos salpica, pero no dejamos nunca de ser esponjas. Y cuando somos niños, a veces nos cansamos de lo de siempre, pero lo que no sabemos a esas alturas de la vida es que eso que nos repiten tanto es porque va a dar un sentido a nuestras vidas que difícilmente ninguna otra cosa podrá darlo. Porque la religión está ahí, a veces la vemos, otra no, a veces se esconde entre las tinieblas y a veces sale en nuestra defensa como un escudo protector. Pero siempre está. Y como tantas veces hemos escuchado: “Cuando seamos mayores, lo entenderemos”. Por eso, no da igual haber estudiado en un colegio de orientación cristiana que no; no haber escuchado nunca nada, que haberlo escuchado aunque sea de fondo. Porque la cantilena queda, el disco rayado suena.

Carmen Cáceres Calle

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Cáncer

Cuando de hoy para mañana te detectan un cáncer de cólon, la película de tu vida pasa por tu mente a la velocidad del rayo. Te pueden quedar días, meses o quién sabe si llegas al año, pero ves el final de tu vida más cerca que nunca. Y pensar que tu vida se está apagando y agotando como una vela…
Creo que eso es lo más duro de vivir, que todo se acaba. Para los que tenemos fe no se acaba, continúa, aunque de otra forma totalmente diferente. Por mucha fe que uno tenga, la vida en la tierra se termina, en el fondo y en la superficie se pone un punto y final a la multitud de folios que narraron tu vida. Se acaba tu familia (padres, hermanos, hijos, marido), tus amigos, tus compañeros de trabajo, tus conocidos, tus vecinos, tu ciudad. Todo. Y da pena porque bien vale una vida para ser vivida en todo su esplendor y en todas sus facetas. Cuando has aprovechado todos los días de una maravillosa vida que una vez te fue regalada, la verdad es que da pena que se acabe. Quizá quien malvive su vida estará encantado de quitarse del medio cuanto antes (porque para ellos la vida es una mierda), pero para aquellos que conocen el arte de vivir, la vida es una gozada. Tienen razón los que piensan que la vida es dura, pero no es solo eso. La vida es mucho más, fundamentalmente es amor. Dicen que el amor es el mejor remedio ante cualquier enfermedad. Hace poco leí un estudio científico que revelaba que las personas con cáncer viven más tiempo si están casados. El amor conyugal te da aliento, te anima a vivir, te transmite la alegría de vivir incluso cuando estás enfermo. Hoy en día son pocos los que saben vivir, los que han aprendido de verdad lo que es la vida. Solo hay que ver a los jóvenes (que viven para el desenfreno), a los adultos (que viven para el trabajo, el dinero y los placeres de la vida), y a los ancianos (que viven en las residencias porque nadie quiere hacerse cargo de ellos). Eso sí que no es vida, es malvivir. Vivir es mantener la existencia, la vida.
Cuando uno está en sus últimos momentos no tiene que entristecerse porque la vida se le acaba, sino que tiene que intentar prolongar ese estado de felicidad que procede de querer sacar el máximo partido a los días que le queden con vida. Y qué hacer cuándo no sabes cuánto tiempo te queda? Aprovecharlo al máximo. Si de mí se tratara (no me pongo como ejemplo de nada) intentaría hacer felices a los que me rodean.
Es muy común que cuando alguien tiene a un familiar enfermo, se le apague el ánimo, se ponga triste y no salga de su desánimo y desesperación, pero si algo hay que hacer es levantar el ánimo y querer que esos últimos días del enfermo sean los que más y mejor recuerde del amor, atenciones y cariño que recibió. No me gustaría estar el resto de mis días (cuando me llegue la hora) consolando y secando las lágrimas de los míos. “Solo se vive una vez”, dice una canción de las Azúcar Moreno. Por algo será que nos lo recuerden hasta en las canciones, porque a veces con el ajetreo de la vida se nos olvida aprovecharla y solo nos enteramos cuando nos damos de bruces contra el médico: tienes un cáncer de cólon. Mucho ánimo para un conocido mío al que le dedico este post.

Carmen Cáceres Calle

Toc, toc, ¿puedo pasar?

El Santo Padre Francisco es alucinante. Cada día impresiona más su humildad puesta por obra. Durante su primer viaje internacional a Brasil con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud, en su primer discurso nada más aterrizar en Río de Janeiro dijo: Pido permiso para entrar y pasar esta semana con ustedes”. ¿Cómo la cabeza de la Iglesia puede pedir permiso para entrar en un país, sobre todo en una nación que no tiene ningún tipo de conflicto con la Santa Sede ni ve inconveniente alguno en la visita de Su Santidad? Es que no se puede derrochar más ternura y bondad. No es de extrañar que se meta rápido en el bolsillo a católicos y no católicos. Y acto seguido añadió: “No tengo oro ni plata, pero traigo conmigo lo más valioso que se me ha dado: Jesucristo”. Es decir, soy pobre pero tengo una riqueza y es la persona de Jesucristo. No sé a vosotros pero a mí esta frase me recordó a una ranchera de Luis Miguel titulada ‘El Rey’ que dice: “no tengo trono ni reina ni nadie quien me comprenda pero sigo siendo El Rey”. Sin duda, dos frases que suenan parecido pero cuyo contenido es radicalmente distinto. Francisco no la remata poniendo la puntilla de “sigo siendo el Rey”, sino que dice “traigo al Rey”. Es más, cuando se refiere a “lo más valioso que se me ha dado” nos podemos preguntar: ¿Pero quién le ha hecho ese regalo? Supongo que se refiere a sus padres, porque más tarde hace alusión a una expresión común de los padres brasileños: “Los hijos son la pupila de nuestros ojos”. Verdaderamente, son los padres los que transmiten la fe a sus hijos. Una vez más la humildad de Francisco lleva la voz cantante, como en esta otra frase donde manifiesta que él no es nadie: “Vengo en su nombre (…) a ofrecer a todos las riquezas inagotables de su amor”. Si seguimos desgranando su discurso, vemos que el motivo de su viaje son los jóvenes: “He venido a encontrarme con los jóvenes”. Un momento, ¿solo con los jóvenes? ¿Pero qué egoísta es el Papa, no? ¿Por qué hace distinciones? Nunca más lejos de realidad. Las palabras del Papa recorren todos los rincones del mundo en diversos idiomas y también llegan a ti. ¿Por qué es tan necesario ese encuentro cada dos o tres años con los jóvenes? Por la sencilla razón de que dirigiéndome a los jóvenes, hablo también a sus familias, sus comunidades eclesiales y nacionales de origen, a las sociedades en las que viven, a los hombres y mujeres de los que depende en gran medida el futuro de estas nuevas generaciones”. Y continúa explicando el Papa: “La juventud es el ventanal por el que entra el futuro en el mundo”. Si queremos cambiar el mundo empecemos por las nuevas generaciones porque los jóvenes de hoy serán los mayores del mañana. Los retos en estos momentos son inmensos ante una sociedad y un mundo falto de esperanza, sin embargo, esa esperanza precisamente viene de la mano del Papa Francisco, que trae consigo a Jesucristo, y alarga los brazos a todos (como el Cristo del Corcovado). BemVindo Santo Padre.

Carmen Cáceres Calle

Lolo

Tio Lolo,
¡Me tienes contenta! ¿Por qué te fuiste sin avisar? ¿Por qué una buena mañana sevillana de Domingo de Ramos, justo el día de tus sesenta cumpleaños, decidiste dejarnos? Nunca olvidaré ese día, pero nunca me olvidaré de ti. Difícilmente uno se puede olvidar de ti, tio Lolo; ni proponiéndoselo. Eras el mejor tio (pero que no se enteren los demás porque se pican). Siempre tenías un chiste en la boca para hacernos reír, una palabra acertada para levantarnos el ánimo, un guiño de ojo para mostrarnos tu cercanía y confianza, y una sonrisa que ni la mayor crisis ni el cinturón más ajustado te quitaron de la boca. Eras el más gracioso y guasón. Contigo teníamos asegurado echar un gran día en familia, donde las penas se dejaban a un lado para iluminar con tu luz siempre tan optimista. Eras un “cacho pan” y te confieso que se me caía la baba contigo (y se me sigue cayendo cuando me acuerdo de ti). Menos mal que son babas y no lágrimas, verdad? Seguro que no te gustó nada que lloráramos en tu funeral, pero no nos quedó otra. Y eso que te fuiste al Cielo con una sonrisa en los labios. Desde luego que el mismo día que nos dejaste te imaginé en el Cielo haciendo llorar de la risa a todos -e incluso a más de uno se le escaparía el puntillo- y correteando con el Señor a hombros (como en cada Semana Santa cuando salías de costalero). Ese “al Cielo con Ella” y con Él te ha llevado directo. Gracias tito, porque hasta el último día, tú y la tita me habéis enseñado lo que es el amor entre dos esposos. Cuando te tuviste que quedar ingresado en observación (por si las moscas), ya que tu corazón empezó a resentirse, he aprendido lo que es amar y te confieso otra cosa: quiero que mi matrimonio sea como el tuyo (o sea, que ya me puedes echar un cable, majo). La tita se tuvo que ir a dormir a casa, pero como si no se hubiera ido. Creo que ella nunca se imaginaba que iba a ser la última vez que te vería con vida. Antes se irse te dejó el móvil debajo de la almohada y ahí empezó vuestra noche de bodas, más bonita y real que he visto nunca. Cuando no te llamaba la tita, le llamabas tú. A la 1 de la mañana, a las 2, a las 3, a las 4, a las 5, a las 6, a las 7 y a las 8 fue la última vez. Una noche de risas, de recordar momentos, de pasarlo bien juntos (a pesar de estar en un hospital) y mimaros el uno al otro con pequeños detalles que no pasan desapercibidos ante los ojos de dos enamorados. Y así toda la noche: cuidándoos, amándoos, queriéndoos y entregándoos. A las 8 le dijiste a la tita que te encontrabas estupendamente, que se pusiera guapa y te llevara ropa arreglada para iros a ver pasar la Virgen de la Paz por el parque María Luisa. A las 8.20 llamaron a la tita para que fuera al hospital porque el médico la quería ver (tampoco se imaginaba que era para darle esa noticia). Ella te volvió a llamar al móvil y ya no contestabas. Cuando llegó, ya te habías ido. Tito, lo tuyo fue muerte súbita y los médicos, por más pastillas que te habían dado para evitar un infarto y más controlado que estabas de tensión, de pulso y de todo, no pudieron hacer nada. Te tenías que ir. Había llegado tu hora. Tu corazón pegó un bombazo alucinante. ¿Y sabes qué? Que yo sé por qué fue. Por amor; de amor. No se podía amar tanto a la tita, Lolo. La querías como hueso de tus huesos y carne de tu carne. No podíais ser más el uno para el otro, y eso que cuando os ennoviasteis nadie daba un duro por los dos. Y mira tú cómo no has podido tener una vida más llena y más feliz. Gracias, tito Lolo, por enseñarme tantas cosas, entre ellas a amar y hacer felices a los demás. Gracias de corazón.

Carmen Cáceres Calle

Puntos de Twitter

No sé por qué razón pero acabo de pensar que el creador de Twitter no es Jack Dorsey, sino San Josemaría Escrivá. Algunos lo pueden ver como una noticia, como una paranoia o como una gilipollez, pero no creo que lo que acabo de desvelar sea nuevo. Es más, os animaría a seguir mi argumentación. Este santo español escribió varios libros, entre ellos los más conocidos son Camino, Surco y Forja. ¿Os suenan? Si no tenéis ni la más remota idea de lo que estoy hablando, buscadlo, porque Google os solucionará el problema. Estos libros están compuestos por puntos, llegando incluso al punto 999 de Camino. Se trata de textos cortos y frases breves llenas de contenido y de calidad. Contenido del bueno, señoras y señores. De esos que se echan de menos hoy en día, porque pocas personas hablan como él habló: alto, claro, profundo y con mucha razón. No tengo ningún afán de vender estos libros, ni de hacer promoción, ni de nada por el estilo. Hablo de frases como estas: “Acostúmbrate a decir que no”, “vuelve las espaldas al infame cuando susurra a tus oídos: ¿para qué complicarte la vida?”, “no dejes tu trabajo para mañana”, “no seas flojo, blando. Ya es hora de que rechaces esa extraña compasión que sientes de ti mismo”, “al que pueda ser sabio no le perdonamos que no lo sea”.  ¿No os resultan familiares? Éste es el estilo de Twitter. Frases cortas, espacio limitado, lo que tengas que decir hazlo en 140 caracteres… Chema -como me gusta llamarle- era un crack. Allá por 1939 apareció su libro Camino y ya, desde entonces, parecía que se estaba incubando la red social Twitter, sin embargo, todavía no existía internet. De cualquier forma, ahí dejo esta reflexión. No todos los escritores han escrito libros por puntos que, de forma resumida, ayuden a la reflexión y aporten valor a sus lectores. Creo que San Josemaría se fue al Cielo sin saber que sus famosos puntos de Camino, Surco y Forja podrían haber sido puntos de Twitter.

Para el recuerdo

Este pequeño texto que está inundando las redes sociales merece un post en mi blog, sobre todo porque yo también soy de esa juventud del Papa:

Sí, yo soy de esa juventud del Papa. De esa juventud que coreaba el nombre de Benedicto XVI por las calles de Madrid y en el aeródromo de Cuatro Vientos hace dos veranos. De esa juventud por la que un hombre de 83 años aguantó mas de 40 grados y un vendaval de aire y lluvia. De esa juventud a quien el Papa enseñó que igual que aquella noche resistimos bajo la lluvia, con Cristo podríamos también superar todos los obstáculos de la vida. Soy de esa juventud en la que el Papa confía, a la que pide que esté siempre alegre, y que dé testimonio en todas las circunstancias. Soy de esa juventud que hoy ve cómo su Papa, sin fuerzas por su avanzada edad, humildemente ha dejado paso a su sucesor para guiar a la Iglesia de Cristo. Sí, soy de esa juventud que debe de agradecer a Benedicto XVI todo lo que le ha enseñado, no solo a través de sus palabras, sino también con su ejemplo de entrega aún en las dificultades. Hoy es día para dar gracias a Dios por Joseph Ratzinger, porque un día lo eligió y lo puso a nuestro servicio. Hoy es día de rezar por él, de rezar por nuestro futuro Papa y de rezar por la Iglesia de Cristo. ¡Ésta es la juventud del Papa y ésta es la juventud de la Iglesia!

Anuncio histórico

Queridísimos hermanos,

Os he convocado a este Consistorio, no sólo para las tres causas de canonización, sino también para comunicaros una decisión de gran importancia para la vida de la Iglesia. Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que,por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino.

Soy muy consciente de que este ministerio, por su naturaleza espiritual, debe ser llevado a cabo no únicamente con obras y palabras, sino también y en no menor grado sufriendo y rezando. Sin embargo, en el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe, para gobernar la barca de san Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado.

Por esto, siendo muy consciente de la seriedad de este acto, con plena libertad, declaro que renuncio al ministerio de Obispo de Roma, Sucesor de San Pedro, que me fue confiado por medio de los Cardenales el 19 de abril de 2005, de forma que, desde el 28 de febrero de 2013, a las 20.00 horas, la sede de Roma, la sede de San Pedro, quedará vacante y deberá ser convocado, por medio de quien tiene competencias, el cónclave para la elección del nuevo Sumo Pontífice.

Queridísimos hermanos, os doy las gracias de corazón por todo el amor y el trabajo con que habéis llevado junto a mí el peso de mi ministerio, y pido perdón por todos mis defectos. Ahora, confiamos la Iglesia al cuidado de su Sumo Pastor, Nuestro Señor Jesucristo, y suplicamos a María, su Santa Madre, que asista con su materna bondad a los Padres Cardenales al elegir el nuevo Sumo Pontífice.

Por lo que a mi respecta, también en el futuro, quisiera servir de todo corazón a la Santa Iglesia de Dios con una vida dedicada a la plegaria.

Vaticano, 10 de febrero 2013.

Benedicto XVI

Carta a la Hermandad

Querida Hermandad,

He aquí un cofrade de pié a cabesa, un capillita semanasantero y un hermano de la cofradía pa echá dos lágrimas. Tó hay que decirlo. Soy fiel a cada Semana Santa bendita de esta tierra y a cá visita que hago cuando pueo a mi imágene. “¡Guapa! Que ere má guapa, Mare Mía”. Pero el Cristo se lleva la palma. “Ay! Mi Cristo, mi Zeñó”. Pué, sí, mía que cuando pueo voy a echá un minuto con mi Virgen y con mi Cristo. Me santiguo mientras má mejó y ahí me queo mirándolos, empanao.

“Que no nos falte de na, que no que no” (dice una sevillana). Que nunca les falte esa visitilla. Algo es algo, ¿no? Cuando ves a los hermanos de una cofradía sevillana que llevan a sus hijos a ver las imágenes se te enternece el corazón porque si algo tienen los niños es que aprenden rápido y en Sevilla hay que lanzar besos a la Virgen y gritarle ¡Guapa! Pero ese corazón que se enternece con un niño se rompe en pedazos cuando ves a los mayores. No me refiero a niños mayores, sino a los adultos. Algunos que se dicen cofrades realmente lo son porque no entienden de otra cosa que no sea de las imágenes de su hermandad. Y es una pena. Entran en la Iglesia y se dirigen directamente a ver a su Cristo y a su Virgen. No son capaces de percibir nada más, aunque esté ese mismo Cristo de la imagen realmente presente en el Sagrario.

¿Contradictorio, no? Y me pregunto: ¿Qué harán saludando efusivamente a la imagen de un Cristo si Dios, si ese Cristo, si el mismo Jesucristo está en el Sagrario? Quizá no lo saben. Quizá su fe se ha quedado en las imágenes y no va más allá. Pero las imágenes son solo una representación de ese Dios y de su Madre; no son ni Dios ni la Virgen. No obstante, estar delante de una imagen puede ayudar a elevar el alma a Dios e invitarte a rezar, a pedir o a admirar la belleza. Las imágenes son como una fotografía. En la foto aparecen unas personas ahí plasmadas, que existen o existieron. De hecho, sería absurdo mirar una fotografía cuando tienes a ese ser querido a tu lado, a no ser que sea una foto de hace mucho tiempo o de la infancia. Entonces sería comprensible, por eso de recordar viejos tiempos y ver si se ha cambiado mucho o poco. Por tanto, si Dios suele estar al fondo en las Iglesias en una cajita de plata o en una capilla en el lateral, ¿me puedes explicar por qué solo te acercas a saludar a las imágenes?

Y qué voy a comentar de los que hacen la ruta turística por todas las imágenes de la parroquia: la Virgen, el Cristo, la monja, la santa, el santo. Y porque no cabe todo el santoral en el interior de la Iglesia del barrio, que si no, no hay tiempo suficiente para pedir. Una cosa es la devoción a una imagen determinada, a un santo concreto ya venga por tradición familiar o por cualquier otra razón y otra es la beatería. Si en el Sur tenemos fama de exagerados, pues con las imágenes qué os voy a contar que no veáis con vuestros propios ojos. Todas son pocas. Mientras más, mejor. En fin, que cada cual haga lo que le venga en gana, pero hay un refrán que viene como anillo al dedo: “A Dios rogando y con el mazo dando”. Más vale una visitilla que no ni entrar por las puertas de la Iglesia.

Respeto a la religión

Recordando el follón a raíz de película de Mahoma, el estadillo de una violencia sin control en muchos países, las protestas de los musulmanes y la quema de banderas estadounidenses, la verdad es que cada día admiro más a los católicos porque, desde luego, no devolverían ojo por ojo, diente por diente; ni guardarían rencor a nadie -por mucho que les ofendan-, ni saldrían con violencia extrema a matar a cualquiera que les lleve la contraria o por ser de otra religión.

¿Entendéis de respeto? Pues es fundamental para la convivencia diaria, en la propia familia, en el ambiente de trabajo, con los colegas o personas de otros países; vamos, en un mundo con tanta diversidad y donde se encuentra precisamente su enorme riqueza. ¿Entendéis de perdón? Pues los musulmanes deberían planteárselo para que haya un poquito de paz, porque si no, el mundo se acabará más pronto que tarde, y no como consecuencia del famoso “fin del mundo”, sino de habernos comido unos a otros.

En primer lugar, no tendría que haberse realizado una película con vistas a ofender o descalificar a Mahoma, puesto que es vital respetar la libertad de religión. Alguno me podría reivindicar que los directores de esta película también tienen derecho a expresarse -libertad de expresión-, pero he de decir que ésta no existe cuando no se respeta la libertad de los otros -en este caso, la libertad de religión de los musulmanes-. Hay una frase que viene como anillo al dedo para este tema: “Tu libertad termina donde empieza la del otro”. No se pueden rebasar los límites porque luego pasa lo que pasa. Cada uno que piense y crea en lo que quiera, pero siempre respetándose.

En este sentido, parece que la reacción de los musulmanes queda justificada por sentirse ofendidos y se trataría de una forma de manifestar sus derechos. Claro que no. La violencia nunca está justificada. Haciendo una comparación, ¿cuántas veces han ofendido a los católicos mofándose de Jesucristo? Muchas, pero nunca esas ofensas han derivado en muertes, violencia extrema, etc. Y uno se puede preguntar qué sentido tiene no reaccionar ante las ofensas. La respuesta es fácil: perdonar. Reaccionar si se reacciona, pero de forma pacífica. No devolviendo mal por mal, sino bien por mal.

Parece mentira que en pleno siglo XXI haya que repetir por activa y por pasiva valores como el respeto, el perdón, la libertad de toda persona. Cuando hay escasez de valores esto es lo que ocurre: enfrentamientos, violencia e incluso muertes. Tampoco se puede permitir que los musulmanes reaccionen así. Una religión no puede llevar a la violencia descontrolada porque la religión en sí misma es buena y no se puede utilizar como coartada para hacer un mal o daño a otros, ni incluso habiendo sufrido una ofensa grave. El problema es que si no se controlan ellos mismos, desde fuera es imposible, a no ser que estalle una guerra.

Acordándome de la letra de una de las canciones de Amaral, “porque este mundo no lo entiendo”, cada vez se entiende menos la pérdida de valores de occidente y su afán por sembrar cizaña, del mismo modo que no se entienden las reacciones desproporcionadas del mundo musulmán.

JMJ

Dicen que el futuro de cada persona se forja en las decisiones que cada cual vaya tomando en su vida presente. Pues haber vivido la JMJ 2011 ha sido una de las mejores decisiones que he tomado en mi corta vida, de la que no me arrepiento para nada en absoluto y, además, de la que saldré beneficiada por los frutos que este acontecimiento traerá a mi vida y que son impredecibles. Y todo por un simple que salió de mi boca en un momento determinado y gracias al cual he estado en Madrid gozando de una gran compañía: la de mis amigos, la de una multitud de jóvenes como yo de distintas nacionalidades y, sobre todo, la del Papa Benedicto XVI.

¿Impresiona, verdad? Y me pregunto: ¿Qué hubiera sido de mi vida si no hubiera estado allí? Pues no lo sé y tampoco quiero saberlo porque dicen que lo pasado, pasado está y prefiero vivir el presente y decir que a todas las ocasiones y oportunidades que me brinda esta vida. Además, tengo el presentimiento de que cuando llegue al Cielo me enteraré tanto de lo bueno como de lo menos bueno, de mis síes y de mis noes y de cómo hubiera transcurrido mi vida en función de mis respuestas. Lo único que tengo claro es que nunca me arrepiento de decir que a cosas tan grandes como esta Jornada Mundial de la Juventud y de decidirme por todo aquello que llena de verdad mi vida y la llena en abundancia.

A propósito de esto, una vez me impactó un comentario que leí en el Facebook de un amigo con el que había coincidido durante los Días de la Diócesis en Sevilla (DEDs), con motivo de la preparación de la JMJ, y que decía lo siguiente: “Que razón tenia quien me dijo que dedicándote a las cosas del Señor, Él te lo recompensa. Así ha sido: Tres exámenes preparando los DEDs y los tres aprobados. ¡Gracias Señor!”.

Si lo pensáis, siempre tenemos poco tiempo. Podemos decir hasta que nos falta, más que nos sobra. Vamos corriendo a todos lados; llegamos tarde; nos cuesta sacar tiempo para las necesidades más vitales como comer; ni qué decir que quedamos con los amigos para no llevar una vida solitaria y, a veces, nos sentimos hasta obligados a ello ya que si por nosotros fuera nos quedaríamos la mayoría de las veces durmiendo porque durante la semana no sacamos ni las 8 horas que exigen los médicos para llevar una vida saludable; incluso tenemos un trabajo en el que nos explotan y echamos más horas de las que nos pagan. Y podemos pensar: “Con esta agenda tan apretada en la que no saco tiempo ni para mí mismo, ¿cómo voy a sacar tiempo para los demás?”.

¿Todo un reto, verdad? Pues si la JMJ ha servido para algo ha sido para mostrarnos que somos más felices cuando estamos más pendientes de los demás. Si no, que se lo pregunten a aquellas personas que salieron a los balcones con jarras y cubos de agua para lanzárselos a los peregrinos que iban de camino a Cuatro Vientos y que se estaban derritiendo por las altas temperaturas. Una actitud que tiene poco parecido con la de otra persona que salió al balcón de una calle céntrica de Madrid para lanzar un cristal a un grupo de peregrinos que estaban cantando. Hay formas y formas de salir al balcón: una, para ayudar al necesitado y otra, para hacerle daño.

Estas personas se podrían haber intercambiado perfectamente sus papeles, de hecho, los primeros podrían haber dicho: “Es la hora de comer, vamos a comer y que le den a los peregrinos” o “para qué gastarnos agua en ellos, que lo haga el Gobierno”; y el segundo: “Aunque tenga que madrugar mañana para trabajar, les voy a dejar que canten y bailen por las calles de Madrid, aunque me molesten y me quiten horas de sueño”. Estás son las respuestas de síes y noes, en pro o en contra de los demás, y dependen de cada uno. Por eso, y vuelvo al principio, el futuro de cada persona se forja en las decisiones que cada cual vaya tomando en su vida presente.