Suicidio asistido

Chica estadounidense, de 29 años, casada desde hace algo más de un año y enferma de cáncer terminal. Brittany Maynard es conocida por acogerse al suicidio asistido, que tendrá lugar más pronto que tarde. Ésta es su decisión. Totalmente respetable, pero no coincido con ella, no tanto por el debate sobre si quitarse la vida o mandar que te la quiten es acertado o no, sino porque esta chica que contrajo matrimonio hace poco tiempo realmente no se ha enterado de nada. Empecemos por la frase: “En la salud y en la enfermedad… hasta que la muerte nos separe”. Esto es amor. Amarse cuando haya una salud de hierro y cuando falte, en la vejez y en la juventud, cuando nos sintamos útiles y cuando ya no sirvamos para mucho.

Esta joven había previsto el suicidio asistido para mañana día 1 de noviembre, pero lo ha pospuesto porque, en sus propias palabras, “todavía me siento lo suficientemente bien, todavía tengo la suficiente alegría, todavía río y sonrío con mi familia y con mis amigos, así que creo que este no es el momento adecuado”. Al parecer, el momento adecuado será cuando ella no se siente tan bien, porque el amor, para ella, es un sentimiento que viene y que va. Como llegará un momento en el que no se sentirá bien ni físicamente ni psicológicamente; lo mismo puede que no llegue a reconocer a sus familiares; por no decir que sufrirá mucho dolor por el avance de la enfermedad, Brittany prefiere quitarse del medio, así ella no sufre y los que están a su alrededor tampoco. Porque ese “hasta que la muerte nos separe” es la muerte que Brittany decide cuándo se ha de producir, no la que le viene dada y que desconoce por completo cuándo tendrá lugar.

Su madre le había dicho que no le importaba cuidar de ella en el estado en el que se encontrara y el tiempo que viviera, pero se ve que la joven no quiere hacer pasar por eso a sus familiares ni a ella misma. Es más, creo que primero ha pensado en la vergüenza que sentirá ella al ver sus capacidades físicas y psíquicas mermadas, y después en el supuesto daño que su enfermedad causaría a los demás.

Permitidme esta reflexión. Cuando el ser humano se expone a cualquier tipo de sufrimiento, es tanto el miedo que le genera que se olvida de amar, porque sólo piensa en que no podrá sobrellevar lo que está viviendo, incluso a veces se pone en lo peor antes de que llegue. Brittany no se ama a sí mismo, sólo se quiere cuando tiene salud, pero no cuando tiene una enfermedad terminal fulminante. Se considera como una carga y ha perdido el sentido de todo. No es capaz de aceptar esa situación, ni dejarse amar por los demás porque ella es la que está en el derecho a decidir sobre su vida.

Qué fácil es decir: “me largo, ahí os quedáis”. Hasta qué punto tiene que estar desesperada esta mujer para dejar de amar y estar dispuesta a abandonar a su marido, familia y amigos. Qué difícil le tiene que resultar levantarse cada mañana para luchar, cueste lo que cueste, por los que más quiere. Pensé que la juventud era un tiempo para hacer locuras, para amar, para luchar y volver a empezar, para ser optimisma y nunca perder la ilusión pase lo que pase. Se ve que Brittany es una excepción.