Desayuno sin diamantes

Desayunar en los bares de los alrededores del Hospital Virgen del Rocío no es apto para escrupulosos. Más cutres no pueden ser, pero la gente sigue frecuentándolos. Tener hambre nos hace mucho daño. Primero, perdemos el norte: Da igual dónde estemos y qué hora sea, que cuando nos crujen las tripas hay que salir corriendo a la caza y captura del cafelito y el pan tostado que dice: “Cómeme!”. Segundo, nos ponemos ansiosos: Como seguimos el rastro del dulce aroma del café recién hecho y del pan chamuscado (lo que nos gusta una barbacoa, señores y señoras) nos da igual las pintas por fuera y por dentro que tenga el bar porque entramos en el primero que sea. Tercero, aguantamos lo que haga falta: Obviamente, el primer bar siempre estará lleno -porque todos hemos pensado lo mismo- y hay que esperar a abrirse un hueco en la barra con los codos o presionar con la mirada y arrimándose poquito a poco a los ocupantes de una de las mesas de desayuno.

Y yo que pensaba que los mejores bares son los que están repletos de gente… No, los que están a rebosar son los bares de los conformistas: “Aquí me quedo”. Y ahí me quedé. En cuestión de cinco minutos, cuando ya me había sentado en la mesa, el bar se quedó medio vacío como si de una bomba fétida se tratara. Al fin, el camarero me trajo la tostada. Lo que en un principio iba a ser una tostada de mantequilla y jamón de york, de repente, la mantequilla brillaba por su ausencia y me pregunté: “¿Dónde andará?”. Más cerca de lo que pensaba. El tarro de mantequilla estaba en la esquina de la mesa. Sí, sí, como lo estáis leyendo: el tarro de mantequilla. En esos momentos se vino a mi memoria el recuerdo entrañable de las mantequillas individuales. “¿Estará de broma, no?”, pensé. Pues no. Sólo había que mirar a un lado y al otro para comprobar que en cada mesa había un tarro y que todos se untaban mantequilla del mismo sitio y de la misma forma: abrían el tarro, cogían el cuchillo y vámonos que nos vamos, marchando una de mantequilla y york. Superado el susto, me dispuse a hacer lo mismo. Para mi sorpresa, cuando abrí el tarro, lo que vi no fue nada agradable. A saber cuánta gente antes que yo había pasado por la misma mesa. Preferí no pensar entonces en las personas que tienen por costumbre -o mejor dicho, por vicio- chupar el cuchillo. Cero higiénico esto del tarro.

Resulta que las virutas de los diferentes panes que habían sido untados antes que el mío estaban ahí, por no hablar de las virutas que ya habían echado raíces en el tarro desde hace días. Menudo detalle tuvieron conmigo los que utilizaron la mantequilla antes y dejaron ahí sus migas para el siguiente y el siguiente y… En fin, la educación también brillaba por su ausencia. Más que mantequilla parecía la acumulación de todas las migas de pan que se quedan en el fondo del tostador. Tenía dos opciones: o levantarme e irme, o coger el cuchillo y apartar a un lado todas las virutas, de tal forma que podía utilizar la mantequilla del fondo del tarro que estaba en perfecto estado. Fue lo que hice porque mi barriga seguía rugiendo y no podía esperar más a darle un bocado al pan tostado de mantequilla y jamón de york. Dicen que lo que no mata, engorda. Desde luego, fue el desayuno con menos glamour que he tenido nunca. Tener hambre nos hace mucho daño.

La Junta deja de pagar

Abres el periódico cada mañana y no hay día que no leas esta noticia: La Junta deja de pagar; el impago de la Junta de Andalucía; desde el pasado mes de octubre la Junta dejó de abonarles; la Junta no paga a los letrados; la Junta no paga a los colegios; y la última: la Junta ha dejado de pagar el catering de una residencia de ancianos de Bellavista (Sevilla). La Junta está pasando por los peores momentos de su historia (si es que no ha estado así siempre) y los titulares se están cebando con ella. Pero no veo ningún artículo que haga referencia a ¿qué pasa cuando la Junta no puede hacer frente a sus deudas? ¿Quién se encarga? ¿Se encargará algún ente público o privado o el Gobierno de España? ¿Habrá que sentarse a esperar a que reciban ese dinero de un alma caritativa? Los ciudadanos tienen derecho a saber y a estar informados. ¿Qué va a pasar a corto y a largo plazo? ¿Qué otras opciones hay (si las hay)? ¿Qué podemos hacer? Esto de las deudas es una cadena. Tú no me pagas y yo no puedo pagar, con lo cual, los servicios dejan de prestarse y puede que quizá acaben desapareciendo puestos de trabajo. No es ninguna tontería que la Junta no pueda pagar. Este negocio llamado Junta de Andalucía es lo menos rentable que he visto nunca, ni lo será por mucho que salgamos de esta crisis económica. Pero la rabia es que no es rentable, pero tampoco cierra (como cualquier negocio). Estará endeudada siempre, en época de bonanza y en época de apretarse el cinturón. Es más, tienen una forma de apretarse el cinturón un tanto curiosa: siguen poniendo en marcha proyectos cero rentables y no cierran aquéllos que tampoco sirven. ¿Pero quién gestiona el dinero allí dentro? Como esté en manos de los políticos o de los enchufados (que es lo más probable), apaga y vámonos. Esperemos que los impuestos de los ciudadanos se apiaden de la Junta (aunque no serán suficientes) o que el Gobierno Central haga algo, aunque sigo pensando que el problema no radica en que el dinero no llegue, sino dónde lo meten, dónde lo invierten y, en definitiva, dónde está. Ya que estamos constantemente hablando del caso Bárcenas, no está de más preguntarnos si los políticos andaluces tienen las manos muy largas y los bolsillos demasiado grandes.

No vengas a Sevilla

¿Pero qué está pasando en Sevilla? Hay un conjunto de sevillanos que, últimamente, se están dedicando a cerrar las puertas de la ciudad de Sevilla en las narices de algunos políticos para así impedirles la entrada. Ya pasó con el ministro Wert, que logró entrar, pero le sirvió de poco porque interrumpieron su discurso. No vengas a Sevilla. No te queremos. No nos representas. Vete de aquí. ¿Pero esto qué es? ¿Desde cuándo los sevillanos hemos sido así? ¿Desde cuándo esta ciudad ha perdido esa acogida tan característica que hemos tenido desde que Sevilla es Sevilla? Parece mentira que un grupo de veinte personas, o las que sean, sean capaces de salirse con la suya. Y aquí me da igual el político que venga y del partido que sea. No es normal esa falta de respeto, ese irrumpir en un lugar o estar en él y empezar a armar un griterío o a sacar unas pancartas clamando por sus derechos o deberes. Pues uno de nuestros deberes como ciudadanos de un mundo civilizado -que todavía sigue siendo civilizado, aunque cada vez menos- es el de respetarnos unos a otros. Parece mentira que una persona no pueda venir a Sevilla porque hay gente que no le quiere escuchar o que está en contra. Pues que se aguanten. En la vida uno se cruza con gente que no es de su agrado y muchas veces tiene que escuchar al profesor pesado de turno, a la vecina coñazo del tercero o incluso a su propia madre echándole una regañá. Y eso es lo que hay. Si no te agrada el mundo prueba la vida en Marte, pero el mundo es así, y no tiene sentido matarnos unos a otros por ser diferentes. ¿Dónde está tu tolerancia? ¿Dónde está tu respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias? Otro que no puede venir a Sevilla es el expresidente Aznar, que ha tenido que aplazar su cita por culpa de una cuenta en twitter que promovía boicotear la presentación de sus memorias con el hashtag #RecibeAznar. Vergüenza de Sevilla y de que estos sevillanos enturbien nuestra innata simpatía y hospitalidad. ¿Hasta dónde vamos a llegar? Ellos a mí no me representan.

Endogamia

La endogamia es una actitud social de rechazo a la incorporación de miembros ajenos al propio grupo o institución. Por suerte o por desgracia, dependiendo del prisma por donde se mire, la mayoría de los sevillanos somos así. Lógicamente, habrá de todo pero, por lo general, Sevilla es una ciudad muy “echá pa’ lante”, pero muy suya. Esto tiene tanto su parte positiva como su parte negativa. La positiva es que sacamos las uñas y los dientes para defender lo nuestro, nuestras raíces, nuestras costumbres, por ejemplo, las procesiones, la feria de Abril, la historia de nuestra ciudad; y a ver quién tiene narices de quitarnos algo, de cambiar lo más mínimo o de criticar a esta ciudad porque, directamente, te la estás jugando. Si no, que se lo pregunten a los políticos. Todavía recuerdo la época en que saltó a debate en la opinión pública el tema de los crucifijos en las aulas y el Señor Alcalde -ya que estaba en boca de todos quitar a Dios del medio-, hizo ademán de plantear eliminar las procesiones de esta ciudad. Vamos, casi le crucifican. ¿A quién se le ocurre? ¿Quién es el alcalde para eliminar siglos de historia de esta ciudad? Tiene que ser realmente difícil gobernar Sevilla porque la gente, si algo tiene, es que no se calla. Cada vez que se va a modificar algo en la ciudad, por muy pequeño que sea, los sevillanos siempre tienen algo que decir. Si no les gusta, se echan al cuello de más de uno, y si están en contra, mueven Roma con Santiago y todo lo que haga falta para salirse con la suya. Mucho ánimo, Zoido, porque hay que estar metido de lleno y hasta el fondo en esta ciudad, vibrar con lo que vibramos y sentir con lo que sentimos para no fastidiarla. La parte negativa es que estamos tan encerrados en “lo nuestro” que cuando viene alguien de fuera a vivir a Sevilla, entre otras cosas, las pasa canutas, porque está más perdido que el barco de vapor; y no precisamente por el acento, sino porque siempre salimos por la tangente. No hay quien nos pille. En algunas ocasiones, he escuchado que a los sevillanos no se nos puede hablar de frente porque nos sienta fatal; es más, al minuto uno o te dejamos con la conversación en la boca mandándote a paseo, o te tachamos de borde. ¡Ojo! Y como un sevillano te encasille, prepárate para hacer las maletas y emigrar porque la voz corre como la pólvora (exagerando un poco). Se nos tiene que hablar con mano izquierda y con rodeos. De hecho, resulta llamativo cómo cuando alguien del norte de España conoce a un andaluz, al final siempre acaba concluyendo lo mismo: “Eres muy divertido, simpático, extrovertido y mil adjetivos más, pero en el fondo no te conozco, no sé quién eres, no sé cómo piensas”. En fin, como ya dije antes: no todos somos así. Somos un poco cerrados de mente para lo que no conocemos, por la sencilla razón de que no nos fiamos. Algo comprensible pero, al final, si uno no se abre, pues no está dispuesto a conocer y así nos podemos llevar toda la vida, como una pescadilla que se muerde la cola. Esa actitud de rechazar que alguien forme parte de tu grupo o institución puede reflejarse en dos ejemplos: dentro de tu grupo de amigos y en una empresa. Las pandillas en Sevilla normalmente están cerradas, es decir, siempre nos rodeamos de los mismos, de gente con la que tenemos algo en común: ser de la misma ciudad, estudiar lo mismo, tener unas ideas parecidas o llevar el mismo estilo de vida. No hay nada de malo en eso, todo lo contrario, uno tiene que ser amigo de sus amigos pero, el hecho de abrirnos a gente distinta de nosotros (sea de Sevilla o no) nos da la oportunidad de conocer a gente diferente, de ampliar horizontes, de aprender cosas nuevas, en definitiva, de ir más allá de lo conocido para descubrir nuevos paraísos intelectuales, profesionales, humanos y espirituales. Lo mismo en el caso de una empresa. Me llamó la atención cuando coincidí en una comida con el rector de la Universidad de Loyola, Gabriel Pérez Alcalá, que decía que el gran problema de la Universidad de Sevilla era la endogamia. Comentaba que ellos, actualmente, se encontraban contratando a personal docente para incorporarlos al próximo curso 2013 (año en el que comenzaría su andadura esta Universidad) y que optarían por ver los currículo más interesantes, sin importarles que fueran o no nacidos en Sevilla. Vino a decir que si tienes un currículum de un profesor formado en Harvard y al lado otro de uno formado en Sevilla, pues nos quedamos con el de Harvard, por la sencilla razón de que está más y mejor preparado que el otro, y lo que buscamos en nuestra Universidad es la calidad docente. A un sevillano lo contrataría siempre y cuando esté muy bien preparado, formado y con un currículum que destaque. Por ser sevillano no le vamos a contratar, porque ya estamos cansados de los enchufes. Muchas veces pienso, ahora que estamos en tiempos de crisis, que algunos de los que entregan currículos (no solo los jóvenes) están más preparados que muchos de los que están dentro de las empresas, pero como el currículum se lo entregas a una persona, cuando ésta le eche un ojo (si se da el caso), inmediatamente lo tira a la papelera, vaya a ser que le quites el puesto o entres en la empresa, le hagas la competencia y destaques más. Y esto es así. Aquí se funciona mucho por enchufe y lo de menos es que estés preparado para el puesto en cuestión; o al menos, son pocas las empresas en Sevilla que valoran que estés cualificado.

Carta a la Hermandad

Querida Hermandad,

He aquí un cofrade de pié a cabesa, un capillita semanasantero y un hermano de la cofradía pa echá dos lágrimas. Tó hay que decirlo. Soy fiel a cada Semana Santa bendita de esta tierra y a cá visita que hago cuando pueo a mi imágene. “¡Guapa! Que ere má guapa, Mare Mía”. Pero el Cristo se lleva la palma. “Ay! Mi Cristo, mi Zeñó”. Pué, sí, mía que cuando pueo voy a echá un minuto con mi Virgen y con mi Cristo. Me santiguo mientras má mejó y ahí me queo mirándolos, empanao.

“Que no nos falte de na, que no que no” (dice una sevillana). Que nunca les falte esa visitilla. Algo es algo, ¿no? Cuando ves a los hermanos de una cofradía sevillana que llevan a sus hijos a ver las imágenes se te enternece el corazón porque si algo tienen los niños es que aprenden rápido y en Sevilla hay que lanzar besos a la Virgen y gritarle ¡Guapa! Pero ese corazón que se enternece con un niño se rompe en pedazos cuando ves a los mayores. No me refiero a niños mayores, sino a los adultos. Algunos que se dicen cofrades realmente lo son porque no entienden de otra cosa que no sea de las imágenes de su hermandad. Y es una pena. Entran en la Iglesia y se dirigen directamente a ver a su Cristo y a su Virgen. No son capaces de percibir nada más, aunque esté ese mismo Cristo de la imagen realmente presente en el Sagrario.

¿Contradictorio, no? Y me pregunto: ¿Qué harán saludando efusivamente a la imagen de un Cristo si Dios, si ese Cristo, si el mismo Jesucristo está en el Sagrario? Quizá no lo saben. Quizá su fe se ha quedado en las imágenes y no va más allá. Pero las imágenes son solo una representación de ese Dios y de su Madre; no son ni Dios ni la Virgen. No obstante, estar delante de una imagen puede ayudar a elevar el alma a Dios e invitarte a rezar, a pedir o a admirar la belleza. Las imágenes son como una fotografía. En la foto aparecen unas personas ahí plasmadas, que existen o existieron. De hecho, sería absurdo mirar una fotografía cuando tienes a ese ser querido a tu lado, a no ser que sea una foto de hace mucho tiempo o de la infancia. Entonces sería comprensible, por eso de recordar viejos tiempos y ver si se ha cambiado mucho o poco. Por tanto, si Dios suele estar al fondo en las Iglesias en una cajita de plata o en una capilla en el lateral, ¿me puedes explicar por qué solo te acercas a saludar a las imágenes?

Y qué voy a comentar de los que hacen la ruta turística por todas las imágenes de la parroquia: la Virgen, el Cristo, la monja, la santa, el santo. Y porque no cabe todo el santoral en el interior de la Iglesia del barrio, que si no, no hay tiempo suficiente para pedir. Una cosa es la devoción a una imagen determinada, a un santo concreto ya venga por tradición familiar o por cualquier otra razón y otra es la beatería. Si en el Sur tenemos fama de exagerados, pues con las imágenes qué os voy a contar que no veáis con vuestros propios ojos. Todas son pocas. Mientras más, mejor. En fin, que cada cual haga lo que le venga en gana, pero hay un refrán que viene como anillo al dedo: “A Dios rogando y con el mazo dando”. Más vale una visitilla que no ni entrar por las puertas de la Iglesia.

Odio las despedidas

Odio las despedidas de personas que han trabajado codo con codo contigo y que la vida misma hace que desempeñen su trabajo profesional en otro sitio. Después de 14 años llevando el gabinete de prensa de uno de los hospitales más grandes de España, el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla, Eva Arana se despide.

Este centro la vio nacer profesionalmente hablando. Si a los 23 años terminó la carrera, a los 24 ya estaba en el hospital. Y se dice pronto que hayan transcurrido 14 años desde entonces. Cuánto la van a echar de menos en el Virgen del Rocío y cuánto os echará en falta Eva. A todos: desde el último residente que acaba de poner un pie en el hospital hasta el profesional sanitario con más años a sus espaldas, desde la limpiadora hasta el celador pasando por el personal de mantenimiento y los grandes gestores del centro.

Si como persona es genial, como profesional ni os cuento. Estaba enamorada de su trabajo, era una amante de su profesión, le gustaba lo que hacía. Siempre estaba al teléfono, dispuesta a atenderte aunque la llamada fuera poco oportuna. Simpática, alegre y pendiente de todo. A ella le debo toda la ayuda que me ha prestado en los inicios de mi andadura profesional, gracias Eva.

Nada más entrar por las puertas del Edificio de Gobierno salía en mi busca casi siempre con un ejemplar de Diario Médico bajo el brazo y una sonrisa de oreja a oreja cuando veía que alguno de sus médicos salía en sus páginas. Siempre ha tenido un gran aprecio a los profesionales de este complejo hospitalario y reconocía la magnífica labor que desempeñaban y lo dispuestos que estaban a todo. Solo con verte a ti, Eva, ¿cómo no iban a estar deseando ayudarte en lo que necesitaras?

Cuando nos conocimos por primera vez, hace casi dos años, te viste reflejada en mí. Las dos empezamos prácticamente con la misma edad e igual de perdidas en el apasionante mundo del periodismo sanitario. Éramos unas polluelos y hoy en día, ¿quién lo diría, verdad? Gracias Eva por todos tus consejos, por tu infinita paciencia y por tanto cariño que me has mostrado en este tiempo que llevo trabajando codo con codo contigo. Te puedo decir que siempre has tenido palabras de agradecimiento hacia mí como persona y como profesional, pero hoy te las devuelvo porque eres una profesional como Dios manda de pies a cabeza y una madraza, no solo con tus dos hijos, sino con todo el mundo que se cruza en tu camino. Da gusto trabajar con gente con tú y haber experimentado que nos hemos coordinado a la perfección gracias a nuestro empeño por hacernos entender y comunicar nuestros respectivos intereses. De hecho, más de una vez me has dicho: “Increíble, qué telepatía”.

Gracias Eva. Eres un encanto de mujer.

P.D. Nunca olvidaré alguna de tus frases célebres: “¿Qué pasa guapi?”, “para una que se te escapa, ahí estoy yo”, “no cambies (como la Tamara de eurovisión)”, “tengo otra cosilla para ti”, “besos, linda”.

Niños oncológicos

Si tienes problemas te aconsejo algo que te puede parecer masoca pero, vete a un hospital. Y no precisamente para ponerte en manos de un especialista con el fin de remediar tu ‘enfermedad’, sino para ser tú el remedio de la enfermedad de otros. Ya verás como así se te quitan eso a lo que llamas problemas.

Antes de todo, no pretendo mirar con desprecio tus posibles y existentes problemas familiares, sociales o laborales, de mayor o menor calado, ni llamarte mentiroso o exagerado. Ya sabemos que los problemas no acaban nunca y van en aumento conforme uno va creciendo. A lo que me refiero es que un día, un solo día de tu vida, vayas a un hospital aunque sea para pasearte por los pasillos. Entonces, solo entonces, caerás en la cuenta de que eres un afortunado.

Menuda suerte tener salud. Realmente podemos hablar en términos de calidad de vida. Ese ‘estar sanos’ es una parte importante de nosotros, sin embargo, tampoco hay que obsesionarse, como las típicas mujeres que van día sí y día también a visitar al médico, ni eliminar por completo de nuestro vocabulario este término. Pues bien, el otro día solo tenía palabras de agradecimiento. Fui al Hospital Virgen del Rocío, de Sevilla, y salí transformada. Por trabajo suelo visitar muchos centros de salud pero lo que viví me dejó sin palabras. Había una rueda de prensa en el hospital infantil para inaugurar el curso escolar y algunos niños fueron a saludar a los políticos que iban a pasar un rato con ellos.

Bueno, sinceramente, más que a pasar un rato con ellos, lo que hicieron fue lo que hacen todos los políticos, sonreír para la fotografía. Un cúmulo de flashes, de periodistas, de personal sanitario y de familiares colapsaban la sala. Ninguno quería perderse la oportunidad de salir en los periódicos al día siguiente. ¿Y los niños? Pues ahí estaban, como si no pasara nada a su alrededor, jugando con sus muñecos y pintando. Para ellos hubiera sido un día normal y corriente si no llega a ser por esta visita premeditada.

A veces nos creemos que los niños, como son de corta edad, son tontos. Pero nada más lejos que pensar eso porque los críos se dan cuenta de todo, incluso de que sus visitantes los estaban utilizando como objetos fotográficos y de puro interés periodístico. Confieso que al principio, era una de las ciegas que solo buscaba la noticia o la mejor fotografía para ilustrarla. Pero, de repente, al ver los ojos de uno de los niños que me estaba mirando m quedé pensativa.

Ese niño estaba triste, pero era una tristeza provocada por el ambiente que le rodeaba, más que por su enfermedad (en este caso, oncológica). Y ya es fuerte decir esto pero se sentía utilizado. Fue entonces cuando dejé a un lado la cámara fotográfica y el bloc de notas para ponerme en cuclillas a jugar con él y con sus amigos de mesa. Pasé olímpicamente de los políticos, de mis compañeros de profesión, de la rueda de prensa y me decidí a ser feliz en ese mismo instante haciéndoles felices a ellos.

Vi con claridad cual era mi papel: arrancarles la sonrisa a esos niños oncológicos. Si en algo me caracterizan las personas que me conocen es que soy muy feliz y que siempre estoy sonriendo. Pues tengo que confesaros que ahí me costó más que nunca sonreír porque me daban mucha pena estos pequeños. Pero sabía que estaba en mi mano unirme a su tristeza o, por el contrario, colmarla de alegría. Y opté por lo segundo. Fue uno de los mejores días de mi vida, un acontecimiento que me marcó y que siempre recordaré.

Cerveza

Ésta es de las rubias más impresionantes del Planeta. Toda una tentación, todo un placer, todo un pecado. Se peca de vicio. Como la cojas por banda no hay quien te separe de ella. Es como un imán. Hay una canción mítica de un juego de cuando eres pequeña que dice: “La rubia es sensacional y la morena tampoco está mal”. Pues la rubia tiene algo que la hace distinta de la negra y de la morena.

El sabor. Un sabor que no te echa para atrás, justo todo lo contrario, te echa más pa’lante que tú mismo. Tú solito consigues pocas cosas, pero con una rubia en mano te puedes ligar fácilmente a otras, esta vez de carne y hueso. Y esto resulta atractivo porque con una mano ocupada y, generalmente, con un cigarro en la otra el hombre se queda con cuatro de sus cinco sentidos y, entonces, ligarse a una rubia se convierte en todo un arte.

¡Perfecto! Ya sabemos para qué sirven las rubias, para conseguir a otras. Ahora solo te falta darles alcance. Con una rubia en mano esta tarea es más eficaz de lo que piensas y te voy a explicar por qué:

-Primero: Te hace estar más seguro de ti mismo ya que tienes algo a lo que agarrarte cuando se aproximan las curvas (curvas femeninas).

-Segundo: Si ya tienes varias rubias en vena, entonces sacas lo mejor de ti o lo peor si consumes más de la cuenta. Así la risa viene sola, no hay que forzarla, y le das un toque gracioso a tu personalidad. Vamos, lo que todo el mundo llama “estar en tu salsa”.

-Tercero: Estás mostrando, de forma subliminal, el modelo de mujer que te gusta porque para ti, las rubias no son tontas ni creídas.

-Cuarto: Con su espuma te puedes fabricar un bigote sexy con el que atraer la atención de las chicas que te rodean. Siempre queda bien utilizar el ingenio para hacer un poco el imbécil.

-Quinto: Puedes utilizar las gotas que se desprenden del botellín para refrescarte cuando el calor aprieta.

-Sexto: Una rubia es multifunciones. Te puedes pedir una para beber y otra para esparcirla por tu cabeza ya que, según dicen, las rubias aclaran el pelo.

Pues más claro agua. Las rubias están de muerte, como compruebas todos los días, y además están a tu favor, por si no te habías dado cuenta.

¿Hemos quedado?

Esta Sevilla tan querida y los sevillanitos están a por uvas. Que si el cachondeito, que si la ironía, que si la cervecita… y un sinfín de relaciones sociales que… ¿pa qué? Esto es como el facebook: puedes tener 1000 amigos que no tienes ninguno. Entre tanta gente ni te encuentras a ti mismo.

Y se supone que hemos quedado para vernos. Pues sí… esa es la impresión que me llevé cuando nos juntamos un grupo de amigos para tomar algo y charlar. Eso parecía un pase de modelos titulado: A ver a quién me encuentro. ¡Pero chiquillos! ¿A dónde vais? ¿No se supone que estamos pasando un rato con vosotros? Lo que he dicho antes: a por uvas.

Que si salgo, que si entro, que si tengo frío, que si tengo caló, que si voy a la barra, que si me queo sentao, que si ligo, que si no ligo… Vaya nochecita, la gente estaba totalmente descontrolada. Pero como siempre las culpas hay que echárselas a alguien o algo, como fueron las lluvias torrenciales de ayer. Claro, como nos quedamos sin ver la madrugá habrá que tomarla con alguien, ¿no?

Ah! Y se me ha olvidado contaros el perfil de las marujas. Según la RAE, maruja es una ama de casa de bajo nivel cultural. Pues sí, ya tienen que ser de bajo nivel cultural las personas que se ponen a comentar o criticar por lo bajini a los demás; o visto desde otro punto de vista, ya hay que estar muy aburridos para que el tema de conversación sean tus amigos y no tú mismo.

Hombre, pa que me lo cuentes tú prefiero preguntarle directamente al susodicho o a la susodicha. Al menos, así me aseguro de que me llega el mensaje sin distorsiones. Esto es como el juego del teléfono: lo que te dice una persona, después de que pase por diez bocas distintas, no tiene nada que ver con el mensaje inicial. Pues a los sevillanitos les gusta más un sacar fuera de contexto que hablar más claro que el agua. Así nos va…

Frivoleo

Con qué frivolidad se están tomando algunos la Cuaresma. Este tiempo de conversión y de penitencia brilla por su ausencia en un ambiente donde solo importa la llegada de la primavera y del buen tiempo. Así está Sevilla, más pendiente de la Feria de abril que de su Semana Grande, cuando apenas falta semana y media para el viernes de Dolores.

En boca de las sevillanas está el traje de flamenca. Unas, ya lo tienen, otras se han comprado uno nuevo -a falta de uno ya tienen dos-, y el resto se arma de paciencia para que salga lo antes posible del taller que se lo está entallando o poniendo los volantes de última generación. El caso es invertir en el traje en época de crisis. Así nos va.

Y podemos preguntarnos, ¿dónde quedaron los buenos propósitos para esta Cuaresma? Si lo que decimos de boquilla estuviera seguido de obras, el mundo sería distinto porque todos seríamos capaces de comprometernos con aquello que nos hemos propuesto, tanto para embarcarnos en grandes aventuras como para asuntos ordinarios. Pero, aún estamos a tiempo de volver la mirada a los pasos de Semana Santa que simbolizan la Pasión, la Muerte y la Resurreción de Jesús. Soy consciente de que a muchos os parecerá una locura lo que os estoy diciendo pero vale la pena intentarlo. Si no sale a la primera, pues a la segunda y a la tercera y a la décima. Lo de menos es que se consiga, lo importante es la intención de fondo.

El mundo en el que vivimos solo corre de un sitio a otro sin interiorizar los momentos por los que pasa su vida. Es más, muchos se esconden cual tortuga bajo el caparazón del alcohol. No se piensa en lo que viene, sino en lo siguiente. Y así estamos, dejando a un lado la Semana Santa para centrarnos de lleno en la Feria, donde el lucimiento y las apariencias son el plato fuerte.

Constantemente vivimos en una irrealidad.