¿Hablamos del suicidio?

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Parece un tema tabú, bastante delicado, que pone los pelos de punta hasta el punto de que mejor ni hablar de él. Un error como la copa de un pino. La cifra es escalofriante: Unas 4.000 personas se suicidan cada año en España. ¿Y seguimos sin hablar del suicidio por el miedo a un efecto contagio que no tiene base científica, según expertos en salud mental? ¿Sabéis que es la principal causa de muerte no natural y un problema de salud pública?

La violencia de género, los accidentes de tráfico y los homicidios están lejos de las cifras del suicidio. Y a muchos de ellos se les da más voz que a otros temas quizá más importantes pero que no están en el candelero mediático. ¿Cómo es posible? ¿A quién no le suena la campaña del grupo Atresmedia “Ponle freno” (contra los accidentes de tráfico) o “Tolerancia Cero” (contra la violencia de género)? ¿Y por qué no se ponen en marcha campañas y medidas para evitar los suicidios?

Todo se mueve por intereses económicos. Puede que no interese nombrar el suicidio en un contexto de crisis económica, no hay que buscar otra lógica. Siempre he escuchado que “si quieres que algo no se sepa, ni lo pienses”. Algo por el estilo pasa aquí. Mejor no comerse el talento invirtiendo dinero para paliar esta problemática o buscando iniciativas para ayudar a un colectivo que está tocado y hundido por diferentes asuntos.

Lo cierto es que siempre hay motivos para estar vivo, un algo o un alguien que suponen un punto de apoyo para seguir y salir adelante. Pienso que en este contexto de crisis se tendrían que haber dado esperanzas y testimonios de que “sí se puede”, más allá de un simple eslogan político.

Al mismo tiempo, me pongo en el pellejo de una persona que se encuentra verdaderamente desesperada y puedo experimentar cómo no hay forma de que entre en razón porque no ve más allá de su desesperación e indignidad. Es una víctima de sí mismo, de sus pensamientos negativos hacia su propia vida, que le encierran más si cabe en su penuria más absoluta hasta el punto de llegar hasta donde llegan muchos.

La soledad es un problema, desconozco si mayor o igual que el suicidio o si están íntimamente relacionados (imagino que sí), pero también va en aumento. Hombres y mujeres que se sienten solos, cada vez más la sociedad tiende a la soledad, al individualismo. Cuántos ancianos solos, sin que nadie les escuche y les valore por lo que son, no por lo que hacen o tienen, sin una palabra que les transmita que no son una carga.

Y luego viene la típica frase siempre repetida en los telediarios: “No me lo esperaba, era una persona bastante normal”. Sigo pensando que todos somos normales hasta que un día dejamos de serlo, y el problema no radica en dejar de ser normal (porque todos podemos tener momentos malos, de dificultades y de sufrir en la vida), sino en tener al lado a la persona adecuada que perciba que algo pasa. Para eso hay que tener ojos en la cara con los que mirar a los demás, no a nosotros mismos (en lo que ya somos expertos, en mirarnos el ombligo).

Esa persona que para ti era bastante normal dejó de serlo y tú, que estabas a su lado quizá como un vecino más del bloque, no te diste cuenta. No te diste cuenta de su sufrimiento, de que el trabajo no le iba tan bien, que las amistades cada vez iban a menos, que ya no se detenía tanto en hablar con otros, que cada día tenía un rostro más amargado, que su familia estaba más distante o en que los problemas empezaban a llamar a su puerta, que hacía semanas que no salía de casa o que volvía a horas insospechadas, que las pastillas empezaban a formar parte de su vida…

Hay veces en la vida que se producen cambios que no son normales, cambios que denotan que, en ocasiones, la vida se hace más cuesta arriba de lo normal e incluso se llevan cargas que para una persona sola resulta excesiva. De todas las situaciones se sale, pero siempre es más fácil hacerlo acompañado que solo, ya que el mejor remedio es expresarlo.

Por supuesto que espero que esta cifra de suicidios vaya a menos, pero realmente deseo que miremos a la cara a quienes tenemos alrededor, que pueden no pedir ayuda por la situación en la que se encuentran, pero eso no quita para que se la demos gratuitamente. Gracias a todos por existir.