El jefe encubierto

‘Undercover Boss’ es un programa televisivo que debutó en Estados Unidos con unas audiencias espectaculares, batiendo todos los récords. Jefes de medianas y grandes empresas se infiltran en su propia compañía como si fueran un empleado más. Habitualmente, los jefes siempre tienen su tiempo ocupado con importantes reuniones de trabajo, comidas de negocios y viajes, por lo que les resulta muy difícil conocer el día a día de su empresa y de su gente. Es por ello que se transforman, durante un tiempo, en uno más de la plantilla, abandonando sus despachos y sus elegantes trajes para incorporarse a trabajar como uno más en uno de los puestos más duros y peor pagados. De esta manera, el jefe descubre cómo es su plantilla. Y se lleva grandes sorpresas porque no hay nada mejor que ponerse en la piel de otro, y más cuando se trata de un trabajador de tu propia empresa.

Ese combinado de experiencia empresarial, conocimiento personal e interacción entre personas es genial. Empieza el programa con una transformación física del jefe para no ser descubierto por los empleados. Cambia de look radicalmente y cuando entra en su negocio se da a conocer como otra persona que ha venido a trabajar allí. Pasan los días y los trabajos a veces son más duros de lo que se pensaba, pero el jefe sigue dándolo todo y eso le permite conocer cómo son los empleados y las historias personales de cada uno de ellos. Ésa es la mejor parte, cuando los empleados empiezan a coger confianza con el “nuevo” y le cuentan su vida.

Hay historias escalofriantes que no dejan indiferente ni al jefe más duro que pueda existir, por no decir que a más de uno se le entrecorta la voz y se echa a llorar durante el programa. De esas historias personales y reales, me llamaron la atención algunas: una chica de 29 años con tres hijos que vive en un alberge porque no puede pagar una casa; un hombre que tiene dos trabajos para poder sacar a su familia de cinco hijos adelante, que apenas ve y no entiende de vacaciones; un chico que perdió a su madre en el 11S; un hombre encarcelado por tráfico de drogas en el pasado que decidió cambiar su vida cuando durante el juicio miró a su hija pequeña y pensó que no la vería crecer, fue lo que le llevó a ponerse a trabajar; un empleado que tiene una esposa con cáncer de pulmón y estuvo a punto de perderla porque no podía costearle el tratamiento; una pareja de ancianos que tienen una franquicia y han tenido que poner todos sus ahorros en el negocio porque les va realmente mal y no ven salida, etc. Y como éstas, millones y millones de historias que salen a relucir en este programa, además de las situaciones laborales de cada uno. Hasta que el jefe no trata con esos empleados es incapaz de darse cuenta de que algo tiene que hacer, algo hay que cambiar en sus trabajos para mejorar la vida personal  de tanta gente que depende de él y sabiendo plenamente que esas personas se matan diariamente por sacar adelante su negocio.

A lo largo del programa se va viendo cómo el jefe pasa por una fase de “estoy en deuda contigo y de alguna forma te tengo que pagar, porque no te mereces esta vida”. Entonces, se cita con cada uno de los empleados, sin ningún tipo de disfraz, y cuando ven que el “nuevo” era su jefe no dan crédito, incluso algunos se muestran avergonzados. La parte más humana del programa es el final, cuando el jefe habla con cada uno, les explica en qué les ha ayudado y cómo ha cambiado su visión de la empresa y decide tanto ayudarles económicamente -porque es consciente de lo que está pasando cada uno en su empresa y en sus familias- como ofrecerles un mejor puesto de trabajo dentro de la compañía.

Todos los jefes deberían ver este programa para saber que tratan con personas, cada una con una situación diferente y más o menos necesitado, y para que mejoren los resultados necesitan que los empleados estén motivados y sean felices –con un sueldo acorde al trabajo desempeñado y un horario laboral que les permita conciliar vida laboral y familiar-, porque no toda la vida es trabajo.

Carmen Cáceres Calle